Los Principios Divinos

por  Young Oon Kim

Traducción del alemán por Ursula Schumann, primera misionera de la Iglesia de Unificación en España.

Primera edición 1965. Publicación especial de la Sociedad para la Unificación del Cristianismo.

Gesellschaft zur Vereinigung des Weltchristentums E. V.

Reservados todos los derechos. Printed in Germany

 

PREFACIO

Más y más escuchamos en nuestros tiempos, voces que opinan, que en nuestra era no necesitamos tantos predicadores, sino un profeta con una nueva revelación.

¿Por qué necesitamos hoy en día una nueva revelación?

Nosotros vivimos hoy en una gran época de transición. Desde el año 1960, en el cual tuvo lugar un acontecimiento muy importante, el mal pasó de su posición ofensiva anterior, a la defensiva, mientras que el bien, que hasta entonces ocupaba una posición defensiva, pasó ahora a la ofensiva. Por lo tanto, el mal decaerá en fuerzas rápidamente. La soberanía de Satanás, el monarca de este mundo, deberá ser destruida totalmente.

El invierno cósmico largo y sombrío pasó, y la primavera cósmica tan esperada por la humanidad, ha llegado ya. La nueva era cósmica ha comenzado.

El Apocalipsis, es decir, el último libro del Nuevo Testamento, se cumplirá en estos tiempos. El viejo cielo y la vieja tierra se encuentran en descomposición, mientras van surgiendo un cielo nuevo y una tierra nueva. Ha comenzado la nueva historia de la soberanía Divina. Para poder conducirse adecuadamente en los días turbulentos que están por llegar, el hombre debe alcanzar, en este comienzo histórico de una nueva época, una comprensión absoluta para con la nueva revelación de Dios.

La explicación de ideas, requiere el uso de diferentes métodos, que nosotros debemos amoldar a la experiencia y conocimientos de las personas a quienes nos dirigiremos. Dios había usado también diferentes medios, para informar a la humanidad sobre Su voluntad eterna e inmutable. En aquellas oportunidades, El se había ajustado al entendimiento y al desarrollo espiritual de los hombres.

En la era del Antiguo Testamento, Dios ordenó a los hebreos consumar sacrificios, como un medio para el acercamiento. Más tarde, nos entregó las leyes por medio de Moisés. Respetándolas, los hebreos llegaron a comprender la voluntad de Dios hasta un cierto grado. En la era del Nuevo Testamento, Dios se sirvió sin embargo de otro método, y envío a la humanidad a Su hijo, a Jesús.

Jesús trajo consigo un nuevo sistema de credo, que muchos judíos interpretaron como la abolición de las leyes de Moisés, a pesar de basarse las enseñanzas de Jesús sobre estas leyes, y ser él la consumación de las mismas. Según el nuevo sistema de credo, sólo se les pedía a los hombres, reconocer y seguir a Jesús como el Redentor. Este fue el rasgo fundamental de sus enseñanzas, y una nueva revelación Divina. A los sucesores de Jesús, les fue posible comprender mejor al Ser Divino, acercándose a Dios, más que aquellos hombres que vivieron en la era del Antiguo Testamento.

La ciencia de hoy en día está muy adelantada. Muchos hombres difícilmente creen en algo, que no haya sido examinado científicamente o demostrado lógicamente. Con la religión tampoco hacen ninguna excepción. Para el intelecto moderno, una fe ciega no posee ni fuerza de atracción, ni tampoco autoridad. Los hombres anhelan recibir una explicación precisa de los conceptos "Dios", "Su voluntad", e "inmortalidad", en el lenguaje del siglo XX. Necesitamos una revelación, que nos explique la esencia Divina y Su Providencia, con el lenguaje de esta era atómica.

El Antiguo y el Nuevo Testamento, contienen una gran cantidad de símbolos y parábolas. En los últimos 2.000 años, los teólogos han tratado de interpretar la Palabra Divina. Fueron publicados numerosos comentarios; sin embargo, éstos diferían en su mayoría mucho entre sí. No obstante, no existe ningún comentario, que explique el significado íntimo oculto, de todos los símbolos y parábolas de la Biblia. Ningún comentario es considerado por todos los cristianos, como la interpretación absoluta, justificada y completa. La diversidad de las explicaciones, condujo a una multiplicidad de doctrinas, a la separación de las iglesias, y al surgimiento de más de 300 credos y sectas en la iglesia protestante. Por lo tanto es evidente, que la verdad definitiva y el sentido oculto de la Sagrada Escritura, no han podido ser descubiertos aún por las confesiones conocidas.

Cuando esta manifestación definitiva de la verdad, conteniendo el significado verdadero de los símbolos y parábolas, les haya sido revelada a los hombres, exponiéndola tan clara y precisamente, que todas las confesiones puedan dar su beneplácito, entonces caerán todas las barreras entre las iglesias y las sectas, y todas las iglesias cristianas podrán unificarse. Una manifestación de esta índole, que ponga claramente de manifiesto la verdad definitiva de la Sagrada Escritura, sería celebrada hoy en día, por todos los cristianos del mundo.

Una religión ideal y un cristianismo verdadero, deben contener verdad y espíritu en sus oficios divinos y en sus enseñanzas. Una verdad aislada del espíritu, es sólo una enseñanza ética y filosófica, y no una verdadera religión. Por otra parte, las experiencias espirituales que no se apoyan en la verdad Divina, es decir, en el entendimiento completo de la voluntad de Dios, conducen a confusiones y a religiones erróneas.

A las doctrinas de las iglesias cristianas modernas, les falta en muchos casos un cierto grado de razón; además, contienen muchas contradicciones. Una fuerza espiritual y una relación directa con el Dios viviente, como fueron expuestas enérgicamente por Jesús, faltan casi por completo en las iglesias, y son prácticamente desconocidas para el cristiano de hoy en día. Por consiguiente, los hombres no están informados sobre su desarrollo espiritual, o sobre la forma de vida después de la muerte. En las iglesias cristianas no existe ningún camino, para poder ir preparándose suficientemente para la vida eterna. Las iglesias no son aptas para explicar exactamente el concepto de la inmortalidad, y la vida después de la muerte.

Jesús dijo: "Dios es espíritu y los que le adoran deben adorarle en espíritu y verdad" (Jn 4, 24).

Jesús basaba sus enseñanzas en el espíritu y la verdad; pero el cristianismo de nuestros días, se encuentra muy lejos de este propósito de su fundador. Nosotros necesitamos una nueva revelación Divina, para volver a encaminar a la humanidad hacia una verdadera religión, y para el establecimiento y mantenimiento de una relación con el Dios viviente.

Tanto en el occidente como en el oriente, los cristianos, así como también los no cristianos, sienten deseos de una religión positiva, que les pueda dar a los hombres la posibilidad de percibir la realidad y la fuerza de Dios, mediante un enfrentamiento directo con el mismo. El hecho de que los pensamientos y deseos humanos muestren esta tendencia, es uno de los signos, que indican que ha llegado la hora de la consumación de esta aspiración general.

Seres del mundo espiritual, intervienen ahora decisivamente en los asuntos humanos; sin embargo, pocos hombres conocen la causa y la forma de esta intervención. La mayoría de los hombres, se encuentran hoy en día inseguros, confundidos, desanimados y llenos de miedo, no conociendo ni el motivo, ni algún medio para poder sobreponerse a estas apariciones.

La promesa más importante de Jesús, fue la de la segunda llegada del Hijo del hombre. Algunos de sus discípulos, aguardaban su regreso durante sus vidas; pero sus esperanzas no se vieron cumplidas.

Es un síntoma de esta generación, oír hablar frecuentemente sobre el regreso del Señor y el fin del mundo. Algunas personas aseguran, que Dios les había dicho, que El enviará a una gran personalidad, en periodos de más o menos 2.000 años. 2.000 años después de Adán, fue enviado Abraham. 2.000 años después de Abraham, fue enviado Jesús. Ahora ha llegado el tiempo, en que Dios enviará un nuevo ejemplo para la humanidad. Algunos hombres opinan que el Señor regresará dentro de cinco años. Otros hombres aseguran, que su regreso ya ha tenido lugar, y que Cristo vive en el lejano oriente. Algunas personas creen, que se va acercando el fin del mundo. Otro grupo opina, que la era de Cristo es inmediata. Y otros a su vez aseguran, que dentro de poco, cambios drásticos tendrán lugar en el mundo. También se opina, que la nueva era se ha iniciado en el año 1960.

Dejando de lado semejantes constataciones raras y misteriosas, que estos hombres designan como auténticas revelaciones Divinas, se pueden reconocer los signos de esta época hoy en día, en todas partes del mundo. Así por ejemplo, las frecuentes apariciones de catástrofes naturales, un sentimiento de inseguridad en la vida material, el decaimiento de la honradez y la moral, la disolución de la unidad en la familia, la lujuria, el aumento del consumo de alcohol y drogas, como recurso para confusiones y depresiones, el aumento de la delincuencia juvenil, la falta de confianza, de respeto y de amor sincero entre los hombres, un fuerte aumento de enfermedades mentales y de suicidios, expansión de las guerras, tirantez de las relaciones internacionales, continuos surgimientos de conflictos entre ideologías, partidos políticos y naciones, gran decaimiento de las iglesias existentes, y, la incapacidad de las iglesias, de hacer frente a estas crisis mundiales. Todo es extraño y poco común hoy en día, y la agravación de este estado de cosas, parece haber alcanzado su punto culminante.

Jesús había dicho, que Cristo llegará "al fin del mundo", cuando ocurran todas estas cosas. Los síntomas de esta generación, y la forma de los fenómenos mundiales (físicos, materiales, en el modo de sentir, mentales y espirituales), son los signos de la consumación de su profecía, con respecto al regreso inminente de Cristo.

Necesitamos una nueva revelación, que nos explique la forma y el momento del cumplimiento de la gran promesa de Jesús, y que indique a la humanidad el camino, para poder prepararse para los cambios drásticos del universo. Si una nueva época irrumpe, la humanidad deberá ser informada acerca de la nueva Dispensa Divina para esta época.

Ha habido en realidad personas, en iglesias cristianas y otros grupos religiosos, que aseguraron haber recibido revelaciones. Rumores de esta naturaleza, han ido acrecentándose continuamente en este siglo. Es verdad, que le han sido dadas revelaciones a personas o grupos aislados de todas las religiones, en muchas partes del mundo; pero hasta hace poco, nadie había recibido aún una revelación completa, que puede solucionar todos los problemas, de los cuales se había ocupado la humanidad, a través de todas las eras.

La humanidad ha recibido sin embargo ahora, una revelación completa. La solución a las preguntas de la vida y del universo, ha sido revelada.

El mensaje contenido en este tratado, le ha sido revelado por Dios a un solo hombre, en un plazo de 7 años: al Sr. San M. Mun. El Sr. Mun es un filósofo, y el conductor de un grupo religioso en Corea.

Cuando el Sr. Mun tenía 17 años, se le apareció en la mañana de Pascua Jesucristo, anunciándole, que él había sido electo para la ejecución de una misión especial, en la cual Jesús le habría de ayudar.

A partir de ese momento, el sentido espiritual del Sr. Mun se abrió completamente, hasta el punto de encontrarse capacitado para poder entrar en relación con la región más elevada del mundo espiritual. En contraposición con los espiritistas ordinarios, no se conformó con la demostración de fenómenos espirituales. El comenzó más que nada, a explorar los significados ocultos de los símbolos y parábolas de la Biblia, y a buscar las respuestas a muchas preguntas del cristianismo y de otras religiones, que hasta entonces habían quedado sin contestación. Por ejemplo: ¿Por qué fueron creados el hombre y el mundo? ¿Es regido este mundo directamente por Dios? Si este mundo se encuentra bajo la soberanía de Dios, ¿por qué existen entonces tanto mal, injusticia, miseria, preocupaciones y dolores? Si por el contrario, el mundo se encuentra bajo el dominio de Satanás, ¿cómo y cuándo surgió Satanás o el mal, y cuándo comenzó su dominio? ¿En qué consistió el pecado original del primer hombre? ¿Cómo repercutió este pecado en Dios, en la naturaleza, y luego en la humanidad? ¿Qué es la redención? ¿Es la conversión, una redención completa? ¿Qué misión tuvo el Mesías? ¿Cumplió Jesús de Nazaret con su misión? ¿Fue la crucifixión de Jesús, la voluntad de Dios? ¿Permanecerá este mundo pecaminoso para siempre así? Si Dios restablece la humanidad y el mundo entero, ¿cuándo y cómo lo hará?

Mientras la humanidad y aún el mundo espiritual, habían estado siendo pisoteados por Satanás, y el mundo entero había quedado paralizado por su poder, sólo el Sr. Mun había comprendido, que este estado no fue planeado por Dios. El se puso a buscar las raíces de esta desgracia universal.

Las personas con dones espirituales (véase 1 Corintios capítulo12), saben que Dios nunca da una respuesta o explicación completa. El Sr. Mun se ocupó durante 7 años desesperadamente, en examinar a fondo estas preguntas, a través de sus oraciones, encontrándose siempre expuesto a la intromisión de Satanás y de otros espíritus perturbadores. En el transcurso de estos años de su búsqueda espiritual, descubrió una cantidad de Principios Divinos, así como también, la Providencia Divina para la humanidad, el significado oculto de la historia de la humanidad, y, el origen misterioso y la índole del delito de Satanás.

Al conocer el problema cósmico, esto es, la identidad secreta de Satanás, luchó el Sr. Mun más de 20 años con Satanás. Mientras otros hombres gozaban de una vida cómoda, él ayunaba y se arrodillaba sobre una piedra en un monte, y rezaba para vencer al enemigo cósmico. El rezaba día tras día, mes tras mes, año tras año. El derramó día y noche amargas lágrimas.

El encontró los Principios Divinos, que Dios había utilizado para la Creación del hombre y del universo, y mediante los cuales, Dios restablecerá la humanidad y el universo entero. Mas cuando él habló de la verdad Divina, nadie quiso escucharle. El exploró el camino hacia la redención completa, es decir, hacia la rehabilitación cósmica, la cual los hombres no se habían imaginado ni en sueños. Por pregonar esta verdad, fue encarcelado varias veces, bajo diferentes regímenes, teniendo que sufrir cada vez grandes suplicios. Su vida fue una lucha sangrienta y llena de lágrimas. E1 camino de su vida estuvo lleno de espinas.

Como una ironía del destino, todo el mundo se burló de él, mientras que él luchaba y sufría para libertar a la humanidad. El fue señalado como hereje, y perseguido por los cristianos. Mas él no se dejó confundir, en su lucha solitaria y amarga.

Durante varios años, estuvo buscando mediante contactos personales, a hombres, que hubiesen recibido alguna revelación con respecto a la nueva Dispensa Divina para con el hombre. De este modo, descubrió un número de hombres, que pudieron comprender y atestiguar su mensaje, y que confirmaron por medio del mundo espiritual, la autenticidad y la autoridad Divina de los principios que le habían sido revelados.

En el año 1954, organizó un grupo en Corea, y comenzó a dar a conocer los Principios Divinos. Además de él, hay muchos miembros de este grupo, que están en relación con la más alta de las regiones del mundo espiritual, mediante el oído sutil y la clarividencia. Algunos de ellos, pueden conversar con Jesús y con Dios en todo momento. Otros sienten fuegos espirituales y electricidad, o huelen olores espirituales. Algunos miembros caen en un estado de trance, y otros escuchan una música celestial exquisita, o escriben automáticamente en idiomas extranjeros, que nunca habían aprendido.

La clara diferencia entre este grupo y los denominados espiritistas, está en que este grupo, sólo está interesado en una relación con Jesús y con Dios mismo. Este grupo es muy estricto en su disciplina, y en la distinción del ser espiritual con el cual se encuentra en contacto. Una intromisión de seres espirituales que surgen de las profundidades, no es tolerada.

Los miembros de este grupo no se dedican a curaciones; pero muchas personas, que sufrían toda clase de enfermedades, fueron curadas durante su presencia en los oficios Divinos de este grupo, o por su comprensión y aceptación de los Principios Divinos. Esta curación fue natural, y sin alguna oración especial o imposición de las manos.

El Sr. Mun enseña, que la nueva era es muy espiritual y filosófica, y que una relación armoniosa con Dios, y un buen entendimiento de los principios y la reacción que ante ellos se tenga, es de suma importancia. Fenómenos espirituales, son el resultado de este entendimiento sumamente importante. Las curaciones son un producto adicional, de la aceptación completa de la nueva Dispensa Divina.

Uno de los rasgos más sorprendentes, es el hecho de que este grupo está integrado por miembros de muchas confesiones. Algunos miembros fueron conducidos por el mundo espiritual, directamente a este grupo. Una católica por ejemplo, escuchó una exposición de los Principios Divinos, porque le fue aconsejada por María, la madre de Jesús. El espíritu de Confucio, condujo a varias personas hacia este grupo, y otros se unieron a este movimiento, bajo la insistencia de Gautama Buda. Más de 25 sectas y confesiones del cristianismo, están ya representadas. Pero también hay miembros, que tienen la filosofía de Confucio, o las enseñanzas de Buda u otras religiones como fundamento. Este grupo no se compone por lo tanto sólo de testigos de las iglesias cristianas, sino también de aquellos de grandes doctrinas no cristianas.

Las revelaciones que fueron dadas al Sr. Mun, fueron los anuncios de aquello, que Dios revelará ahora a los hombres del mundo entero. Como Dios ha comenzado con su nueva Dispensa, El retirará a las iglesias existentes Su apoyo directo. Esta es la razón, por la cual las iglesias se encuentran hoy en día en decaimiento en todas partes, desde el punto de vista espiritual.

Los Principios Divinos expuestos en este libro, son sólo las primeras revelaciones recibidas por este grupo. El plan completo para la rehabilitación y la vida en la nueva era, fueron reservados para un nuevo volumen. El material usado en este libro, se apoya en una completa revelación de Dios. Este material fue elaborado por mi un poco más precisamente, indicando además otras fuentes de informaciones, para hacerle más fácil al lector el entendimiento de los hechos revelados.

Es de suma importancia, comenzar a leer este libro en su coordinación desde el comienzo, ya que fue escrito, desde el capítulo primero hasta su conclusión, manteniendo un orden lógico. Cada capítulo irá ampliando el entendimiento del lector, mediante la introducción y explicación de los conceptos fundamentales y de las terminologías usadas.

Si al estudiar este libro, al lector le lleguen a sobrevenir algunas dudas, basta que él rece a Dios, y obtendrá una respuesta clara y precisa. A muchas personas les fueron confirmadas de este modo, la veracidad absoluta de estos Principios Divinos.

Yo rezo febrilmente, para que le sea revelada al lector clara y precisamente, la voluntad de Dios con respecto a Su nueva obra y la última Dispensa.

San Francisco, California

Mayo 1963

Young Oon Kim

 

CAPITULO I

LOS PRINCIPIOS DE LA CREACION

LA DUALIDAD DIVINA

Creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó, los creó varón y hembra. Y echóles Dios su bendición, y dijo: Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella (Gen. 1, 27-28).

En este pasaje se indica la presencia de rasgos característicos masculinos y femeninos, en la esencia Divina; pues los hombres creados a la imagen de Dios, eran varón y mujer.

El hombre fue creado a la imagen de Dios. El universo en cambio, fue creado a la imagen del hombre, siendo por consiguiente, la representación simbólica y la imagen indirecta de Dios.

Todo cuanto existe en los tres reinos, animal, vegetal y mineral, tiene rasgos característicos, que concuerdan con la estructura física del hombre. La conformación del cuerpo de los animales, tiene una gran semejanza con la de los hombres. Incluso las plantas, igualan en su estructura al cuerpo humano; las hojas corresponden a los pulmones, el tronco corresponde al corazón y al sistema vascular, y las raíces al estómago. Y aún podemos comparar la composición de la tierra con la del cuerpo humano. La corteza terrestre, el substrato o capa inferior, las vías fluviales y, en la profundidad de la tierra, la lava fundida, corresponden a las siguientes partes del cuerpo humano: la piel, la musculatura, los vasos sanguíneos, y el esqueleto.

El universo es un macrocosmos, y el hombre, comparado con el mismo, un microcosmos. El universo es el símbolo visible de la imagen invisible de Dios. Como Dios no toma la forma de ninguna criatura delimitada y visible, el hombre no puede ver al Dios infinito e invisible. No obstante, nosotros podemos, indirectamente, ver y percibir la imagen y la esencia de Dios, si contemplamos al hombre y el universo; pues ellos son la expresión de Su imagen y de Su esencia.

Pablo dijo: Puesto que cuanto se puede conocer de Dios es manifiesto en ellos, pues Dios se lo ha manifestado. En efecto, las cosas invisibles de Dios, aun su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo por el conocimiento que de ellas nos dan sus criaturas, y así tales hombres no tienen disculpa (Rom 1, 19-20).

La filosofía oriental, que había enseñado la teoría de lo positivo y lo negativo, hace ya 2.500 años, expresó de un modo notable, la verdad con respecto a la realidad del universo. Nosotros vemos, que todas las cosas de nuestro mundo, existen en forma de pares, que se complementan recíprocamente. Así, por ejemplo: masculino y femenino, positivo y negativo, activo y pasivo, más y menos, causa y efecto, cuerpo y alma, etc. Todas estas cosas se encuentran en una correlación de sujeto y objeto.

De esto se desprende claramente, que Dios reúne en sí mismo, caracteres masculinos y femeninos, o bien, reúne en sí mismo al sujeto y al objeto; pues tanto el hombre como todas las cosas del universo, que habían sido creadas a la imagen de Dios, existen en forma de pares, que se complementan recíprocamente. Sin embargo, ante Su Creación, Dios representa un personaje masculino, a pesar de ser Padre y Madre a la vez. Jesús enseñaba sobre Dios, refiriéndose a El como el Padre. Dios es positivo, y el sujeto a la vez; la humanidad, por el contrario, es negativa, constituyendo el objeto correspondiente de Dios. Por otra parte, la humanidad es positiva, y es al mismo tiempo el sujeto, mientras que el universo es negativo, constituyendo el objeto correspondiente de la humanidad. Además, Dios es el sujeto, y toda la Creación, incluyendo la humanidad, constituye Su objeto correspondiente. Todas las cosas del universo, desde las más pequeñas hasta las más grandes, son la imagen de la esencia Divina, ya sea directa o simbólicamente.

EL PROCESO DE DAR Y TOMAR

Todas las cosas que existen en forma de pares, en la correlación de sujeto y objeto, entran en el proceso de dar y tomar, siempre que tengan una base común para una acción recíproca. Cuando dos cosas, es decir, un sujeto y un objeto, se dedican enteramente al proceso de dar y tomar, reflejan ellos la dualidad de la esencia Divina, creando una base, sobre la cual podrá obrar el espíritu de Dios. Si este par crea con Dios un movimiento circular vertical, entonces se produce energía para la existencia, el acrecentamiento de la vida, y para todas las actividades.

No existe ningún ser, que no refleje la dualidad de la esencia Divina. No existe tampoco ninguna creación, en la cual no obre el espíritu de Dios. En Su Creación, Dios se halla por doquier; El es omnipresente. La creación del cielo y de la tierra, así como las maravillas de la naturaleza, sólo han podido llegar a efectuarse, mediante el proceso de dar y tomar entre sujetos y objetos. Dios es energía. Si esta energía avanza en línea recta, sin volver atrás, ninguna creación será posible. Esta energía se habrá perdido entonces para siempre. En cambio, si regresa a través de un objeto, en un movimiento circular, entonces esta energía engendrará una creación. Un movimiento circular completo, no debe efectuarse solamente dentro de una relación horizontal entre un sujeto y un objeto, sino también, dentro de una relación vertical con Dios. Todas las hermosuras y maravillas de la Creación, son influenciadas directamente, por el grado de actividad o debilidad de las fuerzas de dar y tomar, entre los movimientos circulares horizontales y verticales.

Mediante las acciones recíprocas de dar y tomar, la Creación entera prosigue con su existencia, conservando su movimiento. Nuestra tierra y otros planetas solares (objeto), giran alrededor del sol (sujeto); la luna se mueve en torno a la tierra. Incluso los átomos más pequeños, tienen la estructura de un sistema planetario, con un núcleo como centro (sol), alrededor del cual se mueven los electrones (planetas). Es bien evidente, que la existencia de todas las cosas de este universo, se mantienen por la fuerza universal del proceso de dar y tomar.

La correlación de dar y tomar, se presenta en todas las relaciones entre un sujeto y un objeto, como por ejemplo, entre animales machos y hembras, el reino animal y el reino vegetal, entre el mundo invisible y el mundo visible, el hombre y la naturaleza, el gobierno y su pueblo, padres e hijos, hombre y mujer, etc. En el mundo físico, a cada acción corresponde una reacción igual y contraria.

El hombre y la mujer, las dos distintas imágenes reflejadas de la esencia Divina, poseen la facultad de poder entrar en una relación mutua completa, y emprender juntos la acción recíproca de dar y tomar en el amor. El amor es la fuerza que une dos unidades separadas. La finalidad del amor conyugal, es la unión del hombre y la mujer, para así poder presentarse ante Dios como una unidad, y permanecer para siempre, en una relación completa de dar y tomar con Dios. En esta relación, ellos forman con Dios una trinidad. Una persona sola, no es un objeto completo para Dios, y no puede tampoco formar trinidad alguna con Dios.

En el matrimonio, el hombre y la mujer pueden experimentar en comunidad, placeres estimulantes, la fuerza de vivir, así como verdadera felicidad. El significado original de la trinidad fue, la unión del hombre y la mujer, con Dios como punto central. Esta trinidad era la finalidad Divina, y representaba el ideal de la Creación de la humanidad. Dios anhela ver sobre toda la tierra, tales familias que tengan a Dios como su centro. Todas las formas del amor humano (por ejemplo, el amor entre padres e hijos, el amor entre hermanos y el amor al prójimo), son fuerzas, que contribuyen a la unión mutua. Por lo tanto, si grupos de seres humanos se unen por medio del proceso de dar y tomar amor, éstos serán fuertes, felices y afortunados; pues en su unión, ellos reflejan la imagen Divina, y el espíritu de Dios está entre ellos.

El hombre experimenta en su vida, tres clases de amor. Cuando niño, recibe el amor y el cariño de sus padres. Este amor es generalmente pasivo. En el matrimonio, él goza del amor, por la unión completa con su cónyuge. Aquí el amor consiste en un mutuo dar y tomar. Cuando nace un hijo, éste recibe el amor y los cuidados de los padres, con lo cual el niño es considerado como una parte de ellos mismos, aún cuando éste no llegara a corresponder este amor con agradecimiento y respeto. El amor de los padres hacia los hijos, no es pasivo o recíproco, sino agresivo, positivo, incondicional, y aún abnegado. Los padres se alegran mucho por supuesto, si su amor les es correspondido con agradecimiento, apoyo y respeto. Los padres sin embargo, entregan al hijo su amor, incluso si éste no es correspondido adecuadamente; el amor paternal, es por lo tanto un amor que consiste en donación. Estas tres clases de amor, derivan de Dios, y son expresiones del amor humano universal. Por consiguiente, el amor Divino se pone de manifiesto en el amor humano universal. Primeramente, el hombre recibe la gracia de Dios de un modo pasivo. Al ir creciendo, el hombre debe corresponder al amor de Dios, con un amor y agradecimiento absoluto. Finalmente, el hombre debe alcanzar un grado, en el cual él ame a Dios incondicionalmente, sacrificándose a El, incluso si el amor Divino no se le pone en evidencia. Una vez que el hombre haya alcanzado este grado, Dios le entregará Su confianza. Dios desea, que el hombre experimente en su vida el amor Divino en toda su proporción, y que él ame a Dios del mismo modo. Así quiere Dios estar en el hombre y el hombre en El. Jesús dijo: "¿No creéis que estoy en el Padre, y que el Padre está en mi?" (Jn. 14, 11). Dios desea, que el hombre entre con El en una perfecta relación y armonía.

EL POR QUE DE LA FORMACION DEL HOMBRE

Como se desprende del principio de dar y tomar, no podremos experimentar ninguna fuerza vital completa, ni tampoco ningún placer estimulante, mientras no tengamos un compañero, a quien podamos querer con todo nuestro corazón, y por quien seríamos igualmente queridos. Esta es la razón por la cual un hombre y una mujer serán felices, si se unen en matrimonio, y se quieren realmente. Aún si llegan a tener un hijo, que reflejase todo su amor, experimentarán alegría, fuerza y satisfacción.

Este carácter de poder experimentar alegría y fuerza por medio del proceso de dar y tomar, deriva de Dios. Para poder tener una compensación de este amor Divino, Dios creo al hombre, para que así este amor sea compensado con la hermosura del hombre. El Todopoderoso, el Dios del amor infinito, necesita, siendo El sujeto, un objeto para la obra Divina de dar y tomar. Este objeto fue el hombre, y como tal lo creó Dios. El lo creó a Su imagen, para poder experimentar la energía de la vida, la dicha del amor, y la satisfacción. En tanto un artista tenga simplemente una idea, sin ponerla de manifiesto, su alegría no será completa. Pero en cuanto haya puesto esta idea totalmente de manifiesto en una obra, experimenta una gran satisfacción por su creación. En tanto el Verbo (la idea Divina o pensamiento) se hallaba en Dios, no pudo llegar a realizarse Su ideal. Pero el Verbo tomó forma humana, convirtiéndose en una imagen visible de Dios. Dios creó al hombre, para llevar a cabo la transformación de Su individualidad (su propio yo, el Verbo), en una imagen visible. Así pudo lograr el intercambio de amor con los hombres, y alegrarse por Su Creación.

La fuerza del Todopoderoso sólo se podrá manifestar totalmente, cuando reciba enteramente y sin reserva, toda la compensación de Su Creación. Esto había sido señalado en muchos casos, cuando Jesús curaba a los enfermos. Cuando las gentes pedían a Jesús que las curara, él acostumbraba preguntarles, si también ellos tenían fe. Jesús no podía transmitir su fuerza Divina, si la misma no era correspondida por la fe del enfermo. Por el pecado original, el hombre perdió la posibilidad de la susceptibilidad total de Dios, por lo que la fuerza infinita del Todopoderoso, no pudo llegar a manifestarse completamente.

Si el hombre no hubiese caldo, hubiera reflejado como un espejo, la imagen completa y la semejanza de Dios. Por el pecado original empero, este espejo se hizo pedazos, y el hombre no pudo reflejar más la imagen completa de Dios. Como consecuencia, el hombre no pudo percibir o corresponder más el amor de Dios, interrumpiéndose por completo el proceso Divino de dar y tomar entre Dios y el hombre. Esto acarreó la muerte espiritual del hombre, y fue la causa de tragedias, miseria, preocupaciones, y del mal en el hombre así como en torno suyo. Desde el pecado original del hombre, Dios perdió Su objeto para el intercambio del amor Divino. El amor que no es correspondido, no le produce al que lo da ninguna alegría o fuerza, y no es duradero. El amor de Dios jamás fue correspondido. La caída del hombre, le ocasionó por eso a Dios grandes pesares. Dios no recibió ni gloria ni alabanza, ni tampoco tuvo El alegría o satisfacción; pues no hubo ningún hombre, que pudiese corresponder al amor Divino completamente. Los hombres se esfuerzan, mediante la gracia Divina, por restablecer la imagen original de Dios, para lo cual buscan a Dios, a través de la fe en Jesús o las enseñanzas de otras religiones, para así poder reanudar con Dios el proceso Divino de dar y tomar.

El universo entero fue creado para servir al hombre, y producirle alegría y satisfacción. El hombre en cambio, fue creado para Dios, para proporcionarle alegría, elogiarlo y alabarlo. Si el pecado original no hubiese sucedido, se hubiera podido mantener una relación completa de dar y tomar entre el hombre y el universo, y la naturaleza le hubiera proporcionado al hombre una constante alegría. Cuando el hombre observa por ejemplo una flor, se despierta su interés por la naturaleza, sintiendo entonces una alegría por la hermosura de la flor.

Pero también la relación de dar y tomar, entre el hombre y la naturaleza, se interrumpió a causa del pecado original. Desde aquel entonces, el hombre no tuvo ya un interés íntimo verdadero por la belleza, como para percibir la verdadera belleza de la naturaleza. Por consiguiente, la Creación entera perdió al Señor, para quien había sido creada. Pablo dijo:

Así las criaturas todas están aguardando con grande ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción, con la esperanza de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora toda la creación está suspirando, y como en dolores de parto. Y no solamente ella, sino también nosotros mismos, que tenemos ya las primicias del Espíritu, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando la adopción de los hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo (Rom. 8, 19-23).

La relación más profunda y valiosa de dar y tomar, es solamente posible entre los hombres. El corazón humano no se satisface con el amor hacia la naturaleza, pero sí con el amor al humano prójimo. Los hombres sienten inmensa alegría y verdadera felicidad, cuando se ven unidos, por dar y tomar amor. Si la caída no hubiese acontecido, y se hubiera conservado el intercambio sincero y completo del amor entre los hombres, entonces podríamos vivir ahora en todo el mundo unidos, en una alegría y felicidad absolutas.

Por la caída del hombre, se interrumpió el intercambio directo de amor entre Dios y el hombre. Como la humanidad se había separado de Dios, de la fuente del amor, la fuerza y la alegría, tuvo que padecer por lo tanto hambre, sed, soledad e intranquilidad. Los hombres luchan contra el mal interior y exterior. También la relación de dar y tomar entre el hombre y la naturaleza, se había interrumpido. En general, la humanidad profanó y desperdició las primeras materias; la naturaleza por otra parte, adoptó una actitud hostil frente al hombre y su morada. También el proceso de dar y tomar amor entre los hombres, se vio fuertemente afectado; la humanidad había fracasado, a través de toda la historia mundial, en establecer una verdadera hermandad entre los hombres y las naciones. Los divorcios van tomando proporciones cada vez más grandes en ese mundo satánico. Dios jamás bendijo a los hombres en el matrimonio; nunca tampoco se llegó a verificar un continuo intercambio de amor entre cónyuges, cuyo amor se hubiera basado en Dios. Los hombres son a menudo de corazón egoísta y poco amables, a pesar de decir lindas palabras y fingir amabilidad.

LOS TRES GRADOS DE LA CREACION

No hay nada que se pueda hacer en un momento, y que al mismo tiempo sea perfecto; pues cada objeto natural pasa por distintos grados o etapas de desarrollo. En las plantas, distinguimos la etapa del desarrollo de la semilla, del árbol y de la fruta. A las etapas en el proceso del desarrollo de los animales, las denominamos embrión, animal joven y animal adulto. También el hombre será adulto, sólo después de haber pasado por el período de la formación y de la niñez. Estos fenómenos concuerdan con el orden de la Creación, según el cual, todo fue creado para alcanzar la perfección, después de un periodo determinado de crecimiento. De acuerdo con esta ley, también la vida espiritual del hombre debe pasar por un cierto proceso de crecimiento, para poder ir madurando hacia la perfección.

Dios llamó a la luz día, y a las tinieblas noche; y hubo tarde y hubo mañana: día primero (Gen.1, 5).

El Génesis da a conocer en los capítulos 1 y 2, que al comienzo, todas las cosas fueron creadas en cinco días, y que el hombre fue creado al sexto día. Los cinco días fueron cinco periodos de creación, siendo probablemente cada "día" en realidad, un periodo con una duración indeterminada.

Cada periodo de creación, estuvo compuesto por tres etapas o grados:

1) El grado de la formación (o de la tarde cósmica), en el cual se concluyó la obra de la Creación.

2) El grado del crecimiento (o de la noche cósmica), en el cual las cosas fueron madurando hacia su perfección.

3) El grado de la perfección (o de la mañana cósmica), en el cual los seres perfectos comenzaron a rendir homenaje a Dios, llevando a cabo el ideal Divino de la Creación.

El sábado judío comienza generalmente al ponerse el sol, durando toda la noche, para luego finalizar al anochecer siguiente, en cuanto se hagan visibles tres estrellas en el firmamento. Esta división del día, refleja la sucesión de los grados de la creación.

El número 3 simboliza en la Sagrada Escritura la "perfección", realizándose a través de este número muchas obras importantes. Ejemplos: La redención de la humanidad se efectúa a través de la Santísima Trinidad (el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo). Existen tres arcángeles: Lucifer, Gabriel y Miguel. El cielo descrito por Pablo, estaba compuesto por tres etapas. Noé tuvo, así como Adán, tres hijos estrechamente relacionados con la Dispensa, y el arca de Noé tuvo asimismo tres cubiertas. Abraham consumó tres clases de sacrificios. Jacob sirvió en Harán a Labán, durante tres periodos de 7 años cada uno, abandonando luego Harán en tres días. Tres días estuvo Egipto sumido en tinieblas, y en el Monte Sinaí hubo tres días de santificación para Moisés y el pueblo de Israel.

Asimismo, muchos episodios de la vida de Jesús, estuvieron relacionados con el número 3: tres discípulos importantes (Pedro, Juan y Santiago), tres oraciones en el Huerto de los Olivos, tres horas de tinieblas cuando la crucifixión, tres días en la sepultura, tres preguntas a Pedro, treinta años de vida privada y tres años de oficio espiritual público.

Los tres periodos principales en la vida humana son: el lapso de tiempo en el seno materno, la vida terrestre, y la vida eterna en el mundo espiritual. Este orden aparece también en nuestro mundo físico, esto es, en los tres estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso), y también en los tres reinos, el animal, el vegetal y el mineral.

LA SOBERANIA DIRECTA E INDIRECTA DE DIOS

En Su perfección, Dios no rige al hombre directamente, antes que él mismo haya alcanzado la perfección. En el transcurso del proceso del crecimiento, desde la formación hasta la perfección, el hombre se halla bajo el control de los Principios Divinos. Este es el periodo de la soberanía indirecta de Dios sobre el hombre. El hombre cae bajo la soberanía directa de Dios, sólo después de haber alcanzado la perfección.

Todas las cosas fueron creadas para el hombre, cayendo bajo su control directo, en el momento de alcanzar éste su madurez. El hombre fue creado para Dios, cayendo al alcanzar su perfección, bajo la soberanía directa de Dios. Así Dios domina todo el universo, por medio de mujeres y hombres perfectos, creados a la imagen de Dios, mientras que el resto de la Creación es sólo una representación simbólica de la imagen Divina. Adán, el primer hombre, cayó sin embargo en el transcurso de su crecimiento, no alcanzando por lo tanto la perfección. Por consiguiente, Adán no pudo tomar posesión de la soberanía sobre la Creación, como Dios había previsto para él, en el momento de la Creación.

¿Qué es la soberanía directa de Dios? Es el gobierno mediante el amor absoluto de Dios. Es el estado, en el cual el hombre como objeto, puede enfrentarse directamente a Dios, el sujeto, en una relación completa de dar y tomar amor. En este estado, el hombre puede recibir todo el amor de Dios, y corresponder al mismo, con toda la hermosura del ser humano. La palabra "hermosura" se refiere aquí, a la correspondencia agradecida del hombre, así como a la alegría arrolladora, y la confianza y fe en Dios. El hombre se acoge así al cuidado y la soberanía directa del amor Divino. Cuando el hombre haya alcanzado la perfección, uniéndose a Dios en una relación completa de dar y tomar amor, no podrá caer, ni tampoco podrá ser separado del amor Divino. Pablo había escrito, que él sintió el amor de Dios tan profundamente, que él no podía de ninguna manera renunciar a Dios.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni virtudes, ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza o violencia, ni lo alto, ni lo profundo, ni otra ninguna criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo nuestro Señor (Rom. 8, 38-39).

Un matrimonio unido por un amor absoluto, no puede ser separado por ningún otro hombre ni por ninguna otra mujer. Del mismo modo, cuando un hombre se une a Dios por un amor absoluto, Satanás no podrá separar a este hombre de Dios. Esa es la hermosura del ser humano, que Dios espera recibir del hombre. Sin embargo, una unión de amor de esta índole, entre Dios y el hombre, sólo será posible, cuando el hombre haya alcanzado la madurez física y espiritual. Por eso el hombre podrá acogerse a la soberanía directa del amor absoluto de Dios, sólo después de haber alcanzado la perfección.

¿Por qué fija Dios un periodo de soberanía indirecta, dentro del cual el hombre debe ir creciendo bajo el control de los Principios Divinos? El hombre fue creado a la imagen de Dios. Por eso Dios desea, que el hombre también se manifieste como creador, y que llegue a ser perfecto. Por consiguiente, el hombre mismo debe desarrollar sus facultades naturales, para poder alcanzar la perfección. Dios creó un hombre con la disposición para la perfección, dándole la posibilidad de elaborar esta perfección él mismo.

He aquí que estoy a la puerta, y llamo; si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo (Ap. 3, 20).

Dios se acerca hasta la puerta, pero el hombre debe abrirla. "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, halla, y al que llama, se le abre" (Mt. 7, 7-8). Es el deber del hombre, preguntar, buscar y llamar. Con otras palabras, Dios dirige al hombre con Su gracia en un 95%, dejando al hombre que elabore el 5% restantes. Este 5 % ante los ojos de Dios, representan en realidad 100% para el hombre. El hombre sólo debe contribuir con su parte; pues Dios quiere contemplar al ser perfecto, como tratándose de la propia obra del hombre. Dios desea que el hombre, como la representación visible de Dios, alcance la perfección, y se convierta en el ser más estimado de toda la Creación.

Esto es fácil de comprender, si establecemos una comparación en la relación entre padres e hijos. Si bien el hijo hereda de sus padres las disposiciones para su crecimiento, él debe, a pesar de eso, dominar su vida y alcanzar sus propias metas él mismo. Su vida posterior se hará propiedad suya, y no será considerada como la obra de sus padres. De poco servirá que los padres busquen para su hijo, los mejores ambientes y las mejores escuelas para su crecimiento, si el hijo no aprovecha estos medios y no se esfuerza él mismo. De modo semejante, el hombre debe elaborar por sí mismo, una cierta parte de su crecimiento espiritual. En el transcurso de este periodo de crecimiento, desde la formación hasta la perfección, Dios somete al hombre bajo el control de los Principios Divinos.

EL MUNDO INVISIBLE Y EL MUNDO VISIBLE

El hombre tiene en sí los dos mundos: el físico y el espiritual. También en el cosmos existe un mundo físico y otro espiritual. Dios hizo al hombre, como punto de unión del mundo físico y del mundo espiritual, creando el mundo espiritual en la forma del espíritu humano, y el mundo físico en la forma del cuerpo. Los dos mundos están unidos de este modo, permaneciendo en una relación mutua por la mediación del hombre.

Dios creó al hombre, para regir al mundo invisible a través de su espíritu, y al mundo visible a través de su cuerpo. El hombre debió convertirse en el Señor de la Creación y en el centro de estos dos mundos, para así llegar a ser, el Ser más grande de toda la Creación.

Dios creó el mundo físico visible, como el objeto correspondiente al mundo espiritual invisible. Este mundo espiritual, es el mundo del origen y de la finalidad; el mundo físico, viene a ser el del efecto. La correspondencia entre estos dos mundos, puede compararse con la relación entre el cuerpo y el espíritu. Todos los procesos que tienen lugar en este mundo físico, tienen su origen en el mundo invisible, al cual van a parar también los resultados. El mundo espiritual es el sujeto positivo; el mundo físico en cambio, es el objeto negativo correspondiente, así como el cuerpo es a su vez, el objeto del espíritu invisible.

Así como se puede percibir el mundo físico mediante los sentidos naturales, así se puede también percibir el mundo espiritual, mediante los sentidos espirituales. En el mundo creado originalmente, es decir, antes del pecado original, Adán y Eva podían percibir del mismo modo el mundo espiritual, mediante sus sentidos espirituales, así como también el mundo físico mediante sus sentidos naturales. Gracias a su clarividencia y su oído sutil, el hombre de espíritu afinado, se encuentra hoy en día en condiciones de entrar en relaciones, tanto con el mundo espiritual, como con el mundo físico. El hombre era en su origen, como una radio o aparato de televisión, pudiendo captar las frecuencias del mundo de los cielos, y así comunicarse libremente con Dios.

Sin embargo, y a causa del pecado original, los sentidos espirituales fueron desconectados, pudiendo compararse el hombre con una máquina defectuosa. Por el pecado original, los dos mundos perdieron su vínculo, y fueron separados. Por eso es por lo que la mayoría de los hombres, no ha podido percibir nunca el mundo espiritual en este mundo físico. Además, la caída provocó la separación en la tierra, del espíritu humano y del cuerpo; esto condujo a la lucha interna. Pablo había dicho: "Pues aunque hallo en mí la voluntad para hacer el bien, no hallo cómo cumplirla. Por cuanto no hago el bien que quiero; antes bien el mal que no quiero" (Rom. 7, 18-19).

El hombre puede reparar su individualidad defectuosa, mediante su fe en Cristo. El desarrollo de su individualidad espiritual, depende sin embargo, del grado de fe y de sus esfuerzos. El hombre que se esfuerza seriamente, anhela reparar su individualidad defectuosa, y regresar al estado original de la Creación, sin pecados, para así poder Dios comunicarse también con él tan perfecta y libremente, como con Adán y Eva, antes de la caída de los mismos. Es muy posible, y aún normal, que haya hombres que hablen como ángeles, canten canciones celestiales, predigan el futuro, y estén en comunicación con el mundo espiritual, si es que están poseídos del Espíritu Santo.

Cuando el hombre haya alcanzado la perfección, se restablecerá la relación y la armonía entre el mundo físico y el mundo espiritual. Simultáneamente, se logrará también la armonía completa y la unión del cuerpo y espíritu del hombre.

LAS RELACIONES MUTUAS ENTRE LA INDIVIDUALIDAD ESPIRITUAL Y EL CUERPO FISICO

¿De qué índole es la relación, entre el cuerpo físico y la individualidad espiritual? El hombre se compone del cuerpo físico y el yo espiritual. La parte espiritual es el sujeto, positivo; el cuerpo es el objeto negativo. El cuerpo físico se compone de los afectos carnales y del cuerpo carnal. Los afectos carnales tienen como objeto, percibir los influjos y las impresiones del mundo físico y reaccionar ante ellos, estimular la procreación de la especie humana y cuidar de la conservación de la vida del cuerpo carnal. Un animal no tiene espíritu, sino apetitos carnales, que tienen como objeto, regular el instinto animal. El yo espiritual es un ser espiritual invisible, que sólo puede percibirse a través de la observación espiritual. El yo espiritual se compone de afectos espirituales y del cuerpo espiritual. Los afectos espirituales son un elemento Divino, que participa de la esencia de Dios. Por este motivo, el yo espiritual sigue viviendo para siempre en el mundo espiritual, después de la muerte del cuerpo físico. Por consiguiente, la muerte física no determina el fin de la vida humana.

El yo espiritual va creciendo dentro del cuerpo físico, el cual le sirve de morada. A pesar de eso, necesita para su desarrollo completo, los mismos elementos que el cuerpo físico. El cuerpo físico necesita el calor y la luz del sol, así como aire (positivo) y substancias alimenticias (negativo). El amor Divino y la sabiduría son el calor y la luz del mundo espiritual. El yo espiritual debe recibir para su crecimiento amor Divino y sabiduría. Asimismo es necesario una atmósfera del mundo espiritual, rica en espíritu, para el crecimiento del yo espiritual. Por medio de oraciones y meditaciones, nuestro yo espiritual participa de esta atmósfera rica en espíritu. Así como el cuerpo físico necesita alimentación, para poder llegar a tener vitalidad y vivacidad, así también el yo espiritual necesita alimentación para su desarrollo y la conservación de su vitalidad. El yo espiritual revive en una proporción, que depende de la obediencia de su cuerpo físico y del intercambio de dar y tomar entre ambos cuerpos.

La conciencia desempeña un papel importante, en la regulación del proceso de dar y tomar, entre el yo espiritual y el cuerpo físico. La conciencia es el mediador entre los afectos espirituales y los afectos carnales. Los impulsos de los afectos espirituales llegan a los afectos carnales a través de la conciencia. Si la conciencia está desfigurada, o fue desorientada por falsas ideas inducidas por los afectos carnales, ocurrirá entonces que aquellos impulsos de pensamiento, que los afectos espirituales han recibido del mundo espiritual, se desfigurarán en el camino que, pasando por la conciencia, recorrieren hasta acceder a los afectos carnales. Una conciencia, que está mal orientada, no sólo desfigura pensamientos y concepciones mentales para los afectos carnales, sino también para los afectos espirituales. Es por lo tanto de suma importancia, que la conciencia sea instruida correctamente; pues la armonía de dar y tomar entre el yo espiritual y el cuerpo físico, sólo podrá ser conservada si el hombre vive de acuerdo con su conciencia.

De este modo, el yo espiritual recibe fuerza vital de su contraparte espiritual, y puede ir creciendo libremente y bien. Sin embargo, si el hombre no vive de acuerdo con su conciencia, el proceso de dar y tomar se entorpece gravemente, y el yo espiritual se deteriora, no pudiendo desarrollarse correctamente. El crecimiento de la vida espiritual del hombre está estrechamente vinculado a su vida natural. Para que el desarrollo sea lo más amplio posible, el hombre debe vivir sobre la tierra con una conciencia limpia, fomentada por las grandes enseñanzas de las religiones y por una adoración sincera de Dios. La conciencia puede perder su equilibrio y desfigurarse, si no tiene lugar ningún proceso armónico de dar y tomar entre la individualidad espiritual y el cuerpo físico.

Así como el cuerpo físico atraviesa en su desarrollo tres etapas, así también debe atravesar el yo espiritual por tres periodos: el de formación, crecimiento y perfección. Al yo espiritual en el grado de la formación se le puede denominar como "espíritu de formación"; en el grado del crecimiento, como "espíritu vital"; y en el grado de la perfección, como "espíritu Divino" o "ser luminoso".

Los seres espirituales de los diferentes grados pueden ser diferenciados por sus apariencias. Los espíritus de formación parecen blancos como el lienzo y sus cuerpos espirituales son imperfectos. Los espíritus vitales están mejor desarrollados que los de formación y esparcen una luz de reflejo semejante a la luna. Los espíritus Divinos o seres luminosos son los más desarrollados de todos, y poseen dentro de sí mismos una gran potencia luminosa. El más grande y último objetivo del hombre es alcanzar el grado de los espíritus Divinos. Cuando nosotros alcancemos, en nuestra vida física, nuestra perfección espiritual, se elevará nuestro yo espiritual al grado de los espíritus Divinos.

EL IDEAL DIVINO DE LA CREACION

El ideal Divino de la Creación fue el crecimiento continuo del hombre hacia el nivel del espíritu Divino, es decir, hacia el hombre perfecto sobre la tierra, quien podrá luego corresponder al amor de Dios con gloria y con la mayor de las hermosuras. Sin embargo, por la caída de Adán y Eva, no pudo llegar a realizarse este ideal de la Creación.

En su origen, Adán y Eva y sus hijos hubieran formado con Dios la unidad fundamental de la familia del reino de los cielos, la cual hubiese representado las cuatro direcciones celestiales. El número 4 representa aquí la "perfección celestial". Sin embargo, a causa del pecado original, se efectuó una unión del hombre con Satanás, cayendo el mundo bajo la soberanía satánica.

El objetivo primordial de la Providencia Divina fue el restablecimiento de la unidad celestial de las cuatro posiciones.

Podemos comparar al hombre con una semilla o un grano que tiene el poder de ir creciendo. Después de haber sido plantado en el campo (tierra), irá creciendo y será cosechado (muerte física), para luego ser transportado al granero (mundo espiritual). Mientras que el grano se encuentre aún en el campo, no podrá ser cosechado o transportado al granero. Si no fue perfecto en el momento de la cosecha, no podrá serlo en el granero. Como también el yo espiritual crece en unión con su cuerpo físico, el ser luminoso de un hombre perfecto podrá existir en el cielo espiritual, sólo después de haber aparecido sobre la tierra su contraparte, o sea, un hombre perfecto. Por consiguiente, el reino de Dios no podrá ser erigido en el mundo espiritual, si no fue erigido antes sobre la tierra. Jesús lo había dado a entender al decirle a Pedro:

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos (Mt. 16, 19).

Jesús no se llevó consigo la llave del reino de los cielos, sino que se la dejó a Pedro en la tierra. Por consiguiente, el reino de Dios no podrá abrirse en el mundo espiritual, sin haberse abierto primeramente sobre la tierra.

Desde la caída de Adán y Eva hasta nuestros tiempos, ningún hombre pudo alcanzar el grado de perfección sobre la tierra; por consiguiente, nadie pudo penetrar aún en el reino de Dios. Jesús y sus sucesores creyentes, esperaron en el paraíso la apertura del reino de Dios, que tendría lugar a través del oficio espiritual del regreso de Cristo. El paraíso es la región de los espíritus vitales. Por lo tanto, el paraíso no es el sumo y eterno reino de los cielos, objetivo final de la Creación.

El reino de los cielos será erigido más bien sobre el paraíso. "Y vi un cielo nuevo y tierra nueva. Porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y ya no había mar" (Ap. 21, 1). El "primer cielo" es el paraíso; el "cielo nuevo" es el reino de los cielos o reino de Dios, que le será abierto a la humanidad a través del oficio espiritual del regreso de Cristo.

 

CAPITULO II

LA CAIDA

EL ORIGEN DEL PECADO

El problema más grande del hombre caído es redimirse de su pecado. Sin embargo, no podrá libertarse de este pecado sin comprender el origen y la naturaleza del mismo. Si no conoce la realidad y la especie de su pecado, no podrá arrepentirse. Por consiguiente, no podrá ser perdonado por Dios.

Existen tres clases de pecados. El primero es el pecado original, por el cual se alejó el hombre de Dios. Este pecado hereditario ha ligado a la descendencia humana de generación en generación. Este pecado no ha sido revelado jamás y nadie ha podido por eso, sustraerse a él, ni aún mediante la oración continua. El segundo, es el pecado de la crucifixión de Jesús, de la que toda la humanidad es juntamente responsable. Todo cristiano debe tener presente que la crucifixión de Jesucristo le afecta también a él. El tercero, es el pecado personal, que el individuo comete en el transcurso de su vida.

En este capítulo trataremos el pecado hereditario más detalladamente. Por lo tanto debemos ocuparnos del origen del mal y del pecado sobre los que los hombres hicieron conjeturas, sin llegar, no obstante, a conclusión alguna a causa de la naturaleza desconocida de este pecado. Sin embargo, en nuestro tiempo fue descubierto el delito secreto de Satanás. Debemos comprenderlo exactamente para poder libertarnos de su signo y someter a Satanás exponiendo su crimen y demandándolo ante Dios.

El pecado tuvo su origen al comer Adán y Eva de la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gén. 3, 6-7). Este pecado fue transmitido a sus sucesores y es heredado por nosotros hasta nuestros días. El cristianismo enseña por ello, que todo hombre nace en pecado, necesitando al Redentor desde el momento de su nacimiento.

En realidad, este pecado no podía proceder meramente de comer una fruta. La fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal es por lo tanto algo, que no debe ser entendido literal sino simbólicamente.

¿Qué se simboliza con él?

Lo que Adán y Eva hicieron tras haber comido de la fruta nos indica el significado auténtico. Ellos habían estado desnudos sin avergonzarse. Mas después de haber comido la fruta, se avergonzaron de súbito, cosieron hojas de higuera y se hicieron unos vestidos para ocultar las partes inferiores de sus cuerpos (Gén. 2, 25; 3, 7).

Es natural del hombre ocultar lo falso y lo defectuoso. Job dijo:

"¿He disimulado a los hombres mi pecado, y oculté en mi pecho mi maldad?... que el Todopoderoso otorgase mi petición, y escribiese el proceso el mismo que juzga"(Job. 31, 33-35). Puesto que Adán había ocultado su parte defectuosa, es decir, el bajo vientre, su transgresión se relaciona con un pecado sexual. "El comer de la fruta" significa que Adán y Eva tuvieron relaciones sexuales prohibidas por Dios.

Se puede aludir asimismo aquí, al ritual judío de la circuncisión, para esclarecer este pasaje del Génesis. Para ser admitidos en el seno del pueblo elegido de Dios, los israelitas tenían que ser circuncidados al octavo día de su nacimiento. Un israelita no circuncidado, era tratado como un no judío y no se le permitía pisar el templo sagrado de Jerusalén, que les era accesible sólo a judíos circuncidados. La circuncisión fue ordenada por Dios y comenzó por Abraham, de tal manera que los descendientes de Adán pagaban una reparación simbólica por el pecado que de él heredaban. A la luz de la revelación, en lo referente a la naturaleza del pecado original, se esclarece asimismo el misterioso significado espiritual de la circuncisión.

Al crear al hombre y la mujer, Dios bendijo el estado matrimonial. "Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella" (Gén. 1, 28). Dios bendijo el amor conyugal sobre todas las cosas; pero el adulterio y las relaciones sexuales prematrimoniales son consideradas como hechos malos y degradantes. El pecado original consistió en las relaciones sexuales que Adán y Eva tuvieron antes de alcanzar su perfección. Dios los hubiera bendecido como marido y mujer, cuando hubiesen alcanzado la perfección.

Podemos comparar a la humanidad con un gran árbol. Los individuos de la generación actual corresponden así a las hojas, o a las ramas pequeñas. Aunque algunas hojas y ramas estén secas, no peligra por ello la vida de todo el árbol. Asimismo, unos cuantos hombres perversos de esta generación no pueden exterminar a toda la humanidad.

El pecado colectivo de la crucifixión de Jesús, el Redentor, puede compararse con el daño del tronco del árbol, lo que hace peligrar seriamente la vida del mismo.

Puesto que Adán y Eva fueron los padres de la humanidad, el pecado original cometido por ellos provocó la descomposición de las raíces. Este pecado original dañó al árbol en sus fundamentos y alteró toda su naturaleza. El pecado original fue así la raíz de todos los pecados, ocasionando la muerte espiritual de la humanidad.

ORIGEN DE SATANAS Y SU NATURALEZA SECRETA (LA CAIDA DE ADAN, EVA Y DEL ARCANGEL)

En el libro de Job, leemos que éste fue demandado ante Dios por Satanás: "Replicóle el Señor: ¿Has parado atención en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón sencillo, y recto, y temeroso de Dios, y ajeno de todo mal obrar? Satanás respondió al Señor: ¿ Acaso Job teme a Dios de balde? ¿No le tienes tú a cubierto por todas partes, así a él como a su casa, y a toda su hacienda? ¿No has echado la bendición sobre las obras de sus manos, con lo que se han multiplicado sus bienes en la tierra? Mas extiende un poquito tu mano y toca sus bienes, y verás cómo te desprecia en tu cara" (Job 1, 8-11).

En el Apocalipsis, Satanás es caracterizado como acusador: "Entonces oí una voz sonora en el cielo que decía: He aquí el tiempo de salvación, de la potencia, y del reino de nuestro Dios, y del poder de su Cristo; porque ha sido ya precipitado el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba día y noche ante la presencia de nuestro Dios" (Ap. 12, 10).

De estos pasajes se desprende que Satanás acusa continuamente a los creyentes ante Dios, mientras que éstos a su vez son defendidos por Jesús. Por eso es Satanás el enemigo de Dios, de Jesús y de todos los santos.

Nadie podía, sin embargo, demandar a Satanás ante Dios y expulsarlo del mundo, porque su verdadero crimen era desconocido. Mismo el peor de los criminales vive seguro en tanto su delito se mantenga oculto ante los ojos del mundo. Satanás pudo dominar el mundo porque nadie había descubierto su crimen y nadie lo demandó ante Dios señalando el origen y la especie del mismo.

En nuestros tiempos se ha revelado finalmente el secreto y la lucha entre el hombre y Satanás, o entre el bien y el mal, se convierte ahora en la lucha final y decisiva. Para esta batalla final, es necesario que cada hombre se arme con el conocimiento de la especie del crimen de Satanás, tal como fue revelado en los Principios Divinos, para luego poder hacer frente a Satanás y vencerlo con este arma poderosa. Dios no reveló el secreto de Satanás en las Sagradas Escrituras, sino que lo señaló mediante símbolos y parábolas. Es el deber del hombre averiguar este secreto de Satanás, demandarlo ante Dios y sojuzgarlo.

¿En qué consiste este secreto y cómo surgió Satanás?

Dios creó primeramente a los ángeles. Estos fueron creados para servirlo y alabarlo.

Tres ángeles trajeron a Abraham el mensaje de que Sara, su mujer, habría de dar a luz a un niño (Gn. 18, 1-15). Dos ángeles visitaron a Lot y le informaron sobre el exterminio inminente de Sodoma (Gn. 19, 1-23). Angeles fueron los que comunicaron a María y a José la noticia del nacimiento de Jesús (Lc. 1, 26; Mt. 1, 18-23). Los ángeles sirvieron como mensajeros Divinos en otras muchas ocasiones (1 Re. 19, 5; Hch. 12, 7; Lc. 1, 18-20). Por eso fueron denominados "los espíritus sirvientes" (Heb. 1, 14). Además, fueron creados para alabar a Dios y adorarlo (Heb. 1, 6; Lc. 2, 13; Ap. 5, 11- 12; 7, 11).

Lucifer tuvo el oficio de un arcángel y Dios bendecía a los ángeles a través de él, así como Dios había escogido luego a Abraham, para bendecir mediante él a los hijos de Israel. Lucifer parecía monopolizar el favor de Dios. Pero cuando fueron creados Adán y Eva, Dios los prefirió a ellos. Dios los amaba como Sus hijos; a Lucifer, en cambio, como Su servidor. Si bien seguía siendo partícipe del mismo amor Divino anterior, Lucifer sentía que Dios lo amaba menos que antes. Lucifer quería estar por encima de Adán y Eva, así como tenía también él a los ángeles bajo sí y deseaba que Dios amase a Adán y a Eva a través de él. Lucifer no podía amar a Adán al igual que Dios, sino que sentía una fuerte enemistad basada en los celos. Además, Lucifer sentía hacia Eva un apetito desenfrenado.

El amor de Dios es la fuente de la vida, de la fuerza y de los elementos de la felicidad y de todo ideal. Cuanto más amor recibe alguien de Dios, tanto más se hace notar ello en su naturaleza. Por eso, Adán y Eva atraían de sobremanera a Lucifer. Eva tenía una hermosura especial y Lucifer no podía resistir su deseo. A pesar de la prohibición de Dios, se atrevió Lucifer a unirse a ella. Así cometieron un pecado sexual y cayeron espiritualmente. Transgrediendo la ley Divina y abandonando su posición, Lucifer se volvió contra Dios. A continuación fue expulsado, convirtiéndose entonces en Satanás.

Dos personas se unen mediante el amor y esta unión conduce al intercambio de algunos elementos. También Eva recibió algunos elementos a consecuencia de su unión espiritual con Lucifer, por ejemplo, el sentimiento del temor. El arcángel fue atormentado por el temor, por haber actuado contra los Principios Divinos y este sentimiento de temor le fue transmitido a Eva.

El Espíritu Santo trae alegría y paz. Los espíritus del mal, por el contrario, traen siempre temor. Esto proviene del hecho que los espíritus del mal son miembros del reino creado por Satanás, quien está fuera de los Principios.

La sabiduría de Lucifer, fue otro elemento que le fue transmitido a Eva. El arcángel ocupaba ciertamente un lugar inferior al de Adán y Eva en el amor Divino, pero había podido hacerse de más sabiduría por haber sido creado anteriormente.

Merced a esta sabiduría supo Eva, que según los Principios Divinos, era Adán y no Lucifer, el compañero que le estaba previsto. Adán y Eva se encontraban en ese entonces aún en el crecimiento y se consideraban como hermano y hermana, y no como marido y mujer. Cuando Eva hubo pecado, comprendió su falta y deseó alcanzar nuevamente su lugar anterior en el favor de Dios. Para eso, obligó a Adán a hacerse pasar por su marido. Adán no pudo resistir la tentación. Adán y Eva tuvieron relaciones sexuales e infringieron con ello el mandato Divino. Adán sintió enseguida el mismo temor que Eva y reconoció su pecado, gracias a la sabiduría que había recibido de Eva. Ellos se avergonzaron de su acto, ocultaron con hojas de higuera las partes inferiores de su cuerpo y se escondieron detrás de un árbol. A causa de su comportamiento, cayeron Adán y Eva física y espiritualmente.

Si Adán y Eva hubiesen sido ya adultos y perfectos, Dios hubiera bendecido su matrimonio. Sus hijos hubieran nacido luego sin pecados hereditarios. Pero como Adán y Eva motivaron el surgimiento del mal y del pecado, por su unión con Satanás, es decir, por el acto del amor prohibido, sus descendientes fueron hijos del pecado original y el mundo quedó entregado a Satanás. Por este motivo decía Juan Bautista: "¡Raza de víboras!" (Mt. 3, 7). También Jesús decía: "Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. El es homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él" (Jn. 8, 44). En estos pasajes Jesús y Juan Bautista hacen notar expresamente, que Dios no es el padre de la humanidad. Lucifer engañó a Adán y Eva, provocó la muerte espiritual de los mismos y los hizo infieles a Dios. Todos los hombres se convirtieron así, en descendientes de la pareja distanciada de Dios.

LA CAUSA DE LA DESVIACION DEL HOMBRE DE LOS PRINCIPIOS DIVINOS

Ningún hombre que se encuentre plenamente bajo el control de los Principios Divinos puede tomar por impulso propio el camino falso. Si existe algo más fuerte que el poder de los Principios, mediante lo cual pueda originarse un viraje hacia la dirección falsa, podría entonces ello apartar al hombre de la vía de los Principios, así como un tren descarrila si choca contra un obstáculo suficientemente grande.

¿Qué podía ser más fuerte que el poder de los Principios Divinos, bajo los cuales había sometido Dios a los hombres imperfectos? Fue el poder del amor. Nadie elegiría la muerte meramente por comer una fruta. El impulso del amor puede, no obstante, empujar a un hombre a la muerte. Dios hizo al amor tan absoluto y superior, que ni aún los Principios pueden dominar sobre él. Así fue posible que Adán y Eva pudieran infringir estos Principios Divinos, mediante el poder del amor. Como Dios sabía esto, ordenó: "Puedes comer del fruto de todos los árboles del paraíso: mas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas; porque en cualquier día que comieres de él, ciertamente morirás (Gn. 2, 16-17). Dios ordenó a los hombres guardar este mandato para impedir una desviación de los Principios Divinos.

¿Porqué puso Dios el poder del amor por encima de los Principios Divinos? Cuando Dios creó al hombre, deseaba regirlo mediante su amor Divino absoluto y recibir del hombre su amor absoluto. Dios deseaba que el hombre tuviera la posibilidad de vivir en el amor absoluto y supremo, y gozar sobre la tierra y en el mundo eterno de la más grande de las dichas. Mas si el amor es dominado por los Principios, no sería perfecto ni absoluto. Después de lograr el estado de perfección, el hombre ya no se encuentra bajo el control de los Principios, sino bajo el dominio directo del amor de Dios. Una libertad absoluta y una felicidad suprema no se hallan bajo los Principios, sino sólo bajo el dominio del amor absoluto de Dios. La vida bajo este amor Divino absoluto es la bendición que Dios había prometido al hombre. Una bendición semejante es posible, sin embargo, sólo en el estado de perfección y de la madurez absoluta del espíritu y del cuerpo. El amor prohibido de Adán y Eva fue una violación de los Principios. Por eso les fue negada la bendición del amor absoluto Divino.

¿POR QUE CAYO EL ARCANGEL?

El motivo de la caída del arcángel fue su envidia hacia Adán, a quien Dios amaba. Si Lucifer hubiese amado a Adán como Dios, el arcángel hubiera podido participar entonces de la dicha y la felicidad de Dios hacia Adán. Pero Lucifer estaba celoso de Adán, tentó a Eva y se volvió así contra Dios. Quien está del lado de Dios siente alegría de vivir y energía. El que se enfrenta a Dios en cambio, no sólo se destruye a sí mismo, sino destruye también a otros.

El deseo del arcángel de recibir de Dios tanto amor como Adán, no era en sí malo. Su pecado fue transgredir los límites de su posición para monopolizar el amor de Dios. La especie de su pecado es señalada en la carta de Judas 1, 6-7:

Y a los ángeles que no conservaron su dignidad, sino que desampararon su morada, los reservó para el juicio del gran día, en el abismo tenebroso con cadenas eternales. Así como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, siendo reas de los mismos excesos de impureza y entregadas al pecado nefando, vinieron a servir de escarmiento, sufriendo la pena del fuego eterno.

Es evidente que fue el arcángel Lúcifer, el que abandonó su posición y pecó junto con Eva, quien a su vez sedujo a Adán. Sus pecados fueron relaciones sexuales. Así quedó contaminada la sangre de Adán y Eva y las generaciones heredaron el mal una tras otra. Sus descendientes fueron los hijos del pecado original. Jesús y Juan Bautista señalaron que el diablo es el padre del hombre. También Pablo dijo: "Y no solamente ella, sino también nosotros mismos que tenemos ya las primicias del Espíritu, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando la adopción de los hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo (Rom. 8, 23). Pablo pensaba evidentemente con ello que los hombres no son hijos de Dios, sino que, en el mejor de los casos, esperan su adopción como tales.

Si Lucifer no hubiese estado tentado a pasar los límites de sus atribuciones, Dios no hubiese tenido que advertir a Adán y a Eva abstenerse del fruto prohibido; pues Adán y Eva no eran aún adultos y se consideraban como hermano y hermana. Si hubiesen sido adultos y se hubiesen unido con la bendición de Dios, su amor hubiese sido tan fuerte que ninguna tentación del arcángel los hubiese separado, ni les hubiera hecho ser infieles a Dios. El pecado de la caída no hubiera podido producirse.

Por pasar sus atribuciones, Lucifer faltó a los Principios Divinos, acarreando el desorden sobre todo el universo. Lucifer debía ocupar una posición por debajo de Adán y Eva, y ésta, por debajo de Adán. Pero mediante la tentación, el arcángel dominó a Eva y ésta a su vez a Adán. De este modo se invirtió el orden del dominio. El orgullo humano, que quisiera dominar mismo a Dios, tiene su origen en la naturaleza caída del arcángel Lucifer.

SATANAS

La Sagrada Escritura revela que en el jardín del Edén había una serpiente, que indujo a Eva a comer del fruto prohibido (Gn. capítulo 3). Un animal no tiene espíritu y no puede tentar al hombre. El relato del jardín del Edén contenido en el Génesis es una alegoría y debe ser por lo tanto interpretado simbólica y no literalmente. ¿Qué representa la serpiente?

En el Apocalipsis, la serpiente es señalada como un símbolo de Satanás, el ángel caído.

Así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama diablo y Satanás, que anda engañando al orbe universo, y fue lanzado a la tierra, y sus ángeles con él (Ap. 12, 9).

Desde la caída, Satanás ha regido el mundo bajo una falsa forma de los Principios Divinos. En los pasajes siguientes, Satanás es denominado príncipe o Dios de este mundo: "Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser lanzado fuera" (Jn. 12, 31).

Para estos incrédulos cuyos entendimientos ha cegado el dios de este siglo, para que no los alumbre la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios (2 Cor. 4, 4).

Por la acumulación de los pecados y la maldad de los hombres a través de las épocas y por su vinculación con Satanás, se acrecentó el poder de este último, así como el número de sus vasallos. Los "espíritus del mal" pueden ejercer su poder sobre los hombres de la tierra, mientras existan hombres malos que se conviertan en sus objetos, en la relación mutua de dar y tomar.

Los "espíritus del mal" son miembros del reino satánico, tratándose aquí ciertamente, de ángeles caídos o de hombres perversos, que viven en el mundo espiritual. Son seres espirituales reales que existen fuera de nuestro cuerpo. Muchos hombres no saben esto y suponen que la "obra del diablo'' se trata sólo de una perturbación de índole psíquico. Aquellos, sin embargo, cuyos sentidos espirituales están desarrollados, pueden ver y comprender a estos miembros del reino satánico, quiénes son y qué es lo que son. Cuando no haya en la tierra ni un solo réprobo con el que Satanás pueda cooperar, éste perderá su fundamento y se volverá por consiguiente impotente. Cuando Judas se había convertido en un fundamento semejante, Satanás pudo tomar posesión de él. "Entre tanto Satanás se apoderó de Judas, por sobrenombre Iscariote, uno de los doce" (Lc. 22, 3). Cuando Satanás vino hacia Pedro, Jesús dijo: "Quítateme de delante, Satanás, que me escandalizas; porque no tienes gusto de las cosas que son de Dios, sino de las de los hombres" (Mt. 16, 23). El hombre mismo atrae a Satanás, si se crea una base para ello. El mal (pecados, enfermedades, sufrimientos, guerras, etc.) seguirá, mientras el hombre sostenga con Satanás o sus secuaces una relación de dar y tomar, sobre la base creada por el hombre. Si el hombre no crea la posibilidad para ello, Satanás no tendrá ninguna base para atacar.

¿POR QUE DIOS NO IMPIDIO LA CAIDA?

Dios es omnipotente y omnisciente. Por eso podía prever la caída de Adán. Dios no impidió, sin embargo, la caída de Adán y Eva, ni intervino en contra de antemano. ¿Por qué no intervino Dios a pesar de prever las devastadoras consecuencias de la transgresión de Adán y Eva? Dios adoptó después de la caída medidas para la rehabilitación y no antes. El Dios omnipotente ha necesitado, al parecer, un tiempo muy largo para la rehabilitación del hombre y del mundo. ¿Por qué no pudo El utilizar su fuerza inconmensurable, para lograr la rehabilitación en un tiempo más corto?

De acuerdo con los Principios de la Creación, Dios no rige a los hombres directamente hasta que no hayan alcanzado la perfección. Los hombres imperfectos, en cambio, están sometidos a los Principios. Adán y Eva cayeron no siendo aún adultos y por lo tanto tampoco perfectos, es decir, en el periodo durante el cual no se encontraban aún bajo el dominio directo de Dios, sino bajo el control de los Principios Divinos.

Había tres motivos diversos por los cuales no intervino Dios en su acción:

1) Dios es absoluto y perfecto. Sus Principios Divinos son inalterables. De acuerdo con estos Principios, Dios no se inmiscuye directamente en los asuntos de los hombres no adultos e imperfectos. Si hubiera intervenido en el caso de Adán y Eva, que no eran aún perfectos, Dios hubiera violado Sus propios Principios inalterables.

2) Dios no quiere ser responsable de lo que no ha sido creado por El. Si hubiera intervenido en la caída satánica de Adán y Eva, se hubiera dado a entender con ello que su hecho era reconocido por Dios como una creación propia y El debería ser responsable por la misma. En consecuencia hubiese sido necesario un nuevo principio, para justificar la falta cometida. En caso de que esta falta provocada por Satanás hubiera sido reconocida en concordancia con los Principios Divinos, Dios hubiera reconocido también a Satanás como creador.

3) La creación entera, llevada a cabo en cinco "días", se acercaba a su culminación y aguardaba la perfección del hombre, que sería luego el Señor de la Creación. El hombre tenía que atravesar el mismo proceso que las restantes criaturas para convertirse en un soberano calificado. En su grado de perfección, tiene que ser superior a otras formas terrestres. Si Dios hubiera intervenido en la caída de Adán y Eva, aún imperfectos, éstos hubieran sido reconocidos como perfectos, puesto que Dios sólo rige directamente sobre hombres ya perfectos y Adán y Eva hubieran recibido así, la soberanía sobre la creación sin estar aún calificados para ello. Dios tenía que esperar a que Adán y Eva hubiesen alcanzado por sus propias fuerzas el grado de la perfección, para poderles entregar el dominio prometido sobre la Creación.

Dios no había advertido explícitamente a Adán y Eva de una tentación por parte de Lucifer, pues ellos tenían que formarse un juicio propio de todas las situaciones. Si Dios les hubiese manifestado todo del modo más exacto, la dignidad de Adán como Señor de la Creación se hubiese visto perjudicada. Dios no hizo pues, más que insinuar la posible tentación de Satanás.

Por estos motivos no intervino Dios en la caída de Adán y Eva. Luego, El tuvo que preocuparse de su rehabilitación.

LA CAIDA DEL HOMBRE Y LA VOLUNTAD LIBRE

El don más grande que el hombre ha recibido de Dios es la libertad de la voluntad. Si el hombre no tuviera esta voluntad libre y sirviera en cambio a Dios mecánicamente, no tendría ni belleza ni vida y Dios no tendría ni gozo ni gloria. El don más bello y valioso es que el hombre sirva y ame a Dios con todo el corazón y por su propia voluntad. Por su voluntad libre, el hombre se destaca de las restantes criaturas y tiene la preferencia en el cielo y sobre la tierra.

Algunos cristianos creen que fue esta voluntad de Adán y Eva la que causó su caída. Si eso fuese así, el peligro de una caída persistiría siempre, aún después de haber alcanzado la perfección. También la vida en el reino de Dios, en el que el hombre goza de plena libertad, sería insegura. Si siempre existiera el peligro de una caída, siempre habría inseguridad y la posibilidad de una caída por el pecado. Por lo tanto no habría una redención completa para los hombres, ni tampoco podrían alcanzar la perfección representada por el Padre Celestial. Si no existiera la posibilidad de ser tan perfecto como Dios, Su Creación sería incompleta y Dios mismo no sería ni perfecto ni todopoderoso.

Es por eso absurdo pensar que la voluntad libre fue la causa del pecado. Es cierto, sin embargo, que a causa de su caída Adán y Eva perdieron la libertad de su voluntad, cayendo bajo el dominio de Satanás. Desde el punto de vista espiritual, el hombre no tiene pues libertad alguna para hacer aquello que sea recto y bueno ante los ojos de Dios. En lugar de eso, él tiene la libertad de hacer lo que es erróneo y malo. Pablo deploraba este hecho cuando decía:

Porque bien sabemos que la ley es espiritual; pero yo por mí soy carnal, vendido para ser esclavo del pecado. Por lo que yo mismo no apruebo lo que hago; pues no hago el bien que amo, sino antes el mal que aborrezco, ése lo hago... !Oh, qué hombre tan infeliz soy yo! (Rom. 7, 14-15, 24a).

Por eso tiene el hombre que recuperar su libertad perdida antes de poder restablecer el jardín del Edén y su individualidad original.

Una de las señales de que ha comenzado una nueva era, es el hecho de que los hombres del mundo entero luchan por la libertad; y eso tanto en el plano individual como nacional.

Dios tiene el propósito inmediato de restablecer el mundo originalmente creado, exterminando para eso por completo a Satanás, o sea, al mal. El hombre alcanzará de nuevo a poseer la plena libertad de voluntad de hacer el bien ante los ojos de Dios.

 

 

CAPITULO III

LA MISION DE JESUCRISTO

¿HAN LOGRADO LOS CRISTIANOS UNA COMPLETA SALVACION?

El pecado original ocurrió cuando Adán y Eva aún se encontraban en la fase del crecimiento y de la imperfección. Por la caída perdieron la facultad de corresponder al amor de Dios. Los hombres, por eso, no pueden percibir el amor completo de Dios antes de lograr el grado de la perfección. El hombre caído debe recuperar la posición de Adán antes del pecado original, para alcanzar luego, a partir de este punto, el grado de la perfección. El significado de la salvación es, por lo tanto, recuperar la naturaleza original del hombre. Esta es la base para la Divina Providencia de la rehabilitación.

Jesús indicó este objetivo de la rehabilitación, diciendo: "Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto"(Mt. 5, 48).

Dios es perfecto. Por eso, el hombre debe liberarse primeramente de su naturaleza caída, antes de poder llegar a ser un objeto perfecto para Dios. La liberación de los efectos del pecado original significa volver al estado original sin pecado.

Dios envió a Jesús para restablecer el Jardín del Edén, es decir, el reino de los cielos sobre la tierra, y para elevar a los hombres al grado de la perfección. Los judíos sabían que el Salvador vendría para restablecer el reino celestial, con Israel como su centro. Por eso, Jesús fue interrogado por sus discípulos: "Señor, ¿será éste el tiempo en que has de restituir el reino a Israel? (Hch. 1, 6).

¿Qué apariencia hubiese tenido este reino restablecido?

En este mundo restablecido, un hombre perfecto hubiera logrado el estado que Adán y Eva hubieran conseguido después de su perfección. Buscar a Dios no hubiera sido necesario en el Jardín del Edén; pues ahí el hombre podría establecer una relación libre y directa con Dios. Asimismo, las oraciones no serían necesarias, ya que la lucha contra el pecado es superflua en un mundo sin pecados. Incluso las oraciones para la remisión de los pecados por la gracia de Dios, no son requeridas en el amor Divino.

¿Han logrado los cristianos esta salvación completa? No

¿Han logrado verdaderamente liberarse de Satanás o del pecado por Jesús? No.

¿Fue restablecido el Jardín del Edén en la tierra, o ha sido restituido el reino de los cielos en el mundo cristiano después de la llegada de Jesús? No. Por eso los cristianos oran aún hoy el padrenuestro: "Venga a nosotros tu reino". Si la voluntad de Dios hubiera sido realizada por Jesús completamente, ¿por qué tendrían entonces los cristianos que esperar la segunda llegada de Cristo para las demás consumaciones?

¿Reinan la paz y la armonía celestial así como el amor de Dios en los corazones de los cristianos o en sus iglesias? No.

Pruebas por las cuales los cristianos no han logrado una salvación completa, se encuentran por todas partes en los pensamientos, las palabras y las obras de los hombres caídos. El apóstol Pablo confesó su seria lucha interior contra el pecado:

Que bien conozco que nada de bueno haya en mí, quiero decir, en mi carne. Pues aunque hallo en mí la voluntad para hacer el bien, no hallo cómo cumplirla. Por cuanto no hago el bien que quiero; antes bien el mal que no quiero. Mas, si hago lo que no quiero, ya no lo ejecuto yo, sino el pecado que habita en mí. Y así es que, cuando yo quiero hacer el bien, me encuentro con una ley, porque el mal está pegado a mí. De aquí es que me complazco en la ley de Dios según el hombre interior; pero veo otra ley en mis miembros, que lucha contra la ley de mi mente y me sojuzga a la ley del pecado, que está en los miembros de mi cuerpo. ¡Oh, qué hombre tan infeliz soy yo! ¿ Quién me libertará de este cuerpo de muerte? (Rom. 7, 18-24).

No es sólo la experiencia del apóstol Pablo, sino también la de todos los fieles que son sinceros. Incluso aquellos que se pasan toda la vida en un convento, luchan con el pecado interior y exterior hasta el fin de sus vidas. Estas luchas constan en sus escrituras y no están del todo libres de celos, odios, orgullos y deseos carnales. Algunos penitentes tratan de librarse de sus inclinaciones hacia el pecado mediante oraciones, ayunos, disciplinas y otros martirios impuestos por ellos mismos. Todos los fieles que son sinceros, tienen que soportar estas luchas interiores durante toda la vida. Cuanto más uno se acerca a Dios, tanto más intensas se vuelven estas luchas. La experiencia que hizo San Pablo, no se pudo por lo tanto atribuir solamente a su estado espiritual antes de su conversión, sino que subsistió durante toda su vida.

No se puede negar que el pecado original obra contra la ley Divina, incluso en el mejor de los cristianos. A causa de este conflicto tenemos que admitir que somos pecadores ante los ojos de Dios. Debemos orar y nunca perder nuestra fe en Dios, pues esta contínua lucha con Satanás aun subsiste. Satanás no omite esfuerzos para llevar a cabo nuestra destrucción espiritual.

Aún considerando el alto grado de fe de un hombre, sus hijos no están libres del pecado original y aun necesitan un salvador. Los hijos tienen que creer en Cristo para su salvación, del mismo modo que sus padres. Esto se atribuye al hecho, de que aun los mejores cristianos no están libres de la marca del pecado original, sino que la transmiten por herencia a sus hijos continuamente.

Es evidente que ningún cristiano será libertado de su pecado original simplemente por su fe en el Jesús crucificado y resucitado.

Si estuviéramos libres de todos los pecados, tendríamos que ser por lo menos como Adán y Eva antes de su caída y podríamos llegar a ser tan perfectos como el Padre Celestial. En este caso, la segunda llegada del Señor no sería necesaria; pues la voluntad de Dios ya se hubiera realizado tanto en la tierra como en el cielo.

EL PROYECTO ORIGINAL DEL SALVADOR

Es verdad, que el crucificado Jesús nos ha traído la salvación. ¿En qué dimensión ha cumplido él su misión y hasta qué punto seremos libertados del pecado por la fe en él?

Primeramente debemos entender el motivo de la llegada de Jesús. Según las profecías de Isaías, Dios había intentado en un principio, con el envío del Redentor, la restitución del reino del Salvador en este mundo y, a decir verdad, empezando en Israel. El proyecto de Dios, fue el restablecimiento en la tierra del Jardín del Edén perdido.

Pues ha nacido un niño para nosotros, y se nos ha dado un hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado, y tendrá por nombre el admirable consejero, Dios fuerte, el padre del siglo venidero, el príncipe de la paz. Su imperio será amplificado, y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo con la equidad y la justicia desde ahora y para siempre (Is. 9, 6-7).

Según este pasaje, el Salvador debía subir al trono de David y reinar sobre su pueblo con equidad y justicia. El sería el representante del Dios todopoderoso, el padre eterno de la humanidad y el príncipe de la paz.

En este mundo restablecido, los animales salvajes volveríanse mansos y servirían al hombre. Isaías ha dicho:

Habitará el lobo juntamente con el cordero; y el tigre estará echado junto al cabrito; el becerro y el león andarán juntos, y un niño pequeñito será su pastor. El becerro y el oso irán a los mismos pastos; y estarán echadas en un mismo sitio sus crías; y el león comerá paja como el buey; y el niño que aún mama estará jugando en el agujero de un áspid; y el recién destetado meterá la mano en la madriguera del basilisco. Ellos no dañarán ni matarán en todo mi monte santo; porque el conocimiento del Señor llenará la tierra, como las aguas llenan el mar. (Is. 11, 6-9).

Entonces serían los israelitas, que habían sufrido tanto tiempo, alentados y glorificados por Dios en su nuevo reino. Isaías escribió por eso:

Levántate, ¡oh Jerusalén!, recibe tu luz; porque ha venido tu lumbrera, y ha nacido sobre ti la gloria del Señor... Tiende tu vista alrededor tuyo, y mira; todos ésos se han congregado para venir a ti; vendrán de lejos tus hijos, y tus hijas acudirán a ti de todas partes. Entonces te verás en la abundancia; se asombrará tu corazón, y se ensancharán, cuando vengan hacia ti los tesoros del mar; cuando a ti afluyan las riquezas de los pueblos... Los hijos de los extranjeros edificarán tus muros; y los reyes de ellos serán servidores tuyos;.. Y estarán abiertas siempre tus puertas; ni de día ni de noche se cerrarán, a fin de que pueda introducirse en ti la riqueza de las naciones, juntamente con sus reyes; puesto que la nación y el reino que a ti no te sirvieren perecerán y tales gentes serán destruidas y asoladas. A ti vendrá lo más precioso del Líbano, y el abeto, y el boj, y el pino, para servir todos juntos al adorno de mi santuario, y yo llenaré de gloria el lugar donde asiento mis pies. Y a ti vendrán y se postrarán los hijos de aquellos que te abatieron, y besarán las huellas de tus pies todos los que te insultaban, y te llamarán la ciudad del Señor y la Sión del santo de Israel... No se oirá ya hablar más de iniquidad en tu tierra, ni de estragos, ni de plagas dentro de tus confines; antes bien, reinará la salud dentro de tus muros, y resonarán en tus puertas cánticos de alabanza... El menor de ellos valdrá por mil, y el parculillo por una nación poderosísima. Yo, el Señor, haré súbitamente esto cuando llegare su tiempo (Is. 60).

Esta es la gloria y la felicidad que gozarían los israelitas, luego del establecimiento del reino de Dios sobre la tierra por Jesús, el Salvador. Sus penas y preocupaciones terminarían, y su bendición se extendería sobre todo el mundo. El mundo entero se convertiría en el Jardín del Edén. Todos los pueblos y todas las naciones servirían a Israel y lo glorificarían.

El ángel Gabriel dijo a María: "No temas, María, porque has hallado gracia en los ojos de Dios; sábete que has de concebir en tu seno, y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y reinará en la casa de Jacob eternamente. Y su reino no tendrá fin" (Lc. 1, 30-33).

El ángel aseguró a María que su hijo Jesús sería el Salvador, quien realizaría las esperanzas albergadas por los israelitas durante tanto tiempo. El sería el rey del eterno reino terrenal. Cuando el rey Herodes se enteró a través de los tres magos del oriente, que un nuevo rey de los judíos había nacido, ordenó matarlo.

Pilatos preguntó a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le respondió: Tú lo dices (Mc. 15, 2).

Jesús vino como el rey del reino de los cielos en la tierra, es decir, de un reino terrestre del amor y la sabiduría Divina para traer a la humanidad paz y armonía.

EL TESTIGO DE SU LLEGADA

La llegada del Salvador había sido anunciada por profetas y los israelitas anhelaban presenciar el día de la llegada del Salvador. Después del nacimiento de Jesús, los Reyes Magos, los pastores en el campo, Simeón y Ana recibieron de Dios un signo de la Revelación. Ellos atestiguaron este acontecimiento mundial: el nacimiento del Salvador.

Además, Dios envió a Juan Bautista, quien debía dar testimonio de la identidad del Salvador. Juan ya había sido escogido antes de su nacimiento y fue enviado luego al desierto, donde fue preparado especialmente para su misión como testigo.

Mas, estando el pueblo en expectación y pensando todos en sus corazones que quizá Juan era el Cristo, Juan lo rebatió, diciendo públicamente: Yo en verdad os bautizo con agua; pero está por venir otro más poderoso que yo, al cual no soy yo digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará con el Espíritu Santo, y con el fuego (Lc. 3, 15-16).

Juan causó a sus prójimos la impresión de que él sería el más grande de todos los profetas. Los sacerdotes y los escribas se maravillaron y preguntaron si él mismo sería el Salvador (Jn. 1, 19-23).

¿Por qué Dios envió testigos y por qué hizo de Juan un gran profeta? Esto fue como testimonio para el Salvador, para que su pueblo siguiera a Jesús por el testimonio de Juan. Jesús dijo: "Esta es la obra de Dios: que creáis en el que El ha enviado" (Jn. 6, 29).

Desde tiempos remotos, los israelitas oraban constantemente por poder presenciar el día de la llegada del Salvador; el día en que la nación sería libertada de la opresión de los paganos y glorificada más que todas las demás naciones. ¡Pero cómo trataron a Jesús cuando llegó finalmente a ellos! Su propio pueblo negó que él fuese el Salvador, rechazó su mensaje y lo mandó crucificar. Eso ocurrió porque los israelitas no conocieron su verdadera identidad.

EL DESCUBRIMIENTO TARDIO DE SAN PABLO

Incluso San Pablo había interpretado mal la misión de Jesús y aprobado la lapidación de Esteban, un sucesor de Jesús. Luego emprendió San Pablo el camino hacia Damasco para perseguir a los cristianos.

Caminando, pues, a Damasco, ya se acercaba a esta ciudad, cuando de repente le cercó de resplandor una luz del cielo. Y, cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Hch. 9, 3-5).

¡Qué estupefacto quedó Pablo y cómo se avergonzó al enterarse de la verdad que no le fue manifestada hasta ahora! Jesús, el Salvador, para cuya llegada Pablo había orado cada día, ya había sido crucificado. Pablo había desaprovechado la gran oportunidad de conocerlo y servirle durante su vida, a pesar de haber vivido al mismo tiempo que Jesús y en el mismo país.

Pablo expresó su gran sentimiento: "Sabiduría que ninguno de los príncipes de este siglo ha entendido; que, si la hubiesen entendido, nunca hubieran crucificado al Señor de la Gloria" (1 Cor. 2, 8).

Al enterarse de la verdad sobre Jesús y al imaginarse lo que estaba a punto de cometer contra él, Pablo se acusó a sí mismo como el más grande de los pecadores.

¿POR QUE FUE PROFETIZADO EL SUFRIMIENTO DEL SEÑOR?

Por la crucifixión del Salvador, los Judíos faltaron a la Dispensa Divina y desecharon la misión bendita de ser la nación elegida.

¡La crucifixión de Jesús fue una tragedia universal!

El sufrimiento de Jesús en la cruz no fue la voluntad de Dios, ni tampoco un acontecimiento predestinado por Dios. Fue la consecuencia de la incredulidad de los judíos. En esta conexión recordemos el capitulo 53 de las profecías de Isaías, que versa sobre el sufrimiento del Señor. Hay que entender, que la Divina Providencia sólo puede ser realizada mediante la cooperación completa entre Dios y los hombres. Mientras que los hombres no cooperen de todo corazón con Dios, su proyecto para la humanidad no podrá ser realizado.

Mediante el envío de un Salvador, la voluntad de Dios se hubiera podido realizar o retardar, según el grado de fe o de incredulidad del pueblo al cual le sería enviado el Salvador. Si el pueblo hubiera reconocido y seguido al Salvador, la voluntad de Dios se hubiera realizado y Su reino establecido en la tierra. Mas si el pueblo no creía y rechazaba al Salvador, éste no haría otra cosa que sufrir.

Dios previó lo que le ocurriría en este caso al Salvador, e hizo llegar a través de Isaías no sólo la profecía sobre el Señor de la Gloria (Is. 9 y 60), sino también la profecía sobre el sufrimiento del Señor (Is. 53).

¿Quién creerá lo que nosotros hemos oído? ¿A quién será revelado el brazo del Señor? ... Despreciado, y el desecho de los hombres, varón de dolores, y que sabe lo que es padecer... Pero él mismo tomó sobre sí nuestras dolencias, y cargó con nuestras penalidades; aunque nosotros le reputamos como un leproso, y como un hombre herido por Dios y humillado (Is. 53, 1-4).

Esta profecía se realizó, pues la Dispensa original de Dios quedó incompleta. El sufrimiento de Jesús no fue predestinado ni fue tampoco el motivo del envío del Salvador.

El Salvador, rey de los reyes y señor de los señores, fue crucificado porque su pueblo no lo aceptó en su papel del Salvador, del cual él había tomado posesión. Por eso, la Dispensa principal de Dios para el Salvador no pudo llegar a realizarse.

Jesús no pudo cumplir totalmente toda su misión, es decir, la rehabilitación espiritual y física del hombre y del universo entero. El consiguió sólo la salvación espiritual del hombre. Quien tiene fe en Jesús, se salva espiritualmente y entra en el paraíso. El cuerpo físico, empero, continúa quedando bajo la dominación satánica.

Las últimas palabras de Jesús en la cruz fueron: "Todo está cumplido" (Jn. 19, 30). Esto no significa que Jesús haya cumplido toda su misión. El sólo dio a entender, que su vida y la obra que él había emprendido habían finalizado. El prometió regresar porque la mitad de su misión había quedado incompleta. Debemos hacer constar, que Jesús no habló de la segunda llegada ya desde el comienzo de su oficio espiritual, sino que no lo mencionó hasta ver la imposibilidad de cumplir con su misión original.

EL CAMINO DE LA CRUZ; UNA INFRACCION DE LA VOLUNTAD DE DIOS

Ahora podemos entender fácilmente por qué Jesús oró tan desesperadamente en el huerto de Getsemaní.

Habiendo tomado consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y angustiarse. Y les dijo entonces: Mi alma está triste hasta la muerte: aguardad aquí, y velad conmigo. Y, adelantándose algunos pasos, se postró en tierra sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, no me hagas beber este cáliz; pero, no obstante, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú (Mt. 26, 37-39).

Si la muerte en la cruz hubiera sido el único medio para la salvación de la humanidad caída y, por lo tanto, la Divina Providencia y la predestinación de Dios, Jesús no se hubiera entristecido tanto y vacilado en aceptar la cruz. Tampoco hubiera él suplicado que el cáliz del sufrimiento sea alejado de él. El mismo Esteban, uno de los pocos sucesores de importancia de Jesús, fue lapidado y oró mientras moría por sus enemigos. Innumerables mártires soportaron terribles torturas sin lamentarse, alabando al mismo tiempo a Dios. ¿Pudo haber sido Jesús, el Redentor de la humanidad, más débil en la fe que otros, cuando suplicó que el cáliz fuera alejado de él? No, no pudo haber sido más débil. El oraba tres veces desesperadamente porque sabía que su muerte en la cruz era contra la Providencia original de Dios.

Ya que Jesús no pudo cumplir toda su misión, la realización del ideal de la Creación Divina fue retardada. Después del pecado original, el corazón del Padre Celestial se quebrantó. Su creación no le causó ni alegría ni gloria. Jesús había venido para libertar a Dios de su aflicción y de sus pesares. Mas al no obtener éxito en toda su misión, no pudo ahora Jesús elevar su cabeza hacia Dios.

En la época del Antiguo Testamento, los patriarcas y profetas habían colocado el fundamento y preparado el camino para la llegada del Salvador. Estos antepasados creyentes, que ya se encontraban en el mundo espiritual, esperaban que Jesús cumpliera la Dispensa Divina y terminara la obra que ellos habían empezado. Jesús se afligió mucho de que esto haya fracasado.

El pueblo de Israel había sido observado y preparado especialmente durante un largo tiempo de sufrimientos, para estar preparado para el día de la llegada del Salvador. Pero, al haber rechazado al Salvador, su largo tiempo de sufrimientos fue en vano. El pueblo fue sentenciado al abandono y a la maldición. Jesús, que sentía un amor fuerte y profundo hacia su pueblo, quedó con el corazón quebrantado al pensar en el triste destino de los judíos.

El previó que sus discípulos y sus sucesores tendrían que cargar la cruz y sufrir como él había sufrido, ya que él era su Señor y modelo. Sus sucesores debían cargar la cruz hasta el momento de la segunda llegada. Por eso, Jesús se sintió extremadamente triste.

Si Jesús hubiese cumplido la Providencia Divina, el reino de los cielos en la tierra ya habría sido establecido durante su vida. Entonces la humanidad no hubiera tenido que sufrir por más tiempo en este mundo pecador. Pero, como el restablecimiento del reino de los cielos fue retardado, un sinnúmero de hombres tuvieron que sufrir en esta tierra y una cantidad incalculable de almas fueron echadas en el infierno. Jesús se sintió responsable por ello.

Los pensamientos sobre las consecuencias de su muerte en la cruz, produjéronle torturas más intensas y por eso oró: "Si es posible, no me hagas beber este cáliz". El deseaba encontrar otro camino que no sea la muerte, para poder ejecutar aún la orden Divina.

Si la muerte en la cruz hubiera sido la voluntad predestinada de Dios, entonces Judas Iscariote, quien traicionó y vendió al Señor, tendría que haber desempeñado un papel muy importante. Si él ayudó a ejecutar la voluntad de Dios, ¿por qué se colgó? El papel de Judas debe ser considerado por lo tanto como un papel renitente. Jesús dijo: "En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado: mejor le fuere al tal si no hubiese jamás nacido!" (Mt. 26, 24). La muerte de Jesús fue la Dispensa Divina secundaria, la cual él deseaba que no se cumpliera.

Jesús había hecho todo lo posible, anhelando que el pueblo de Israel lo reconociera y creyera en él. Predicó en parábolas sobre el reino de los cielos que intentó establecer. Ejecutó grandes obras, mediante las cuales el pueblo pudo ver quién era él. Pero la población terca no creyó en él a pesar de todo, y negó sus palabras y obras. Finalmente censuró su incredulidad, diciendo con el corazón quebrantado:

¡Ay de ti, Corazaín!, ¡ay de ti, Betsaida!, que si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han obrado en vosotras, tiempo ha que habrían hecho penitencia, cubiertas de ceniza y de cilicio (Mt. 11, 21-24).

Al acercarse a Jerusalén, derramó lágrimas por esta ciudad, diciendo: "¡Ah, si conocieses también tú, por lo menos en este día, lo que puede atraerte la paz! Mas ahora está todo ello oculto a tus ojos,... por cuanto no has conocido el tiempo en que Dios te ha visitado" (Lc. 19, 41-44).

El se había esforzado por conmover a los judíos con sus palabras, obras y oraciones para que creyeran en él. Pero fue todo en vano.

Entonces Jesús comenzó a hablar de la segunda llegada. Reconoció que no era posible en aquel tiempo, establecer el reino de los cielos en la tierra y redimir a la humanidad física y espiritualmente. Reconoció que para él era inevitable abandonar sus esfuerzos en la redención física de la humanidad. Las profecías, que se refieren al Señor de la Gloria escritas en Isaías capítulos 9, 11 y 60, no han podido por lo tanto llegar a realizarse. A causa de la incredulidad de los judíos, se cumplió la predicción sobre el sufrimiento del Señor.

EL SUFRIMIENTO INEVITABLE Y LA MUERTE

Jesús comenzó a contar a sus discípulos que iría a Jerusalén y sufriría muchas cosas en manos de los ancianos, del sumo sacerdote y de los escribas, y que sería ajusticiado. Tomándolo aparte, Pedro trataba de disuadirlo, diciendo: "¡Ah, Señor!, de ningún modo: no ha de verificarse eso en ti" (Mt. 16, 22).

Pedro, el primer discípulo, se asombró y se espantó al enterarse del sufrimiento de Jesús. ¿Por qué se hubiera asombrado Pedro al oír del sufrimiento de su maestro, si Jesús había predicado de su misión como el Señor que debería de sufrir? La alusión hecha con respecto a su sufrimiento fue evidentemente muy distinta a la que Jesús había hecho a sus discípulos anteriormente. Pero eso fue, apenas tomó su decisión de tomar la cruz, ya que no vio otra salida.

Por lo visto Jesús había indicado a sus discípulos más íntimos, que él había venido para establecer el reino de los cielos en la tierra, y que durante su vida tomaría posesión del gobierno del mundo como el Rey de los reyes y el Señor de los señores. Santiago y Juan habían dicho a Jesús: "Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu diestra y el otro a tu siniestra" (Mc. 10, 37). Es posible que esto haya motivado a los discípulos a seguir a Jesús, así como las enseñanzas morales y espirituales con respecto al reino espiritual de los cielos.

Jesús tomó la resolución del sufrimiento en la montaña, a la cual había ascendido para orar. En ese momento se le aparecieron Moisés y Elías. Lo inevitable de su sufrimiento se tornó en evidente ante su presencia. "Y viéronse de repente dos personajes que conversaban con él, los cuales eran Moisés y Elías, que aparecieron en forma gloriosa, y hablaban de la muerte de él, que iba a cumplir en Jerusalén" (Lc. 9, 30-31). Mas Pedro y los demás discípulos se habían entregado al sueño y no pudieron enterarse de las decisiones que fueron tomadas. Pedro estaba muy agitado al ver a Moisés y Elías y propuso: "Maestro, bueno es que estemos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías" (Lc. 9, 33). Pedro no había comprendido en absoluto el contenido de la conversación.

LOS SECRETOS REVELADOS

Jesús dijo a sus discípulos: "Aún tengo otras muchas cosas que deciros; mas ahora no podéis comprenderlas. Pero cuando él venga, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa" (Jn. 16, 12-13). El no pudo decirles todo bajo estas circunstancias, ni dar a conocer en aquel tiempo el objeto de su llegada. Si el pueblo de Israel hubiera creído en él y se hubiese unificado con él, entonces le hubiera sido posible revelar el completo significado de su misión y llevar a cabo su propósito original. Pero su pueblo estaba contra él y Jesús se encontraba solo. Por eso era inútil y aun peligroso, decir más sobre su misión principal.

El cristianismo fue introducido en el Imperio Romano como un movimiento puramente espiritual, y no obstante, tropezó con la peor de las persecuciones. ¡Cuánto más peligroso hubiera sido, si Jesús hubiese anunciado con franqueza el establecimiento de un reino en la tierra! El suyo fue el reino del amor, de la sabiduría y la fuerza Dívina, y no tenía nada que ver con cosas políticas, militares o mundiales. A pesar de eso, nunca hubiera sido tolerado por el Imperio Romano. Por eso Jesús evitó hablar al respecto. Predicó sobre el reino de los cielos en parábolas y símbolos, y evitó revelar su reino en sermones directos.

Cuántas veces los cristianos citan este pasaje tan conocido: "Que amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito; a fin de que todos los que creen en él no perezcan, sino que vivan vida eterna" (Jn. 3, 16).

La mayoría de los cristianos explica este pasaje, como que el Salvador fue enviado para ser ajusticiado y que la crucifixión de Jesús fue la Providencia Divina substancial. La Sagrada Biblia es interpretada en este sentido.

Es verdad que Dios dio un hijo al mundo, un Salvador en la tierra, que Dios no intervino en el momento de la crucifixión. Pero no fue el propósito principal de Dios, que Jesús debería morir en la cruz para la salvación espiritual de los hombres. Dios se había propuesto más que eso; a saber, la realización de la salvación física y espiritual de los hombres durante la vida de Jesús.

Dios deseó que Jesús estableciera el reino de los cielos en la tierra, en caso que esto fuese posible. Pero los judíos rechazaron a Jesús y lo mandaron crucificar.

La crucifixión fue solamente una solución, que Jesús optó en la montaña, en cuya cima él oró. Esto lo hizo después de que fue evidente que su misión, es decir, el establecimiento del reino de los cielos en la tierra, no sería completamente realizable durante su vida.

La Sagrada Biblia contiene por cierto las enseñanzas de Jesús; pero no revela todo sobre la voluntad de Dios. El verdadero motivo de la llegada de Jesús, el cual no ha sido revelado por Dios hasta el presente, debería ser ahora claro para el lector. Hasta ahora, la crucifixión de Jesús había sido considerada como la Providencia Divina principal y la Sagrada Biblia interpretada en este sentido.

El sentido oculto de la voluntad de Dios no ha sido revelado hasta ahora, ni aclarado el significado de la llegada del Salvador. Cristo debe regresar para cumplir su incompleta misión. El prometió hacerlo.

 

CAPITULO IV

CRISTOLOGIA

ADAN Y EL ARBOL DE LA VIDA

Jesús hizo uso de muchas parábolas y símbolos para explicar su misión como el Salvador. Una de sus parábolas se refirió a plantas.

Jesús se comparó a sí mismo con una verdadera vid y a sus discípulos con los sarmientos (Jn. 15, 1-8). San Pablo estableció la comparación con un olivo y las ramas de un olivo silvestre (Rom. 11, 17). El árbol de la vida mencionado en Génesis, capítulos 2 y 3, no es una planta en sentido literal, sino que se trata de una expresión simbólica.

El evangelio de Juan (capítulo 1, 1-3), revela que Adán fue creado por el Verbo Divino. El ideal de la Creación Divina era que Adán, de acuerdo con los principios de la Creación, debía lograr la perfección. Luego, como hombre perfecto, llegaría Adán a ser la encarnación de la Palabra Divina. El árbol de la vida simboliza al hombre perfecto, completamente desarrollado tanto espiritual como físicamente, como la encarnación de la Palabra Divina.

El camino que conduce al árbol de la vida le fue prohibido a Adán después de su pecado original y custodiado por un querubín con espada (Gn. 3, 23-24). Por eso, el árbol de la vida, es decir, la idea del hombre perfecto, no pudo llegar a realizarse a causa del pecado original.

La esperanza más grande del hombre caído es el regreso al Jardín del Edén y la realización del ideal del árbol de la vida. Por eso, el árbol de la vida fue mencionado en la Biblia al comienzo del Génesis y al final del Apocalipsis. El pecado original implicó la pérdida del árbol de la vida, cuyo restablecimiento sucederá después de la rehabilitación del hombre.

Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que lavan sus vestiduras, para tener derecho al Arbol de la vida y a entrar por las puertas de la ciudad (Ap. 22, 13-14).

La idea de la Creación Divina es el alfa (el comienzo), y la perfección del hombre (el árbol de la vida) es el omega (el resultado final), la realización de la idea Divina. El alfa regala al omega su amor, que le es correspondido por la hermosura del omega, formando así un ciclo cerrado de dar y tomar entre el comienzo y el final. Esto es la consumación del ideal de la Creación Divina. La realización del árbol de la vida fue al principio el objeto de la Creación; mas entonces se convirtió en el objeto del restablecimiento.

Con la llegada de Jesucristo, el Verbo, que al principio había estado con Dios, se encarnó (Jn. 1, 2). Jesucristo fue la encarnación de la Palabra Divina. Por eso, San Pablo calificó a Jesús como el último Adán (1 Cor. 15, 45).

Jesús debía ser el modelo de un hombre perfecto que no había caído. Por lo tanto, unificándose con él, se hubiera podido llegar a ser perfecto. La misión de Jesús era la realización del árbol de la vida, y eso hubiera sido alcanzado, si Jesús hubiese cumplido su misión completamente y no hubiera sido crucificado.

EVA Y EL ARBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL

Ha habido varias clases de árboles en el Jardín del Edén, tratándose aquí de verdaderas plantas (Gn. 2, 16). Pero el árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida fueron expresiones simbólicas. Estos dos árboles, que poseían nombres particulares en contraposición a verdaderas plantas, representaban al primer hombre y a la primera mujer, que lograrían la perfección. El árbol de la vida se refirió a Adán, que hubiera debido ser perfecto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal representaba a Eva antes del pecado original. La fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal simbolizaba el amor de Eva, y comer de él significaba tener relaciones sexuales contra la voluntad de Dios.

Si Eva hubiera logrado la perfección, la unión con Adán, y recibido la bendición de Dios, hubiera llevado ella consigo la fruta del bien. Pero por haberse unido antes con Lucifer, llevó consigo la fruta del mal.

JESUS, LA ENCARNACION DEL VERBO DIVINO

En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Por él fueron hechas todas las cosas: y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas (Jn. 1, 1-3).

El Verbo fue la idea de la Creación Divina. Jesús fue la encarnación del Verbo, así como lo había sido Adán antes del pecado original. Jesús debía convertirse en el árbol de la vida, luego de haber cumplido con su misión.

La relación entre Dios y el hombre puede ser comparada con la relación entre el espíritu y el cuerpo. Si Adán no hubiese caído, hubiera podido llegar a convertirse en el templo de Dios, y así estar en Dios y Dios en él, como el espíritu dentro del cuerpo. El segundo Adán, Jesús, dio a entender que él sería el templo de Dios, y que a través de él, sus discípulos podrían convertirse en templos. "Entonces conoceréis vosotros que yo estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí, y yo en vosotros" (Jn. 14, 20). Si el primer hombre y la primera mujer se hubiesen convertido en templos de Dios, todos los hombres como sus descendientes podrían ser templos de Dios desde su nacimiento e igualmente divinos como Jesús.

Jesucristo vino a este mundo en lugar de Adán, para manifestarse como el objeto perfecto y visible del Dios invisible. Jesús fue un hombre como cualquier otro. La diferencia entre él y los demás hombres radica en que, a través del cumplimiento de su misión Divina como Salvador, debía alcanzar la perfección, mientras que los demás eran todos hombres caídos, que solamente a través de él podían llegar a ser perfectos. Por eso, por su misión Divina, Jesucristo fue único entre los hombres. Esto está comprobado por los pasajes siguientes:

Porque uno es Dios, y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Tim. 2, 5).

Pues, a la manera que por la desobediencia de un solo hombre fueron muchos constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo serán muchos constituidos justos (Rom. 5, 19).

Que así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su propio orden: Cristo, las primicias, después los de Cristo cuando su advenimiento (1 Cor. 15, 22-23).

Jesús dijo que él era la verdadera vid y sus discípulos los sarmientos. Nosotros somos el templo y él es la cabeza del templo. El es el olivo y nosotros somos las ramas del olivo silvestre, que están unidas con él por injerto. A causa de su misión especial, fue Jesús un hombre único en su especie, con la hermosura interior de la creación en su forma original.

EL ESPIRITU SANTO

Si Adán y Eva no hubiesen caído, hubieran llegado a ser los padres ideales de la humanidad. Mas a causa del pecado original, los hombres se convirtieron en hijos ilegítimos, sin verdaderos padres ante los ojos de Dios. Ellos tuvieron al diablo por padre. Jesús dijo: "Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre" (Jn. 8, 44).

Antes de la rehabilitación de la humanidad entera, deberá restablecerse primeramente un padre verdadero en lugar de Adán. Así como Dios ha creado un hombre (Adán), para el cual creó una mujer (Eva), así El rehabilita primeramente a un hombre y extiende su obra hasta consumar la completa rehabilitación. En Jesucristo, se encarnó el Verbo Divino por segunda vez, para restablecer al Adán sin pecado original. De este modo debería Jesús, como el segundo Adán, llegar a ser el verdadero padre de la humanidad (Is. 9, 6).

Puesto que la caída fue consumada por el primer Adán y la primera Eva, la rehabilitación deberá ser efectuada por el segundo Adán y la segunda Eva, y eso, mediante el exterminio de los pecados humanos. Jesús vino en calidad de representante de un Adán perfecto. ¿Pero quién fue el que vino como representante de una Eva perfecta? Fue el Espíritu Santo.

Ya les ha sido revelado a muchas personas, que el Espíritu Santo es un espíritu maternal. El Espíritu Santo trabaja en lugar de Eva y extermina pecados que fueron motivados por la primera Eva. Puesto que el Espíritu Santo es un espíritu femenino, los corazones de los pecadores serán conmovidos y revivificados por él.

Ninguna persona podía enfrentarse a Jesús, antes de no haber recibido al Espíritu Santo. Nadie pudo creer en Jesucristo como el verdadero padre, antes de no haber estado poseído por el Espíritu Santo. El hombre como pecador, renació al recibir una nueva vida mediante el amor de los verdaderos padres: Jesucristo y el Espíritu Santo.

Ni Jesús ni el Espíritu Santo pueden obrar solos; pues como ninguno de ellos representa por sí la imagen de Dios, la acción Divina de dar y tomar sería imposible. La intención de Dios fue que Jesús tomara una esposa en lugar de Eva. Mas a causa de su temprana muerte en la cruz, Jesús no tuvo oportunidad de cumplir la misión de la boda bendita, que Dios había previsto originalmente para Adán y Eva. Por eso, fue necesario para Jesús ponerse en contacto con el Espíritu Santo mediante la acción de dar y tomar, para facilitar el renacimiento espiritual de aquellos que creían en él. Este renacimiento a través del amor de Jesucristo y del Espíritu Santo se califica como regeneración.

LA SANTISIMA TRINIDAD

Si Adán y Eva hubieran alcanzado la perfección y hubiesen sido unidos por la bendición de Dios, podrían haberse enfrentado a Dios como objeto perfecto y formado con El una trinidad. No es posible para personas solteras presentarse ante Dios como objeto perfecto, porque no pueden establecer la perfecta relación de dar y tomar con Dios, quien en su mismo ser unifica el carácter masculino y femenino. Personas solteras, por eso, no pueden realizar el ideal de la Trinidad.

A causa del pecado original, esta Trinidad Divina no fue realizada. Jesús logró por primera vez esta Trinidad por su unión con el Espíritu Santo, pero sólo espiritualmente. El ideal de la Trinidad Divina se verá realizado cuando un hombre perfecto y una mujer perfecta sean unificados con Dios en una relación perfecta de dar y tomar. Cuando el Jardín del Edén haya sido restablecido, cada hombre perfecto y cada mujer perfecta formarán en su matrimonio la Trinidad con Dios en la tierra.

 

 

CAPITULO V

LA CONSUMACION DE LA HISTORIA HUMANA

EL OBJETIVO DE LA HISTORIA HUMANA

Muchos eruditos han estudiado detenidamente la historia de la humanidad, y meditado largo tiempo sobre la finalidad y el objetivo de la historia de la humanidad; pero hasta ahora ninguno pudo dar una respuesta concreta. Una respuesta se podrá encontrar sólo mediante un profundo entendimiento del motivo de la Creación y de la Divina Providencia para la redención. En este capítulo nos ocuparemos del problema del objetivo de la historia humana. La Providencia Divina de toda la historia será tratada en otros capítulos.

Dios ha intervenido en la historia humana, para dirigirla hacia el restablecimiento del mundo original de la creación. En el mundo original, Adán y Eva hubieran podido gozar de una unión perfecta en el amor, con la bendición de Dios. De esta unión hubieran nacido hijos sin pecados, quienes se hubieran extendido sobre el mundo entero. (Si la intención de Dios se hubiese realizado desde el comienzo, no hubieran ocurrido tales calamidades como el castigo del diluvio, los pecados, las enfermedades, la pobreza y las guerras. La humanidad entera hubiera podido vivir sobre la tierra en paz y armonía). A pesar de la Dispensa Divina para Eva y Adán, el Jardín del Edén, es decir, el reino de los cielos en la tierra, no pudo realizarse a causa del pecado original de Adán. En su lugar fue establecido el reino de Satanás en la tierra, lo que fue una tragedia universal, por la cual sufrió también el resto de la creación.

San Pablo sintió este padecimiento de toda la creación y dijo: "Así las criaturas todas están aguardando con grande ansia la manifestación de los hijos de Dios. Porque se ven sujetas a la vanidad, no de grado, sino por causa de aquel que les puso tal sujeción, con la esperanza de que serán también ellas mismas libertadas de esa servidumbre a la corrupción, para la libertad y gloria de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta ahora toda la creación está suspirando, y como en dolores de parto. Y no solamente ella, sino también nosotros mismos que tenemos ya las primicias del Espíritu, nosotros, con todo eso, suspiramos de lo íntimo del corazón, aguardando la adopción de los hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo" (Rom. 8, 19-23).

Dios envió a Jesús, el Salvador, para restablecer el mundo y realizar así el objetivo Divino de la creación del mismo. Pero Jesús fue rechazado y mandado crucificar por el pueblo elegido, los judíos.

Así, la Dispensa Divina para el restablecimiento del mundo fue retardada nuevamente. El objetivo Divino de la Creación debe aún ser realizado.

Dios es todopoderoso y no renuncia a Su ideal original de la Creación y a su realización. El siempre es leal y nunca desistirá del cumplimiento de Su promesa y de Su bendición para la humanidad. Su firme resolución está expresada en los siguientes versículos: "Yo he dicho esto, y lo ejecutaré; yo lo he ideado, y lo cumpliré" (Is. 46, 11).

Pues en toda verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra, que no un yod o una tilde de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mt. 5, 18).

EL FIN DEL MUNDO

Muchos cristianos interpretan los pasajes en Mateo 24, 29 y 2 Pedro 3, 10 en sentido literal y creen que en los "últimos días" el sol se obscurecerá, la luna no alumbrará más, las estrellas caerán del cielo, los cielos con espantoso estruendo se desharán, los elementos con el calor se disolverán, y la tierra y las obras que existan sobre la misma, serán consumidas por el fuego. Si estas cosas ocurrieran sin la realización del objetivo de la creación, el ideal de la Creación Divina del universo entero sería frustrado totalmente y El perdería su dignidad como Creador. Si Dios no pudiera realizar su propósito, no sería omnipotente. Está escrito: "Pasa una generación, y le sucede otra; mas la tierra queda siempre estable" (Ecl. 1, 4). Este mundo nunca será destruido. Dios no fracasará en la realización de su Verbo y del restablecimiento del Jardín del Edén terrestre. Dios nunca ha cesado de obrar para alcanzar este fin. Por intermedio de sus fieles siervos, Dios siempre ha obrado en la realización de su ideal de la Creación, tanto en las épocas del Antiguo como del Nuevo Testamento. Al enviar a Jesús a la tierra, Dios intentó completar su obra. Pero Jesús no pudo realizarla totalmente y sólo logró la redención espiritual de los hombres. Por el oficio espiritual de la segunda llegada de Cristo, la Providencia para la rehabilitación de la humanidad y del mundo será finalmente consumada. La redención corporal o la salvación física se realizará en nuestros tiempos. El reino de los cielos será erigido hoy sobre la tierra y la Providencia Divina será consumada. Por este motivo especial, Dios ha intervenido en la historia humana y la dirigió hacia el restablecimiento del Jardín del Edén perdido.

Los "últimos días" o "el fin del mundo" expresan por lo tanto el fin de una época. Dios dijo a Noé: "Llegó ya el fin de toda carne, decretado por mi: llena está de iniquidad la tierra por sus obras; pero yo los exterminaré juntamente con la tierra" (Gn. 6, 13). Con eso quiso decir que El pondría fin a la época pecaminosa en la cual vivía Noé. Esto no significaba que Dios llevaría efectivamente a cabo la destrucción de la tierra al pie de la letra.

Jesús usó también como expresión "el último día". Con eso se refería al fin de la época del Antiguo Testamento. El tenía la intención de terminar con la época pecaminosa de la dominación satánica, así como llevar a cabo el Antiguo Testamento y de este modo concluir la época de este mismo. Mas esto no llegó a realizarse. Los ''últimos días" en el Nuevo Testamento significan, en lo que se refiere a la segunda llegada de Cristo, el fin de la época del Nuevo Testamento. Para poder cerrar el último capítulo de esta época, debería finalizar la dominación satánica en el mundo y consumarse el Nuevo Testamento.

EL ANTIGUO UNIVERSO Y EL NUEVO UNIVERSO

Después del pecado original del hombre, adoptaron lo malo y lo bueno una posición ofensiva y defensiva respectivamente. Bajo la intervención directa de Dios en las batallas y guerras de la historia, en las cuales lo bueno luchaba contra lo malo, lo bueno se fue acrecentando continuamente hasta acercarse a una posición dominante. En el año 1960 tuvo lugar un acontecimiento importante, por el cual lo bueno obtuvo la soberanía. Debido a esto, las fuerzas del bien del universo tomaron ahora la ofensiva y lo malo fue desplazado a la defensiva. Por eso, lo malo va a decaer en fuerzas rápidamente.

La antigua soberanía satánica sobre este mundo fue destruida. El "fin del mundo" se refiere al fin de la soberanía del mal mediante el restablecimiento del dominio del bien. Dios reinará en lo sucesivo directamente sobre el mundo y los hombres.

A pesar de encontrarse derrotada la dominación satánica en el mundo, la tierra y su población seguirán existiendo. La decadencia o la derrota de una nación no significa la destrucción total del país y su pueblo, sino simplemente la decadencia de su soberanía. Con la derrota de la soberanía del mal, entramos en la época de la Consumación del Testamento, la cual trae consigo, como punto culminante, la consumación total del Antiguo y del Nuevo Testamento. En esta época de la Consumación del Testamento, Dios hablará directamente con los hombres perfectos.

En la época de la Consumación del Testamento, la cual comienza con el cumplimiento de la segunda llegada de Cristo, se verán hechas realidad estas palabras de la Revelación:

Y vi un cielo nuevo y tierra nueva. Porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y ya no había mar (Ap. 21, 1).

El "primer cielo" se refiere al paraíso y la "primera tierra" señala al mundo en el estado en que se encontraba antiguamente bajo el orden de la dominación satánica. El "cielo nuevo" es el reino de Dios, que será establecido encima del paraíso. La "tierra nueva" es el nuevo mundo bajo el dominio del bien.

Lo siguiente se verá asimismo hecho realidad en nuestros tiempos: "Pero luego, después de la tribulación de aquellos días, el sol se obscurecerá, la luna no alumbrará, y las estrellas caerán del cielo, y los ejércitos de los cielos temblarán" (Mt. 24, 29).

En la época de la ley de Moisés, la figura de Moisés alumbró como una gran luz sobre el mundo espiritual. Pero después de la llegada de Jesús, propagaron Jesús y el Espíritu Santo una luz más intensa que la de Moisés, cuyo brillo no alumbró más en la época del Nuevo Testamento. En el paraíso, Jesús fue el centro espiritual y el "sol" radiante. Por su potencia luminosa, el Espíritu Santo fue comparado con la luna. Con el establecimiento de un nuevo cielo encima del paraíso, Jesús ya no continúa siendo el "sol" como centro de este cielo nuevo. El nuevo Salvador, el soberano del nuevo cielo y de la nueva tierra, difunde un resplandor mucho más grande que Jesús. El nuevo Señor será el "sol" del nuevo cielo.

¿Cuáles son las estrellas que "caen del cielo en los últimos días"? Las estrellas representan a los discípulos de Jesús y a otros santos del paraíso, así como a los cristianos en la tierra. Estos santos en el paraíso no brillarán más como seres claros y luminosos, puesto que los hombres y mujeres perfectos de la época de la Consumación del Testamento propagarán una luz mucho más intensa en el nuevo cielo y sobre la nueva tierra.

Muchos de los cristianos de estos últimos días caerán en la incredulidad, ya que la segunda llegada de Cristo ocurrirá de una forma completamente imprevista, así como les sucedió a los sacerdotes, escribas y fariseos de los judíos, porque Jesús no llegó del modo como habían esperado al Salvador. Por eso, en los últimos días caerán muchas estrellas del cielo, es decir, del paraíso.

Jesús predijo que la mayoría de los cristianos caerá en la incredulidad: "¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a El día y noche, aun cuando los haga esperar? Os aseguro que no tardará en vengarlos. Pero, cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?" (Lc. 18, 7-8).

No todo aquel que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre Celestial. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos nosotros profetizado en tu nombre, y lanzado en tu nombre los demonios, y hecho muchos milagros en tu nombre? Mas entonces yo les contestaré: Jamás os he conocido; apartaos de mí, operarios de iniquidad (Mt. 7, 21-23).

Incluso aquellos que han servido a Dios con fuerzas y dones espirituales, fácilmente se equivocarán al reconocer a Cristo en el momento de su regreso, en caso de aparecérseles de un modo inesperado. Si cometen el error de negarlo, él a su vez también los negará y rechazará. Por eso, él encontrará mucha incredulidad y poca fe en la tierra.

EL PUNTO DE APOYO DE DIOS Y EL JUICIO

Desde el importante acontecimiento del año 1960, por el cual el bien se encuentra ahora en la ofensiva, Dios ha alcanzado una fuerte posición en la tierra, la cual sirve como base para el restablecimiento Divino del universo entero. Este fundamento está predestinado a servir como base del reino de los cielos que aumenta rápidamente. Esta fuerte posición es el punto en el que Dios llevará a cabo el Juicio cósmico y en el que establecerá en la tierra el orden de la justicia Divina

El medio del juicio Divino no es la bomba atómica, sino la Palabra Divina, la cual El ha estado revelando para este momento de la segunda llegada de Cristo y aún sigue revelando. El "juicio del fuego" es el juicio mediante la Palabra Divina. Según Santiago 3, 6, la "lengua" es un fuego. Aquí el concepto "lengua" se refiere a las palabras de los hombres. Dios, por lo tanto, destruirá lo malo en la tierra en el "fin del mundo" con el "fuego" de su boca, es decir, con su Verbo. Esto consta también en otros pasajes de la Sagrada Biblia:

A la tierra la herirá con la vara de su boca, y con el aliento de sus labios dará muerte al impío (Is. 11, 4).

Y entonces se dejará ver aquel inicuo a quien el Señor Jesús matará con el resuello de su boca y destruirá con el resplandor de su presencia (2 Tes. 2, 8).

Así los cielos que ahora existen, y la tierra, se guarden por la misma palabra, para el fuego en el día del juicio y del exterminio de los hombres malvados (2 Pd. 3, 7).

Quien me menosprecia, y no recibe mis palabras, ya tiene juez que le juzgue: la palabra que yo he predicado, ésa le juzgará en el último día (Jn. 12, 48).

La "vara de su boca" y el "aliento de sus labios" expresan la palabra de Dios. Los judíos del tiempo de Jesús no fueron juzgados según la ley de Moisés, sino de acuerdo con las palabras habladas por Jesús. Del mismo modo, los cristianos no serán juzgados de acuerdo con el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino según las nuevas revelaciones. Jesús resucitó a Lázaro con sus palabras y el mismo Pedro pudo provocar la muerte de Ananías y Safira usando sus palabras, luego de haber ellos mentido al Espíritu Santo, poco tiempo después de las Pascuas (Hch. 5, 1-11). Las palabras de Dios reveladas recientemente serán cien veces más poderosas que las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Dios juzgará a la humanidad con Sus palabras.

Para el establecimiento de un nuevo sistema, la abolición o destrucción del antiguo sistema será inevitable y necesaria. Una modificación radical de la constitución del mundo sobrevendrá dentro de diez años y el tránsito será de año en año más claramente visible.

En este periodo transitorio del mundo satánico al dominio de la soberanía universal de Dios será, hasta un cierto grado, inevitable una destrucción física. Fuerzas destructivas de una magnitud sin precedentes serán desencadenadas e influirán la vida humana espiritual, física y material sobre la tierra, como jamás ocurrió antes en la historia de la humanidad. Nubes sombrías de temor y miedo cercarán los espíritus de los hombres en todas las partes del mundo. Grandes pérdidas materiales y desmoronamientos económicos y morales tendrán lugar en dimensiones sin precedentes en la historia del mundo.

LA CONFUSION EN EL MUNDO ESPIRITUAL

En las regiones más altas del paraíso se realizan en estos momentos manifestaciones, en las cuales se proclama el comienzo de la nueva era y el establecimiento del nuevo cielo. También los espíritus de las zonas medias notan esto más y más. Ellos ayudan en estas demostraciones. Los espíritus de la zona baja, e incluso aún los espíritus malos, se enterarán finalmente de lo que ocurre en las regiones altas; comprenderán que será sólo en su provecho unirse a este nuevo movimiento. Por lo tanto, un sinnúmero de espíritus unificarán sus fuerzas y colaborarán solícitamente en la proclamación y propagación del reino de los cielos. Millones de seres espirituales vendrán a la tierra para intervenir en los asuntos humanos a nivel individual, nacional e internacional.

Pero muchos espiritualistas aun no saben nada sobre estas cosas, porque no tienen ningún contacto con espíritus de las regiones más altas. Pero no tardarán mucho en enterarse de estas cosas, cuando estas novedades hayan sido difundidas sobre todo el mundo espiritual. El ataque del mundo espiritual se efectuará en varias formas, como por ejemplo, despertando a los hombres mediante diversas revelaciones espirituales, esparciendo Su Espíritu sobre todos los pueblos, como ha sido profetizado en Joel 3, 1-5, así como instruyendo hombres preparados mediante revelaciones. En muchos casos sobrevendrá una destrucción directa de las fuerzas contrarias a la nueva revelación de Dios. Muchas intervenciones del mundo espiritual en asuntos humanos tendrán lugar. Esta es la así llamada "guerra cósmica" o el "juicio cósmico". Es el "grande y espantoso día del Señor" mencionado en la Sagrada Biblia.

En este momento crítico, la mayoría de los presidentes del consejo parroquial y sus feligreses no tendrán idea alguna de los acontecimientos y se aferrarán a su fe ortodoxa. Iglesias de diferentes confesiones se unificarán para obstaculizar la nueva obra de Dios. Mas cuando un número suficiente de hombres se haya cerciorado del significado Divino de esta nueva revelación, sobrevendrá una revolución religiosa. También el mundo espiritual trabajará muy activamente en la abolición de estos grupos contrarios a este movimiento cósmico. La revolución religiosa, que surgirá bajo la influencia del mundo espiritual, conducirá finalmente a la humanidad entera hacia una religión universal.

LA DEMOCRACIA Y EL COMUNISMO

Dios creó en un principio un mundo solo. Este mundo fue dividido por los hombres en muchas partes y en muchas naciones, en la mayoría de los casos en relación con guerras. Cuando Caín mató a su hermano Abel, empezó la guerra en el comienzo mismo de la historia humana, la cual prosiguió a través de todos los siglos. De este modo empezó la guerra por el conflicto de dos personas y se extendió luego sobre familias, parentelas, tribus y finalmente sobre las naciones. Ahora el mundo se encuentra dividido en dos grandes bloques, el comunismo y la democracia, que representan simbólicamente y en una dimensión universal, a Caín y Abel. Debemos señalar, que el conflicto entre estas dos ideologías (la democracia y el comunismo) es uno de los numerosos signos del "fin del mundo". Un último conflicto mundial entre estas dos ideologías es inevitable. Cuando estudiamos la historia, encontramos que las guerras, que en un sentido relativo representaban un conflicto directo entre lo bueno y lo malo, generalmente finalizaban con la victoria de aquellos partidos que luchaban por el bien. De esta manera ha estado Dios obrando siempre hacia el restablecimiento de su soberanía en la tierra y el aniquilamiento completo del dominio satánico.

En el último conflicto decisivo entre el comunismo y la democracia (simbólicamente Caín contra Abel en una proporción universal), provocará la providencia directa de Dios la victoria del bien. Sin embargo, esto no significa que todas las naciones democráticas y sus poblaciones sean cristianas y buenas, ni que todas las naciones comunistas y sus poblaciones sean ateas y malas. Esto significa simplemente, que la democracia como ideología es relativamente buena en comparación con el comunismo. En esta última lucha de poderes entre el mal y el bien, será la Providencia Divina la que hará someter al mal por el bien y la que unificará el mundo por las fuerzas del bien.

En una lucha decisiva, una victoria de la democracia no sería duradera. La democracia que resultaría de esta victoria no traería una paz eterna y no podría unificar el mundo bajo una sola ideología. La democracia occidental no puede conquistar ideológicamente aquella parte de la población mundial neutral o comunista. Por eso, la ideología predominante del nuevo mundo no podrá ser ni el comunismo ni la democracia. Dios ha revelado una nueva ideología, la cual unificará el mundo entero bajo la soberanía Divina, como había sido creado originalmente. Luego no habrá nunca más guerras.

La democracia ha cumplido su cometido en los últimos dos siglos, para preparar la llegada de la nueva era. La democracia garantizó los puntos siguientes, o por lo menos afirmó protegerlos: derechos humanos, igualdad de derechos del hombre y la mujer, igualdad de las razas; libertad de palabra, la prensa y reuniones; libertad de cultos y de la elección de los ambientes; la oportunidad para el desarrollo de las aptitudes personales, posibilidades más grandes de educación para cada persona, y la libertad de estudio y de investigación. Por estos privilegios, la generación presente pudo prepararse para la nueva era. En un mundo satánico, la democracia es la forma de gobierno preferible; pues en el reino satánico, no posee nadie una soberanía dominante que se pueda apoyar en la sabiduría y el amor Divino. Bajo estas circunstancias es mejor, por lo tanto, reunir la sabiduría y la fuerza de muchas personas. Pero en la era de oro, el soberano reinará en el mundo con sabiduría, amor paternal y con una fuerza Divina absoluta. Este soberano no será elegido por los hombres, sino designado por Dios. Aunque el gobierno de la nueva época no tendrá una forma democrática como la conocemos ahora, los puntos buenos y fuertes de la democracia serán conservados para siempre. La democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno, hasta el comienzo de la época de oro y hasta el establecimiento del reino de los cielos en la tierra.

En esta época de oro, las grandes conquistas científicas occidentales configurarán la vida exterior del nuevo mundo confortable y agradablemente. Las grandes conquistas religiosas y metafísicas del oriente darán forma a la filosofía de la nueva era. Por eso, habrá una armonía en las relaciones entre las culturas orientales y occidentales en la nueva época. La unificación del mundo tendrá lugar horizontalmente entre el occidente y el oriente, así como verticalmente entre los mundos físicos y espirituales. En este mundo unido, todos los pueblos vivirán juntos en armonía y compartirán una sola filosofía religiosa bajo la dirección directa de Dios. Esta nueva época no se denominará más la "era cristiana", sino, con la introducción de un calendario cósmico, la "era cósmica".

 

 

CAPITULO VI

LA RESURRECCION

EL SIGNIFICADO DE LA RESURRECCION

La resurrección es, literalmente, "el despertar de los muertos". Para comprender su significado, habrá que aclarar primeramente el vocablo "muerte". Dios dijo a Adán: "Porque en cualquier día que comieres de él, ciertamente morirás" (Gn. 2, 17). ¿Qué quiso decir Dios con la palabra "muerte"? ¿Habrá sido el hecho, por el cual el cuerpo físico del hombre envejece, muere y se convierte en polvo? No. Esa muerte es sólo un proceso natural de la vida física, de acuerdo con los principios de la Creación. Ningún cuerpo físico ha sido creado para vivir eternamente. Sin embargo, el hombre tiende a identificarse con su vida física, porque no sabe, que su alma vivirá para siempre en el mundo espiritual, luego de haberse separado del cuerpo. Por consiguiente, la separación del alma de su cuerpo no es una muerte ante los ojos de Dios.

La muerte es el estado espiritual en el cual el hombre no puede percibir el amor de Dios, y por lo tanto, se encuentra incapacitado para corresponderlo. Esta es la pérdida de la capacidad del hombre de poder establecer una relación de dar y tomar con Dios. La causa de esa muerte es el pecado original y la soberanía de Satanás.

Adán y Eva, quienes alcanzaron el grado más elevado de la etapa del crecimiento, violaron el mandamiento de Dios y cayeron en su desarrollo espiritual hasta más allá de la etapa de la formación. Sus descendientes nacerán por lo tanto, por debajo de la etapa de la formación y tendrán que ascender desde ahí hasta la etapa del crecimiento y de la perfección. La resurrección es el proceso del restablecimiento de la naturaleza humana original; la finalidad de la resurrección, es alcanzar la perfección.

Conforme a los principios de la Creación, la Providencia Divina es que el hombre, en su vida física, resurja hasta alcanzar la etapa de la perfección. Cuando aparece un hombre perfecto sobre la tierra, se crea al mismo tiempo un espíritu Divino en el mundo espiritual. La resurrección es un fenómeno de la nueva creación del alma. Por medio de la resurrección, el hombre experimenta el renacimiento espiritual; él nace realmente de nuevo.

Después del pecado original, no se experimentaron cambios físicos exteriores en Adán y Eva. De la misma forma, no se producirán cambios físicos exteriores al pasar a través del fenómeno de la resurrección. No obstante, acontece un cambio espiritual poderoso, cuando el hombre es alejado del poder de Satanás y entra en el dominio de Dios. Inmediatamente después de completarse esta resurrección, Satanás no puede ya dominar al hombre.

LA RESURRECCION DE LOS HOMBRES TERRESTRES

LA RESURRECCION HACIA EL GRADO DE LA FORMACION

La obra de la resurrección no pudo comenzar inmediatamente después del pecado de Adán. Fue preciso colocar primeramente un fundamento y Dios obró dos mil años (desde Adán hasta Abraham) en el establecimiento de este fundamento.

La obra de la resurrección comenzó con la familia de Abraham. En aquel tiempo se acercaban incluso los hebreos (el pueblo escogido) a Dios, por medio de sacrificios. Como los hombres de aquellos tiempos se hallaban espiritualmente tan deficientemente desarrollados, se valieron de animales y vegetales para sus sacrificios, como intermediarios entre ellos y Dios. Cuando los hombres habían alcanzado un nivel espiritual superior, recibieron de Dios los diez mandamientos y demás leyes por medio de Moisés. Más adelante aparecieron profetas y aumentaron más aún la vida espiritual de los israelitas, transmitiéndoles otros aspectos éticos y espirituales de la esencia de Dios. De esta forma se llegó a un desarrollo espiritual en continuo adelanto, desde el tiempo de Abraham. La era del Antiguo Testamento se hallaba en general bajo el signo de las leyes de Moisés. Los hombres de aquella época eran respetuosos y temerosos de Dios, el Rey y Señor, y siguieron la ley de Moisés con un sentimiento del deber y temor. En el mejor de los casos, permanecían en la posición de siervos de Dios. A causa de su deficiente desarrollo espiritual, no hablaba Dios en general directamente con ellos, sino enviaba mensajes por medio de Sus ángeles. De ahí que incluso los siervos fieles de Dios, es decir, los patriarcas, jueces y profetas, sólo podían resucitar hasta el grado de la formación. Sus formas espirituales fueron por lo tanto espíritus de formación, y por medio de su obra fue establecido el grado de la formación en el mundo espiritual. En él aguardaban la llegada del Mesías.

LA RESURRECCION HACIA EL GRADO DEL CRECIMIENTO

Sobre la base del grado de la formación, fue posible la llegada de Jesús. La misión de Jesús fue elevar el estado espiritual de los hombres, desde el escalón máximo del grado de la formación hasta el grado de la perfección.

De acuerdo con la ley de atracción, el grado de amor de un hombre para con Dios está determinado por la distancia entre él y Dios. Los fundadores de las religiones no cristianas exponían en sus enseñanzas a Dios, en un sentido abstracto y confuso, como una Divinidad suprema, mientras que por el contrario, Jesús expuso claramente en sus enseñanzas a Dios como nuestro Padre, haciendo resaltar el amor paternal de Dios. Las enseñanzas de Jesús correspondieron al ruego imperioso del Padre, cuyo corazón estaba roto por su amor para con sus hijos rebeldes. Mediante la revelación del corazón quebrantado del Padre, Jesús acercó a sus sucesores más aún a Dios y los elevó por encima del nivel de las enseñanzas del Antiguo Testamento y de todas las demás religiones. De esta forma, Jesús alzó a sus sucesores de la categoría de siervos a la de hijos de Dios, el Padre, y amigos de Jesús (Jn. 15, 14-15). De este modo, abrió Jesús para los hombres el camino de acercarse a Dios mediante el amor en lugar del temor y acortó la distancia entre los hombres y su objetivo máximo, esto es, la perfección física y espiritual.

A causa de la crucifixión, Jesús no pudo llevar a cabo su misión completamente, alcanzando sólo la resurrección hasta el grado del crecimiento. De ahí que todos los que fueron fieles a Jesús alcanzaron la resurrección hasta el grado del crecimiento, en el cual se encuentran los espíritus vitales. El paraíso había sido hasta entonces la región más alta del mundo espiritual, a pesar de haberse tratado en este caso, simplemente del grado del crecimiento. Los espíritus vitales del paraíso, han aguardado con gran impaciencia el regreso de Cristo.

LA RESURRECCION HACIA EL GRADO DE LA PERFECCION

Sobre el fundamento del grado del crecimiento, que fue establecido durante los dos mil años de la era del Nuevo Testamento, se cumplirá la segunda llegada de Cristo. Por medio del oficio espiritual de la segunda llegada, el hombre resucitará hacia el grado de la perfección.

Jesús enseñó que la relación que existe entre Dios y el hombre, es la del Padre hacia el hijo. Esta enseñanza fue puramente teórica, sin embargo, ya que Jesús no podía en realidad elevar a la humanidad entera a la posición de hijos de Dios. Aún cuando Jesús haya logrado preparar el camino para la resurrección espiritual hacia el grado del crecimiento, es decir, hacia aquel grado que él mismo había alcanzado, no pudo él alcanzar la resurrección completa del hombre, tanto en el mundo espiritual, como aquí en la tierra.

El Cristo que regresará, elevará más aún la posición del hombre y establecerá la relación con Dios en un sentido figurado, como la de entre una novia y su novio. ¡El elevará realmente a la humanidad entera hacia la posición de hijos de Dios! Por el oficio espiritual de la segunda llegada de Cristo, se proporcionará a la humanidad por vez primera, el camino para entrar realmente en una completa unión con Dios. Dios vivirá entonces con los hombres, como podemos leer en el Apocalipsis de San Juan: "Ved aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres, morará con ellos. Y ellos serán Su pueblo, y el mismo Dios, habitando en medio de ellos, será su Dios" (Ap. 21, 3).

Por medio del oficio espiritual del regreso de Cristo, será posible, por primera vez en la historia, la resurrección hacia el grado de la perfección. Cuando los hombres sobre la tierra alcancen la resurrección hacia la perfección, sus formas espirituales se convertirán en espíritus Divinos de hombres perfectos y ellos serán los primeros en penetrar en el reino de los cielos.

Bienaventurado y santo, quien tiene parte en la primera resurrección; sobre los tales la segunda muerte no tendrá poderío, antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años (Ap. 20, 6).

"Quien tiene parte en la primera resurrección" designa personas, que han alcanzado por primera vez la resurrección hacia la perfección. Como estos hombres habrán recibido el sello del Cristo que regresará, no podrán ser más influenciados o sometidos por Satanás.

Y vi que el Cordero estaba sobre el Monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil personas que tenían escrito en sus frentes el nombre de él y el nombre de su Padre (Ap. 14, 1).

Los hombres, con el nombre del Cordero y del Padre en sus frentes, son aquellos que habrán alcanzado la resurrección total, mediante el reconocimiento y la bendición Divina del Cristo que regresará.

LA RESURRECCION DE LAS ALMAS HUMANAS

Los Principios Divinos enseñan, que el yo espiritual o alma del hombre, va creciendo hacia la perfección en unión con el cuerpo físico. Por consiguiente, tendrán que volver los hombres de espíritus imperfectos, que no han podido alcanzar la resurrección completa en su vida terrestre, para poder completar su resurrección, por mediación de los hombres sobre la tierra. "También profetizó de éstos Henoc, el séptimo desde Adán, diciendo: Mirad que viene el Señor con millares de santos, a juzgar a todos los hombres" (Jud. 1, 14-15). Este párrafo se refiere a la llegada de un sinnúmero de almas humanas en la época de Jesús, así como en la época del regreso de Cristo.

Los espíritus vitales del grado de la formación bajaron a la tierra y ayudaron a Jesús y a sus discípulos. La efusión de los espíritus, que llegaron junto con el Espíritu Santo en Pentecostés, fue un fenómeno típico de su llegada. Por medio de esta colaboración pudieron avanzar desde el grado de la formación del mundo espiritual hasta el paraíso, el cual fue abierto mediante el oficio espiritual de Jesús. De este modo alcanzaron su resurrección, hacia el grado del crecimiento.

Del mismo modo tienen que bajar a la tierra todos los espíritus vitales del grado del crecimiento, es decir, aquellos que están en el paraíso y trabajar en colaboración con los hombres, que se encuentran en la nueva Dispensa del regreso de Cristo, para así lograr su resurrección hacia el grado de la perfección. De esta forma les será posible a los espíritus vitales, penetrar en el reino de Dios, el cual será abierto con la segunda llegada del Señor.

Sin embargo, todos estos, recomendables por el testimonio de su fe, no recibieron promesa, habiendo dispuesto Dios, por un favor particular que nos ha hecho, que no recibiesen sino juntamente con nosotros el cumplimiento de su felicidad (Heb. 11, 39-40).

El escritor de la Carta a los Hebreos, menciona en el capítulo 11, que Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y muchos otros profetas habían vivido para Dios y lo habían obedecido, con una fe bien atestiguada. Mas ninguno de ellos ha recibido hasta hoy lo que les fue prometido, es decir, alcanzar la resurrección completa. Sólo mediante los hombres sobre la tierra, que se encuentran en la Dispensa de la segunda llegada de Cristo, podrán alcanzar la resurrección completa. Nosotros tenemos en esta generación la preferencia y la posibilidad, de ser los primeros en alcanzar la resurrección completa, mientras que los hombres del mundo espiritual están pendientes de los hombres de la tierra, para alcanzar su resurrección completa hacia el grado de la perfección. Por consiguiente, aquellos que se encuentran en el mundo espiritual buscan ansiosamente hombres con quienes puedan trabajar juntos. Algunos cristianos hablan en otras lenguas, curan enfermos, profetizan, transmiten el fuego sagrado y realizan grandes obras en nombre de Jesús. Aquí se trata casi siempre de la ayuda de los espíritus vitales del paraíso.

SERIE DE MISIONES

Desde las épocas más remotas de la historia de la humanidad, los siervos elegidos por Dios fueron colocando un fundamento sobre la tierra, para el desarrollo espiritual cada vez más grande de los hombres. Sobre el fundamento del cristianismo, establecido por Jesús, la humanidad tuvo el privilegio de disfrutar un desarrollo espiritual, como nunca antes había sido posible. Los hombres de hoy día, pueden alcanzar ahora, sobre la base del oficio espiritual del regreso de Cristo, el desarrollo espiritual más elevado, es decir, la realización de la perfección física y espiritual.

Este privilegio de los hombres de hoy día, único en la historia, es cada vez más conocido en el mundo espiritual. Por esta razón llegan a la tierra incontables seres espirituales de todas las clases y categorías, para intervenir activamente en la vida de los hombres y poder disfrutar de los privilegios de esta gran época.

De acuerdo con la ley de atracción, estos seres espirituales no pueden influenciar arbitrariamente a cualquier hombre o trabajar junto con él. Ellos deben encontrar, más que nada, personas que se encuentren en el mismo estado de desarrollo espiritual que ellos. De otro modo, no podrán establecer ningún contacto con estas personas.

A lo largo del cumplimiento de la Providencia Divina para la rehabilitación universal, Dios obró a través de personas particulares, las cuales fueron elegidas por El en espacios de tiempo precisamente determinados en el transcurso de la historia, para llevar a cabo importantes misiones sobre la tierra. A Dios le interesaban especialmente las cualidades del carácter de estas personas, en la elección de las mismas para esas tareas, ya que cada misión requiere en su ejecución, un determinado tipo de hombre.

La Providencia Divina para la rehabilitación, fue llevada a cabo por las obras sucesivas de Abraham, Jacob, Moisés y Jesús. Las misiones de estos hombres elegidos por Dios fueron aumentando más y más, y ciertamente según las dimensiones del éxito alcanzado por sus antecesores, en la construcción de nuevos fundamentos para el crecimiento espiritual de los hombres. Así fueron por ejemplo las misiones de Abraham y Jacob, de un nivel individual, la de Moisés, al nivel de la estirpe, y la misión de Jesús tenía un carácter nacional y universal.

Algunas personas, que están en contacto con las regiones superiores del mundo espiritual, reciben a veces del mismo un nombre, como Pablo, Pedro, Israel y otros diferentes nombres del Antiguo y del Nuevo Testamento. Esto quiere decir, que el ser espiritual de Pablo toma contactos terrestres con un hombre determinado que tiene los mismos rasgos en el carácter que Pablo y que, por medio de esos hombres, continúa el cumplimiento de la misión de Pablo bajo la intervención y colaboración del yo espiritual del mismo. Al mismo tiempo cumple este hombre determinado su propia misión. A través del cumplimiento de las diferentes misiones, que son llevadas a cabo por determinadas personas en espacios sucesivos de tiempo, Dios lleva a cabo Su Providencia Divina de la rehabilitación total del hombre y del universo.

LA REENCARNACION

Algunas personas creen en la transmigración de las almas o renacimiento. La teoría del renacimiento fue probablemente formulada en los antiguos periodos de la historia de los hombres. Cuando espíritus que se habían separado del cuerpo tomaban posesión de personas predispuestas a recibirlos, accionando a través de ellas, indicaba esto aparentemente una reencarnación. En realidad se trataba simplemente de una posesión espiritual. La idea del renacimiento es, por lo tanto, un malentendido y una interpretación errónea del fenómeno, que se presenta con la estancia temporal de un espíritu extraño en el cuerpo de un hombre terrestre. No existe una vida anterior de los hombres sobre la tierra, ni tampoco renacimientos incesantes, individuales o corporales. El regreso a la tierra después de la muerte del cuerpo físico es sólo posible en forma espiritual.

Esto justamente tiene lugar hoy en día. En proporción creciente bajan a la tierra seres espirituales, porque el contacto con los hombres terrestres es cada vez más fácil. Las palabras de Dios: "Y después de esto derramaré yo mi espíritu sobre toda clase de hombres" (Joel 3, 2) se cumple en este momento. Todos los fenómenos espirituales posibles aparecen cada vez más frecuentemente.

¿POR QUE APARECEN FALSOS CRISTOS?

Un caso típico de los "últimos días" es la aparición de personas que quisieran pasar por el Señor. El que alcanza la posición espiritual del escalón máximo en el grado del crecimiento, recibe a veces una revelación, por la cual él "representa" al Señor o a Adán. Y cuando se trata de una mujer, se le da eventualmente el nombre de "Eva" o "mujer de Jehová".

Dios prometió a Adán y Eva la soberanía sobre toda la Creación (Gn. 1, 28). A causa de su pecado, no se pudo cumplir esta promesa. Pero Dios renovó Su promesa a aquellos que hayan recuperado el estado espiritual equivalente al de la posición de Adán antes del pecado. La revelación de que ellos son los "Señores", significa que Dios renueva Su promesa de entregar la soberanía a la humanidad. Esto no quiere decir, que ellos sean el Señor en persona o el Cristo que regresará.

Existe otra razón más, por la cual son dadas estas clases de revelaciones en este momento. En los últimos días, será la misión de aquellos que han alcanzado un alto nivel espiritual, atestiguar el momento preciso de la segunda llegada de Cristo (como Juan Bautista en la época de Jesús), ya que servirán, en un lugar y tiempo determinados, como antecesores y representantes del Señor del universo, que está por llegar. Para la finalidad de esta misión, reciben ellos a veces la revelación de que son los "Señores". Como no conocen exactamente la voluntad de Dios, es posible que esta gente proceda equivocadamente por ignorancia, como si ellos fuesen el "Señor" de la segunda llegada. Pero si ellos obran de esta manera, les serán retirados rápidamente sus donativos espirituales. Ha habido muchas personas que habían alcanzado este nivel elevado y, no obstante, rápidamente cayeron espiritualmente, porque no conocían la voluntad de Dios. Si no permanecen dentro de las fronteras de sus misiones determinadas, existe además el peligro de que se conviertan en falsos Cristos. Esta es la razón por la cual aparecen en los últimos días tantos falsos Cristos.

LAS DOCE PUERTAS DE PERLAS

Los cristianos siguen diferentes enseñanzas y se dividen en numerosos grupos dentro de la iglesia, a pesar de aspirar al mismo tiempo a las mismas metas del cristianismo, leyendo e interpretando las mismas Escrituras. Asimismo, se reúnen muy raras veces personas con dones espirituales y, a menudo, tienen grandes divergencias de opiniones sobre verdaderas pequeñeces. ¿ Por qué es esto así?

Según el Apocalipsis de San Juan, capítulo 21, 12-14, hay doce puertas de perlas que conducen a la nueva Jerusalén: tres en cada dirección, es decir, Este, Oeste, Norte y Sur. Estas doce puertas simbolizan doce tipos diferentes de hombres y las respectivas misiones de los doce discípulos de Jesús. Estos doce discípulos fueron los representantes de la humanidad y, cuando Jesús los servía y velaba por ellos, tenía al mismo tiempo el propósito de servir a la humanidad entera y velar por toda ella. Cada cristiano tiene que penetrar en el reino de los cielos por una de esas puertas, según la constitución espiritual de cada uno. Si bien cada uno encontrará al llegar, que ha alcanzado la misma meta que los demás, puede ser que él haya seguido en su camino otra dirección y creído erróneamente, que solo él se encontraba sobre el camino verdadero.

Dios desea que cada hombre llegue al reino de los cielos tan pronto como posible; por eso El trata a cada uno como si lo quisiera y le entregara sólo a él facultades valiosas. Por eso a menudo, las personas con dones espirituales se aíslan, se vuelven estrechas de mente y consideran muchas veces a otras personas como herejes y satánicas. Como a cada una de estas personas le corresponde una tarea especial, para cuyo cumplimiento sólo él fue elegido, Dios le hace saber de este modo que él es un "Señor". Estos fenómenos espirituales aparecerán más a menudo en los últimos días, como preparación para el regreso de Cristo, por cuyo oficio espiritual se alcanzará la rehabilitación del mundo entero.

Cuando regrese, Cristo unificará al pueblo de Dios con las obras ya terminadas por aquellos. Entonces verá cada uno que su propia obra fue sólo una parte del todo, y que él era el Señor sólo en el territorio de su misión. El Cristo venidero se encuentra en estos momentos juntando y coordinando estas partes o fragmentos, para realizar la obra completa. Después de esto, él recompensará a cada uno según sus méritos. Por este motivo, todos los hombres que han recibido revelaciones espirituales u obrado para Dios, tendrán que dirigirse con sus obras al Señor universal, para poder ser reconocidos por él. En caso de no hacerlo a tiempo, sus obras no podrán ser consideradas como una parte de la gran cosecha. Aunque estas personas acudan de distintas direcciones y se dirijan hacia puertas diferentes, lo más importante es que ellos penetrarán en la nueva Jerusalén con obras concluidas. De otro modo, el largo y penoso camino recorrido habrá sido sin valor ni importancia alguna.

LA UNIFICACION DE LAS RELIGIONES

Todas las religiones sirvieron como parte de la Providencia Divina, como iluminación de la consciencia de la humanidad. Las enseñanzas de Laotse y Confucio, el Budismo, Islam e Hinduismo contribuyeron a la edificación de una moral más elevada en la tierra y al desarrollo espiritual de los hombres. Estas religiones establecieron un fundamento para la consumación de la última Dispensa, es decir, para el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra. Todas las grandes religiones se fundan sobre ciertos grados de la verdad Divina y sirvieron en el transcurso de los tiempos como instrumentos de la Providencia Divina, para los diferentes grupos de hombres. Mas el cristianismo es la revelación directa de Dios, mientras que otras religiones son sólo revelaciones indirectas.

Los fundadores de las distintas religiones y los grandes filósofos formaron con sus adeptos sus propios grupos en el mundo espiritual. En el pasado, estos grupos estaban aislados los unos de los otros y un grupo no sabía con seguridad lo que hacía el otro. Sin embargo, con el comienzo de la nueva Dispensa Divina, fueron levantadas las barreras en el mundo espiritual, por las cuales estos grupos habían sido divididos en las regiones más bajas del paraíso, de acuerdo a sus conceptos con respecto a Dios y al grado de su desarrollo espiritual. Este proceso en el mundo espiritual iguala al presente abandono del aislamiento de las naciones, que han reconocido que, para su mantenimiento internacional, las unas dependen de las otras. De este modo se acerca el mundo más y más al ideal de un mundo unido, tal como había sido predicho por algunos historiadores. Este movimiento refleja los acontecimientos que se producen actualmente en el mundo espiritual.

Como la nueva Dispensa es conocida más y más en los distintos grupos del paraíso, procuran los fundadores espirituales de las religiones predominantes, así como los maestros de las grandes filosofías, informar a sus adeptos terrestres. Ellos llegan a la tierra para instruir a sus adeptos mediante revelaciones y trabajar con ellos en la preparación del camino para el oficio espiritual del Señor de la segunda llegada. Estos fundadores de religiones pueden cumplir con sus misiones y lograr la resurrección hacia el grado de la perfección, ya que sus adeptos toman parte con todo el corazón en el oficio espiritual de la segunda llegada de Cristo. Por este motivo bajan a la tierra en proporciones crecientes y con suma urgencia seres espirituales para trabajar con los hombres terrestres.

La segunda llegada del Señor es un acontecimiento universal, cuya repercusión no se limitará al mundo cristiano. Pero como la doctrina cristiana fue, durante los dos mil años pasados, la revelación directa de Dios, los cristianos tienen preferencia para tomar parte en la resurrección de la humanidad hacia el grado de la perfección y en el restablecimiento del universo. La palabra "cristianos" designa, en este caso, a aquellos que pertenecen a la creencia cristiana y que participan activamente en la nueva Dispensa.

En el momento del regreso del Señor no solo Jesús y el Espíritu Santo revelarán la nueva Dispensa Divina a los cristianos de la tierra, sino que también los fundadores espirituales de todas las religiones darán a conocer a sus adeptos el mismo mensaje Divino. Toda la humanidad, así como el mundo espiritual, participarán en la segunda llegada del Señor, para llevar a cabo su resurrección y el restablecimiento del universo. De este modo será consumada la Dispensa del regreso de Cristo.

Por primera vez en la historia se unificarán las diferentes religiones. Se creará una religión única, que conducirá a la unificación de toda la humanidad. Finalmente tendrá lugar la unión de los dos mundos, el invisible y el visible. Hombres y mujeres perfectos servirán de intermediarios entre los dos mundos y se llegará a una unión completa entre estos dos. Por lo tanto, el nuevo mundo de la perfección será de un alto grado espiritual; el Jardín del Edén será restablecido y el ideal de la Creación Divina se verá consumado sobre la Tierra.

 

 

CAPITULO VII

ESTABLECIMIENTO DE LOS FUNDAMENTOS DE LA PROVIDENCIA DIVINA PARA EL RESTABLECIMIENTO

SIGNIFICADO DEL NUMERO CUATRO

El ideal de la Creación Divina fue el establecimiento de la unidad celestial en sus cuatro posiciones: Norte, Este, Sur y Oeste, o bien, Dios, Adán, Eva y sus hijos.

A causa del pecado original, se unieron Adán y Eva con Satanás en lugar de con Dios. El resultado fue la sumisión de la humanidad bajo el dominio de Satanás. La Providencia Divina estuvo fijada en la creación de la unidad celestial, en sus cuatro posiciones. El número cuatro y sus múltiplos se encontraban en relación directa con los periodos que coincidían con el desarrollo de la realización de la Providencia para la rehabilitación. Así por ejemplo: 40 días de diluvio en la época de Noé; 1600 años desde Adán hasta Noé; 400 años desde Noé hasta Abraham; 400 años de esclavitud de los israelitas en Egipto; Moisés estuvo 40 años en la corte egipcia, 40 años en Madián y 40 años en el desierto, camino de Canaán; 40 días de ayunos y oraciones en el Monte Sinaí; 40 días de exploraciones de Canaán; 400 años de gobierno de los jueces sobre los israelitas en Canaán; soberanía de 40 años respectivamente para Saúl, David y Salomón; los 40 días de ayuno de Elías; 40 días de ayunos y oraciones de Jesús; 4000 años desde Adán hasta Jesús; 40 generaciones desde Abraham hasta Jesús, etc.

EL PRINCIPIO DE LA INDEMNIZACION

Dios no lleva a cabo Su Providencia para el restablecimiento arbitrariamente, sino de acuerdo a la ley de la indemnización. A causa del pecado original, el hombre perdió sus valores originales internos, es decir, perdió su disposición hereditaria a la perfección, o bien, la imagen de Dios en el hombre y se convirtió en deudor de su Creador.

Dios tiene dos motivos por los cuales nunca abandonará al hombre caído. 1) Porque Dios creó al hombre para que reflejase Su imagen Divina y Dios no se dará por satisfecho hasta que el hombre no cumpla este propósito. 2) La vida eterna es una parte de la naturaleza humana, sin considerar el estado del hombre en esta vida eterna. Dios no dejará Su creación en un eterno estado incompleto e imperfecto. Por consiguiente el hombre tendrá que ser llevado a su estado primitivo sin pecados. El hombre, como pecador y deudor de Dios, no puede por sí solo y por su propia fuerza quitarse de encima su deuda, para restablecer sus valores originales.

A causa del pecado original, el hombre se corrompió y, al unirse voluntariamente con Satanás, se sometió a él. Por eso Satanás exige un derecho sobre el hombre. Para la redención es por lo tanto necesario que el hombre, rechazando a Satanás, manifieste voluntariamente su deseo de volver a Dios. Sólo dando este primer paso en su camino hacia la redención, puede el hombre reparar sus hechos y liberarse de su estado pecaminoso.

Dios actúa siempre de acuerdo con los Principios Divinos creados por El y no puede ir en contra de dichos principios y perdonar al hombre incondicionalmente; sin embargo, Dios hace concesiones para que el hombre sólo tenga que liberarse de una fracción de su deuda total. De esta manera, Dios permite al hombre indemnizarlo por los pecados cometidos. Cuando el hombre haya cumplido estas condiciones, será reconocido por Dios como si nunca hubiese pecado.

El deseo del hombre de volver a Dios puede compararse con el brazo de una balanza sensible. Cuando el hombre desea realizar la voluntad Divina, Dios ejerce, por medio de Su influencia Divina, una fuerza hacia Su lado de la balanza. A esto ejerce Satanás, con su influencia negativa, una fuerza contraria en el brazo opuesto de la balanza. A veces es la influencia negativa de Satanás la que se pone primeramente de manifiesto, teniendo entonces Dios que hacer valer Su influencia Divina positiva. De esta manera el hombre, en el transcurso de su regreso a Dios, se ve expuesto a una constante lucha, rechazando a Satanás, quién ataca implacablemente y ejerce su influencia negativa. Satanás no renuncia al hombre, mientras éste no haya sido completamente recogido por Dios y sellado como propiedad Divina. En el transcurso de su rehabilitación, el hombre se ve por lo tanto obligado a indemnizar tanto a Satanás como a Dios.

En algunos pasajes de la Sagrada Escritura se da a entender cómo se exige estrictamente la indemnización.

Asegúrote, de cierto, que de allí no saldrás hasta que pagues el último céntimo (Mt. 5, 26).

Mas Zaqueo, puesto en presencia del Señor, le dijo: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado en algo a alguno, le voy a restituir el cuádruplo. Jesús le respondió: Ciertamente que el día de hoy ha sido día de salvación para esta casa; pues que también éste es hijo de Abraham (Lc. 19, 8-9).

De estos versículos se deduce que hay que cumplir ciertas condiciones para lograr el perdón de Dios. Dios, en Su amnistía, hace concesiones al hombre en lo que se refiere a la deuda de éste para con Dios; mas El exige, en lo posible, una compensación total de las deudas entre los hombres.

Pero si siguiese la muerte de ella, pagará vida por vida; ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe (Ex. 21, 23- 25).

De la Sagrada Escritura se deduce que los hombres antes de la época de Moisés (y aún más tarde) tendían a vengarse y, por cierto, en una proporción que excedía a los perjuicios verdaderos. La ley de Moisés se promulgó para evitar la venganza desmesurada. El promotor de un acto maligno debía contar por lo menos con los mismos perjuicios, o tenía que reparar los mismos totalmente.

El creer en Jesús como el Redentor creó una condición para la indemnización, sobre la cual Dios podía comenzar con la obra de la redención de los hombres.

FUENTE DE REFERENCIAS

La humanidad entera es el objeto de la rehabilitación. Para la rehabilitación de la humanidad, Dios escogió una nación, Israel, como Su instrumento directo, de la misma manera que Dios había escogido a una persona, Abraham, para la rehabilitación de la nación de Israel.

La historia de Israel descrita en el Antiguo Testamento constituye el fundamento para el estudio de la Providencia Divina, desde Adán hasta Jesús. Después de la resurrección y ascensión de Jesús, se convirtieron los cristianos, que fueron denominados por el apóstol San Pablo como el "Israel espiritual", en el objeto inmediato de la Providencia Divina. Por ello, el Nuevo Testamento solo es insuficiente. Para el estudio de la historia de la Providencia Divina, desde Jesús hasta el presente, debemos añadir los 2000 años de la historia de la iglesia cristiana.

Como quiera que nosotros empleemos el Antiguo y el Nuevo Testamento, seguiremos la cronología allí escrita. Admitimos, sí, que la cronología del Génesis pueda tener un valor simbólico y no un mero significado histórico. Mas como nosotros consideramos otros personajes y sucesos históricos del Antiguo Testamento como auténticos, no podemos desechar del todo la cronología mencionada anteriormente. A las revelaciones se les da a menudo un carácter simbólico, de ahí que la cronología desde Adán hasta Abraham tenga también un valor simbólico. Al igual que con la cronología que sigue a Abraham, asimismo seguiremos la cronología como está escrita en el Antiguo Testamento.

LA DISPENSA PARA LA FAMILIA DE ADAN

Hombres y ángeles son entes espirituales que han sido creados para la eternidad. Sus formas espirituales existirán siempre y nunca perecerán. Esta es la razón por la cual Dios, como su Creador, no los pudo abandonar, ni tampoco dejarlos eternamente en un estado de imperfección, si bien ellos mismos fueron responsables por sus actos. De acuerdo con los Principios Divinos, Dios tiene que volver a los hombres y ángeles caídos al estado primitivo sin pecados.

Adán y Eva, quienes fueron creados completamente buenos, se convirtieron en una mezcla del bien y del mal al unirse con Satanás. Por consiguiente ellos no pudieron ser totalmente tomados en posesión ni por Dios ni por Satanás. Así pues, Adán y Eva fueron trasladados a una posición neutral que se iguala a una zona intermedia entre Dios y Satanás.

Como el hombre fue creado para servir a un solo Dios, no puede tener dos amos. Debido a las relaciones ilícitas de Lúcifer con Eva, Satanás tenía un fundamento para reclamar al hombre para sí y dominarlo. A pesar de que este dominio satánico sobre el hombre era contrario a los Principios Divinos, incluso Dios, Creador del hombre, no podía rescatarlo del poder de Satanás, a no ser que el hombre expresara su deseo de volver a Dios. Dios deseaba que el hombre le demostrara su fe y por eso creó las condiciones para el regreso del hombre a Dios. Con la prueba de una nueva fe humana en Dios, se crearía un fundamento para la rehabilitación.

Dios dejó al hombre consumar sacrificios para que demostrara su repudio hacia Satanás y su nueva confianza en Dios. Si los sacrificios hubieran llegado a ser aceptables para Dios y la confianza humana en El evidente, entonces Satanás no hubiera reclamado más al hombre y Dios lo hubiera aceptado. Si a causa de insuficiente fe, los sacrificios no hubiesen llegado a ser aceptables para Dios, podía Satanás seguir reclamando al hombre para sí y continuar dominándolo.

El hombre fue creado para servir a Dios y por eso sólo debería consumar sacrificios para El. Adán tenía buenos y malos elementos dentro de sí; por eso se encontró en una situación en la cual él no pertenecía ni a Dios ni a Satanás. Consumar sacrificios para dos amos, para Dios y para Satanás, iba contra los Principios Divinos. A causa del mal, Satanás podía reclamar a Adán para sí. Para pertenecer a Dios, había que alejar primeramente el elemento malo. Por esta razón, Adán no estaba calificado para consumar sacrificios como una condición para volver a Dios.

No obstante, Dios permitió a Caín y Abel, hijos de Adán, consumar sacrificios. Dios colocó a Caín y a Abel en dos posiciones opuestas, en las cuales ambos representaban el bien y el mal y, al mismo tiempo, los buenos y malos elementos de Adán. Desde sus posiciones opuestas, Caín y Abel tenían que ofrecer sacrificios a Dios

Se tenía que decidir ahora quien debía representar lo bueno y quien lo malo. Caín y Abel eran los hijos de Adán y Eva, y así, los hijos de los hombres caídos. Sus posiciones fueron determinadas por dos motivos fundamentales.

El primer motivo fue el pecado original, resultado de la violación de la ley de Dios por Eva. Eva se corrompió a causa de dos clases de relaciones amorosas ilícitas. Su primera relación con Lúcifer fue contra los Principios Divinos, por lo cual ambos pecaron espiritualmente.

La segunda relación ilícita fue con Adán, quien no debió convertirse sin la bendición de Dios en el marido de Eva, sin antes haber alcanzado la madurez completa. Sin embargo, en este estado imperfecto, toda relación sexual entre Adán y Eva era una transgresión del mandamiento de Dios e iba contra los Principios Divinos. Por esta razón, Eva pecó también corporalmente. Aunque ambas relaciones fueron ilícitas, el motivo de la segunda fue algo diferente al de la primera. Eva se arrepintió de su primera falta de todo corazón y quiso volver a Dios, uniéndose con Adán, a quien Dios aún amaba. Por eso la segunda transgresión de Eva justificó compasión, aunque no dejaba de ser pecado, si bien después de haber alcanzado Adán y Eva la perfección, su matrimonio hubiese sido bendecido por Dios.

Caín fue el primer hijo del amor entre Eva y Adán y por eso fue colocado en aquella posición que representaba las primeras relaciones amorosas de Eva con Lúcifer, es decir, lo malo. Abel, por el contrario, fue el segundo hijo del amor entre Eva y Adán y por lo tanto fue colocado en aquella posición que representaba la segunda relación, la relación amorosa con Adán. La segunda transgresión de Eva fue una transgresión relativamente buena. El motivo de la segunda relación no fue realmente malo y mereció compasión.

Hubo además otro motivo por el cual Abel representaba lo bueno. Caín, el primogénito, debió ser llevado por Dios. Pero como Satanás ya había tomado posesión del hombre, reclamó para sí al primogénito. Esto dejó a Abel, el segundo hijo, en una posición que lo acercaba a Dios. Esta fue la causa por la cual fueron bendecidos los hijos segundos y no los primeros, en el transcurso de la historia de la Providencia para la rehabilitación. Así por ejemplo, los hijos primogénitos de los egipcios y los primerizos de sus animales fueron matados, antes de la emigración de los israelitas. Dios amó a Jacob y odió a Esaú cuando éstos se encontraban aún en el vientre de su madre. Cuando José trajo a sus dos hijos, Manasés y Efraim, para que fueran bendecidos por Jacob, éste cruzó sus manos, poniendo la derecha sobre la cabeza de Efraím, el más joven, y la izquierda sobre la cabeza del mayor, Manasés (Gn. 48, 14-19). En estos casos los hijos primogénitos representaron la posición de Caín y los segundos, la posición de Abel.

Por estas razones, el ofrecimiento de sacrificios de Caín y Abel a Dios simbolizaron las posiciones opuestas de los mismos.

Abel fue pastor y Caín labrador (Gn. 4, 2). Abel ofreció a Dios los primerizos de su rebaño con sus grasas, mientras que Caín ofreció el fruto de la tierra. Dios aceptó el sacrificio de Abel y rechazó en cambio el sacrificio de Caín.

Es importante comprender el motivo por el cual Dios rechazó el sacrificio de Caín y por qué aceptó el sacrificio de Abel. La causa no reside en la diferencia existente entre ambos sacrificios, sino en las diferentes posiciones, tanto de Caín como de Abel. Abel estaba más cerca de Dios porque representaba lo bueno; Caín por el contrario, representante de lo malo, se encontraba en una posición que lo acercaba a Satanás.

Debido a su posición, representando la del arcángel caído Lúcifer, Caín tuvo que cumplir una condición de la indemnización para poder ser admitido por Dios. Caín tenía que llevar a cabo la indemnización mediante la conversión de la caída de Lúcifer, para lo cual, se debía someter a Abel, mostrándole amor, para así, con su hermano como mediador, acercarse a Dios.

Lúcifer, quien había estado celoso de Adán, había abandonado su posición primitiva para dominar a Adán. De la misma manera, Caín tenía que demostrar amor a Abel, pero en una situación en la que Caín igualmente podía estar celoso de Abel. Asimismo, Caín debía someterse a Abel, para lo cual renunciaba a su posición de hermano mayor, para recibir por medio de Abel la gracia de Dios. De esta manera Caín hubiera llevado a cabo la indemnización por los hechos del arcángel caído, recuperando su posición de nacimiento y, en consecuencia, la aceptación de Dios. A través de este acto de indemnización Caín, hubiese rehabilitado no sólo su propia posición, sino también la de toda la familia de Adán.

Caín, que sabía exactamente lo que tenia que hacer, sólo pudo repetir la misma acción del caído Lúcifer y, debido a sus celos y odios hacia su hermano Abel, acabó dándole muerte. A través del fracaso de Caín, se echó a perder la dispensa de Dios para la familia de Adán. Un fundamento de la fe no pudo ser colocado en la familia de Adán. l.600 años transcurrieron antes de que haya sido posible escoger otra familia.

Desde la época de Caín y Abel existieron las mismas relaciones opuestas, no sólo entre personas, sino también entre familias, iglesias, naciones y entre las potencias ideológicas del comunismo y la democracia. La imagen de Caín, que comprende todas las formas del mal, tiene que someterse a la imagen de Abel, representante de todas las formas del bien. Finalmente, las fuerzas de Caín tendrán que acercarse a Dios mediante sus contrarios, las fuerzas de Abel. En estas relaciones, se podrá distinguir quién ocupa la posición de Caín y quién la de Abel.

LA DISPENSA PARA LA FAMILIA DE NOE

Noé fue un descendiente de Set, tercer hijo de Adán. Set recibió la posición de Abel, al ser éste asesinado por su hermano Caín. Desde Adán hasta Noé transcurrieron diez generaciones (1600 años). Este periodo de diez generaciones y 1600 años tiene un significado simbólico muy grande.

¿Qué señalaban las diez generaciones'? El número diez es la suma de 9 y l. El periodo total de crecimiento del desarrollo del hombre hasta su perfección, será representado a través del número 9. Este número marca las tres etapas de la formación, crecimiento y perfección, las cuales son a su vez subdivididas en tres y clasificadas en un total de nueve etapas. Sólo cuando hayan pasado las nueve etapas, se podrá entrar en el dominio de Dios. El número diez significa por lo tanto: "El regreso a Dios después de alcanzar la perfección". El número diez significa también "el todo". Diez generaciones forman por lo tanto un ciclo espiritual, que fue necesario para la separación total de Satanás.

1600 años han tenido el mismo significado que 16. El número 16 es un múltiplo del número 4, que en los Principios Divinos simboliza la unidad de las cuatro posiciones, es decir, el objetivo de la Providencia para la rehabilitación. Así pues, diez generaciones y 1600 años, marcan un ciclo espiritual completo para la separación de Satanás.

Al final de este ciclo, Dios había creado una condición para el comienzo de Su Dispensa. Ahora se tenía que encontrar a una persona adecuada que tomase posesión de la obra Divina. Dios escogió a Noé, un hombre de mucha fe, quien construyó un arca en 120 años. Noé fue sumamente obediente con Dios, al ejecutar esta tarea sumamente complicada en un mundo corroído y sin fe. Su gran fe hizo posible que Noé fuese elegido por Dios para llevar a cabo Su Dispensa.

Dios escogió a Noé y a su familia para que llevasen a cabo la tarea de la indemnización, que no le fue posible llevar a cabo a la familia de Adán. De ahí que Noé ocupase la posición de Adán y por consiguiente la de "padre de la humanidad" (Gn. 9, 7).

Dios quiso a través de la familia de Noé edificar un fundamento de la Providencia para la rehabilitación del mundo original, carente de pecados. Para la creación de este fundamento, Dios tuvo que santificar a la familia de Noé, para lo cual El la separó totalmente de Satanás. Dios consiguió esta separación, mediante la exterminación del mundo pecador, mediante los 40 días de lluvias e inundaciones que se originaron a causa del diluvio de los 40 días.

El objetivo para el restablecimiento es la formación de la unidad celestial en sus cuatro posiciones, es decir, en la unidad fundamental del reino de Dios. A lo largo de la Providencia para el restablecimiento, señalaron los números 4 y 40, al igual que otros múltiplos del número 4, periodos especiales que eran necesarios para la separación del hombre de Satanás. El número cuatro no es por lo tanto solamente la unidad Divina en las cuatro posiciones, sino el número Divino de la separación entre el hombre y Satanás. Los 40 días de lluvia sirvieron por eso para el establecimiento del número cardinal cuatro, como un periodo de separación de Satanás.

El arca de Noé tuvo tres cubiertas, como símbolo de los tres grados del desarrollo (formación, crecimiento y perfección) y simbolizó además una nueva creación. A través de Noé fue representado Adán; a través de los hijos de Noé, la humanidad; y con los animales del arca, la creación entera.

Las actividades de Noé al final de la inundación representaron simbólicamente el proceso de la Dispensa Divina. Noé dejó volar a un cuervo por todas partes hasta que las aguas de la tierra se secaron (Gn. 8, 6). Luego Noé dejo volar durante tres semanas, cada semana una paloma. Finalmente la última paloma no regresó, lo que indicó un descenso de las aguas. El cuervo simbolizó a Satanás y la paloma al Señor. Con estos hechos quedó simbolizado el desarrollo de la Providencia Divina para el restablecimiento. El vuelo del cuervo fue la representación del hecho de Lúcifer; los vuelos de las palomas, que fueron enviadas tres veces, pueden ser válidas para las representaciones correspondientes a las misiones de Adán, Jesús el Nazareno y del Cristo que regresará.

Luego de asegurarse Noé y su familia de que el suelo estaba seco, abandonaron el arca y empezaron una nueva vida. Los sobrevivientes del diluvio fueron los ocho miembros de la familia de Noé, quienes correspondían a los miembros principales de la familia de Adán, a saber: Adán y Eva, sus tres hijos (Caín, Abel y Set) y sus tres mujeres respectivas. Estos habían estado unidos con la Dispensa Divina para la familia de Adán y fueron excluidos por el fracaso de Caín. El número 8 representa por lo tanto un nuevo comienzo. Por ejemplo, después de los siete días de la Creación, comenzó un nuevo ciclo al octavo día. Los hijos de los israelitas fueron circuncidados al octavo día de su nacimiento, lo cual significaba un comienzo nuevo como hijos de Dios. Los ocho miembros de la familia de Noé formaron una nueva familia, a través de la cual podía iniciarse una nueva creación.

Noé se dedicó a la agricultura y plantó viñedos. Un día Noé bebió demasiado vino y, tendiéndose desnudo en su tienda, quedó entregado al sueño. Al ver Cam, su segundo hijo, la desnudez de su padre, se avergonzó y contó lo visto a sus hermanos Sem y Jafet. Entonces los hermanos de Cam cogieron un manto y, poniéndolo sobre sus hombros, se dirigieron a la tienda caminando hacia atrás y cubrieron la desnudez de su padre (Gn. 9). Al despertar Noé y enterarse de lo que hizo Cam, maldijo al hijo de éste, Canaán, a ser un siervo de sus hermanos.

El surgimiento de este primitivo sentimiento satánico de la vergüenza en la familia de Noé, sobre todo en Cam, es un hecho de gran significación. Mediante la conducta de Cam, pudo Satanás penetrar en la familia de Noé y los 40 días del diluvio, es decir, los 40 días de separación de Satanás, quedaron frustrados. De esta manera, la Dispensa Divina para la familia de Noé no llegó a realizarse.

El sentimiento de la vergüenza surgió en el hombre con la caída de Adán y Eva. Este sentimiento de vergüenza que surgió en Cam y que era de origen satánico, fue un motivo para Satanás para reclamar a Cam para sí, de modo que éste tuvo que ser rechazado por Dios.

En el estado primitivo de desnudez pecó Adán, sintió vergüenza y perdió el sentimiento de la inocencia. La familia de Noé se encontraba en la misma posición que la familia de Adán, y así tuvo la familia de Noé que pagar la indemnización por el fracaso de la familia de Adán. El estado de inocencia, que había existido antes de la caída de Adán, tenía que ser restablecido por la familia de Noé.

Cam, el segundo hijo de Noé, ocupaba la posición privilegiada del segundo hijo, de la misma manera que Abel, el segundo hijo de Adán.

Esta posición privilegiada del segundo hijo resultó de la toma del poder de Satanás en Caín. Como consecuencia, los hijos segundos fueron preferidos por Dios, para la realización de Sus Dispensas, en la historia de Israel. Esto vale hasta ahora y prevalecerá hasta que la completa consumación de la rehabilitación del mundo se haya hecho realidad.

La familia de Noé tenía que rectificar las faltas de la familia de Adán, para indemnizar a Dios. Pero como Adán pecó en el estado primitivo de la desnudez y se avergonzó, perdiendo por lo tanto su inocencia, fue necesario que Cam, como el segundo hijo y en la posición preferida de Dios, fuera sometido a una prueba, teniendo para eso que enfrentarse a un estado de desnudez, con el fin de poder comprobar la presencia o ausencia del sentimiento de la vergüenza. Pero como Cam se avergonzó al ver la desnudez de Noé, su padre que dormía en su tienda, Cam no superó la prueba de Dios.

El fracaso de Cam trajo consigo los siguientes resultados: 1) El propósito del juicio de los 40 días fue destruido. 2) Las diez generaciones desde Adán hasta Noé, se habían perdido. 3) La gran fe que había demostrado Noé fue en vano. A pesar de que Noé siguió conservando su gran fe, Dios no lo pudo utilizar por más tiempo para la consumación de Su Dispensa a través de Cam. Cam había fracasado. Lo que se había alcanzado hasta entonces quedó sin efecto y sin valor por el fracaso de Cam. Dios había querido mucho a Cam, debido a su papel importante como segundo hijo en la familia de Noé; mas él se encontró finalmente perdido, pues Cam ya no podía servir para la consumación de la Providencia para el restablecimiento del Jardín del Edén en la tierra. Toda persona o familia elegida por Dios para la realización de la Providencia Divina, debía estar separada de Satanás totalmente.

Mientras estas cuatro condiciones no se veían cumplidas, Dios no podía iniciar una nueva Dispensa. Un ciclo completo de diez generaciones era necesario en la tierra, para que, al realizarse el cumplimiento de estas condiciones, Dios pudiese comenzar de nuevo. Estas condiciones no se volvieron a cumplir hasta la época de Abraham. El número importante 40 y las diez generaciones, fueron recuperados al mismo tiempo debido a la edad reducida del hombre. Después de 400 años, o diez generaciones, Dios escogió a otro hombre de mucha fe: Abraham. También la cuarta condición fue cumplida por Abraham, a pesar de haber sido el hijo primogénito de Tare, comerciante de imágenes falsas a quién Satanás quería. Desde la época de Caín y Abel, Dios amó a los hijos segundos; Satanás prefirió por el contrario a los hijos primogénitos, quienes se hallaban en la posición de Caín. Sin embargo, Satanás había escogido a Cam, el hijo segundo querido por Dios. En venganza, Dios escogió ahora a Abraham, quien por su posición como primogénito era amado por Satanás y lo situó en la posición de Cam. A través de Abraham, Dios restableció las posiciones de Noé, Cam y Adán.

LA DISPENSA PARA ABRAHAM

Según los Principios Divinos, Dios debía crear en la tierra un fundamento para la realización de Su Providencia para el restablecimiento. Para conseguir este fundamento, Dios tenía que encontrar primero a un hombre, para obrar a través de él. Sin ese hombre, le hubiese sido a Dios imposible llevar a cabo Su Providencia. La creación del primer fundamento, que serviría para poder continuar la obra del restablecimiento, ocupó un periodo de 2000 años (desde Adán hasta Abraham).

Después que la familia de Noé había fracasado en la realización de su misión, Dios escogió a Abraham para crear un fundamento de la fe, a fin de que Dios pudiese enviar al Mesías para la rehabilitación del mundo. Ante Dios, Abraham se colocó en la misma posición que había ocupado Adán, antes de su caída. Abraham se encontró por lo tanto ante el deber de indemnizar a Dios por el fracaso de Adán.

Dios llamó a Abraham desde Ur, en Caldea, y le ordenó que abandonase su tierra, sus parientes y su casa paterna, para ponerse en camino hacia un país, que le sería revelado por Dios. Con una obediencia y confianza absoluta, Abraham abandonó su patria y, acompañado por su mujer Sara y su sobrino Lot, se dirigieron a Canaán. Mas como en Canaán reinaba una carestía, siguieron camino a Egipto. Antes de entrar al país, Abraham le dijo a Sara que se hiciera pasar por su hermana. Cuando llegaron a Egipto, el faraón tomó a Sara en su casa por su gran belleza. Entonces Dios mandó plagas a la casa del faraón. Temeroso, el faraón pidió a Abraham que abandonase Egipto, llevándose a su mujer.

Lúcifer había tomado a Eva, cuando ella y Adán aún vivían como hermanos. Abraham tuvo que enfrentarse con situaciones parecidas a las de Adán y Eva; y para el cumplimiento feliz de su misión, tuvo que recoger a Sara, la cual había sido pretendida por el faraón, quedando sin embargo intacta. Si Abraham no hubiese recogido a Sara, su misión hubiera fracasado.

En este caso, el faraón representó al arcángel Lúcifer. Rescatando a Sara del faraón y llevándose consigo a su sobrino Lot y todas las mercancías de Egipto, Abraham rehabilitó simbólicamente a la mujer, a los hijos y todas las demás cosas que Satanás había quitado a Adán.

Dios mostró a Abraham las estrellas del cielo y le prometió: "Pues así, le dijo, será tu descendencia. Creyó Abraham a Dios, y reputósele por justicia. Díjole después: Yo soy el Señor, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte la posesión de esta tierra. Pero Abraham repuso: ¡Oh Señor Dios! ¿Por dónde he de conocer que yo debo poseerla?" (Gn. 15, 5-8).

Abraham preguntó a Dios lo que tenía que hacer para recibir Su bendición. Dios le dijo: "Escógeme una vaca, una cabra y un carnero, todos de tres años, con una tórtola y una paloma" (Gn. 15, 9).

Estas fueron las condiciones que Dios impuso a Abraham.

Y ahora Abraham se encontró frente a su última misión. Si él la llevaba a cabo, llegaría a ser el padre de la fe, es decir, el fundamento de la Providencia Divina para la rehabilitación. Desde la época de Adán, Dios había estado obrando para colocar este fundamento.

Las ofrendas que Abraham tenía que brindar, simbolizaron los tres grados de la Providencia Divina para la rehabilitación: los periodos de la formación (época del Antiguo Testamento), los periodos del crecimiento (época del Nuevo Testamento) y la perfección (época del Testamento Consumado). La tórtola y la paloma representaban aquí los grados de la formación, la cabra y el carnero, los grados de crecimiento, y la vaca, el grado de perfección del restablecimiento.

Con la llegada de Jesús se consumó la Dispensa del Antiguo Testamento y completóse el grado de la formación. Al ser bautizado Jesús, descendió a él el Espíritu Santo en forma de una paloma y se oyó del cielo una voz que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo puesta mi complacencia" (Mt. 3, 17). La llegada de Jesús fue la consumación del grado de formación de la Providencia para el restablecimiento, representado en forma de paloma.

Cuando Jesús tomó su cargo público espiritual, inicióse la Dispensa del Nuevo Testamento. La misión que emprendió Jesús, fue el grado del crecimiento de la Dispensa. Jesús y el grado del crecimiento fueron simbolizados por un cordero. Por eso Juan Bautista testificó cuando Jesús inició su misión espiritual: "He aquí el Cordero de Dios, ved aquí el que quita los pecados del mundo" (Jn. 1, 29).

Sansón presentó a los filisteos un acertijo, que debían resolver al cabo de siete días. Como al tercer día no habían encontrado respuesta alguna, los filisteos amenazaron a la novia de Sansón, una filistea, y exigieron de ella sonsacar la solución a Sansón. Ella consintió ayudarles. Cuando los filisteos, con la ayuda de la novia de Sansón, dieron la respuesta correcta, Sansón les dijo: "Si no hubieseis arado con mi novilla, no habríais descifrado mi enigma" (Jue. 14, 18). La novilla representaba, bajo este aspecto, la novia de Sansón. En el grado de la perfección, es decir, en la época del Testamento Consumado, vendrá Cristo nuevamente en calidad de desposado, para elevar a la humanidad a la posición de la novia. La novilla caracterizaba a la novia y al grado de la perfección. El último periodo de la Dispensa es la rehabilitación del corazón humano para con Dios, así como la reanudación de las relaciones directas del hombre con Dios. Esto será alcanzado mediante el oficio espiritual de la segunda llegada.

Los sacrificios de Abraham fueron de gran importancia para la consumación de la Providencia Divina. Ellos representaron el proceso íntegro del restablecimiento.

Cogió, pues, él todos estos animales, los partió por medio, y puso las dos mitades una enfrente de otra; pero las aves dejólas enteras. Y bajaban las aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abraham las ahuyentaba. Pero a la puesta del sol, un pesado sueño sorprendió a Abraham, y apoderóse de él un pavor grande. Entonces le fue dicho: Sabe desde ahora que tus descendientes han de vivir peregrinos en tierra ajena, donde los reducirán a esclavitud, y los han de afligir por espacio de cuatrocientos años (Gn. 15, 10-13).

La falta de Abraham, al no dividir la ofrenda de las aves, brindó a Satanás la oportunidad de intervenir en el sacrificio de Abraham. Por eso las aves de rapiña se abalanzaron sobre los cadáveres que no habían sido divididos. Abraham debía haber dividido todas las ofrendas en dos partes y representado así, con una mitad la posición de Caín, y con la otra mitad la de Abel. Debido a esta falta, los descendientes de Abraham fueron condenados a 400 años de esclavitud en Egipto.

Para la realización de la Providencia para la rehabilitación, debía llevarse a cabo la completa separación entre lo bueno y lo malo. Después que lo malo se había introducido en Adán, se llevó a cabo la separación de lo bueno y lo malo, en la familia de Adán, a través de las ofrendas de Caín y Abel.

El diluvio en la época de Noé, tuvo la misma finalidad: la separación de lo bueno y lo malo. Mediante el diluvio, fue separada la familia de Noé de Satanás.

La ofrenda de Abraham tuvo el mismo significado. La división de las aves en dos mitades simbolizaba, en primer lugar, la separación de todas las cosas de Satanás y su restitución a Dios; y en segundo lugar, la indemnización por las faltas de Caín y Abel. En tercer lugar, Abraham hubiera alejado simbólicamente, con la división del sacrificio, la sangre satánica. Esto fue necesario, pues el hombre poseía sangre impura. Por esta razón, y como un acto simbólico para alejar la sangre impura, fueron circuncidados los hijos de Israel. La división de las aves fue por lo tanto necesaria. Pero como Abraham no dividió las aves, Dios no pudo aceptar este sacrificio ya que no fue separado de Satanás ni tampoco santificado por Dios. Esto le brindó a Satanás la oportunidad para reclamar el sacrificio para sí. Las aves de rapiña que se abalanzaron sobre los cadáveres, simbolizaron a Satanás.

El sacrificio de la tórtola y de la paloma, que simbolizaron los grados de la formación, formaron el fundamento de las otras dos ofrendas, las cuales representaban el grado del crecimiento y el grado de la perfección. Cuando la planta baja de una casa se derrumba, se derriban también los pisos de arriba. Así pues, al pasar los fundamentos de las ofrendas a ser una pertenencia de Satanás, pasaron a pertenecerle también las demás ofrendas.

Como quiera que haya sido que Abraham fracasase en esta misión importante, se perdieron los 400 años que tuvieron que transcurrir desde Noé hasta la elección de Abraham. Como indemnización por los 400 años perdidos, los descendientes de Abraham tuvieron que luchar el mismo lapso de tiempo en el mundo satánico. Por esta razón, el pueblo de Israel fue esclavizado durante 400 años en Egipto.

La falta de Abraham fue la tercera que impidió la realización de la Providencia Divina. La Dispensa para la creación de un fundamento había comenzado con el sacrificio de Caín y Abel. Con su fracaso, la misión fue transferida a la familia de Noé. Después del fracaso de Noé a través de Cam, Dios escogió a Abraham, en un tercer intento para edificar un fundamento de la fe, con la cual se podía llegar a cumplir la Providencia Divina para el restablecimiento. La Dispensa para la creación del fundamento de la fe, había fracasado por segunda vez: primero con la familia de Adán y luego con la familia de Noé. Dios hizo una tercera prueba con Abraham, quien ahora, de acuerdo con los Principios Divinos, debía crear a toda costa un fundamento de la fe.

Abraham tuvo una segunda posibilidad para la realización de esta Dispensa, a saber, a través de su hijo Isaac. Como Satanás se había posesionado de dos generaciones, la de Adán y la de Abel, Dios se encontró en la misma situación de utilizar dos generaciones, la de Abraham y la de Isaac; puesto que en cuanto a la Dispensa, ambos poseían las posiciones de Adán y Abel.

Dios ordenó a Abraham sacrificar a su hijo Isaac, para de esta manera reparar su falta. Isaac fue el hijo de la promesa de Dios y a través de Isaac serían los descendientes de Abraham tan numerosos como las estrellas en el cielo. Aún cuando Abraham era un hombre obediente, le pareció una orden imposible, sacrificar al hijo de la promesa de Dios. Pero al reconocer su gran falta y la condena de sus descendientes, no vaciló en obedecer la orden de Dios.

Díjole: Toma a Isaac, tu hijo único, a quién amas, y ve al país de Moriyyá, y allí me lo ofrecerás en holocausto, sobre uno de los montes que yo te mostraré... Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar a lo lejos (Gn. 22, 2-4).

Al tercer día del viaje de Abraham a Moriyyá, Dios le señaló un lugar para la edificación de un altar. Los tres días que tuvieron que preceder para la ejecución de tan importante obra, constituyeron un periodo de separación de Satanás. De este modo, el número 3 es terrenal, mientras que el 4 es el número Divino, que significa la separación de Satanás.

Y llegaron al lugar que Dios le había mostrado, donde erigió un altar, y acomodó encima la leña; y habiendo atado a Isaac, su hijo, púsole en el altar sobre el montón de leña. Y extendió la mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo. Cuando he aquí que, de repente, el ángel del Señor gritó desde el cielo, diciendo: Abraham, Abraham. Aquí me tienes, respondió él. No extiendas tu mano sobre el muchacho, prosiguió el ángel, ni le hagas daño alguno: que ahora me doy por satisfecho de que temes a Dios, pues no has perdonado a tu hijo único por amor de mí. (Gn. 22, 9-12).

Dios estaba satisfecho de ver la gran fe y obediencia de Abraham al estar éste dispuesto a sacrificar a su hijo. Dios aceptó a Isaac, sin que fuera matado, como una ofrenda sagrada.

En su primer sacrificio, Abraham no tuvo un verdadero temor hacia Dios; pero en su segundo sacrificio, Abraham tuvo realmente temor de Dios; pues él se había dado cuenta de su grave falta. Las palabras "ahora me doy por satisfecho de que temes a Dios" expresan el alivio Divino.

LA NUEVA SEPARACION DE SATANAS A TRAVES DE ESAU Y JACOB

La vida de Isaac fue salvada por la gran fe de Abraham. Pero, como el sacrificio primero de Abraham representaba toda la creación, incluyendo al hombre, Isaac fue también una parte de dicho sacrificio. Al ser este sacrificio tomado por Satanás, Isaac no pudo independizarse totalmente de Satanás. Mientras Satanás podía seguir reclamando una parte del hombre, era imposible ejecutar la voluntad de Dios a través de esta persona. Por eso Isaac tuvo que separarse totalmente de Satanás.

La separación de lo bueno y lo malo en la familia de Adán, se verificó a través de los dos hijos que Dios había dado a Adán, Caín y Abel, los cuales tenían que ofrecer sacrificios. Por consiguiente, Dios dio a Isaac mellizos, Esaú y Jacob, para satisfacer las pretensiones de Satanás a través de sus obras. Esaú, el hijo primogénito, se encontró en la posición de Caín y simbolizó asimismo el sacrificio de Abraham, el cual había sido arrebatado por Satanás. Jacob, el segundo hijo, ocupó la posición de Abel y representaba el segundo sacrificio de Abraham, o sea, la de su hijo Isaac, quien había sido aceptado por Dios. Esaú y Jacob peleaban en las entrañas de su madre, de ahí que representaran posiciones opuestas (Gn. 25, 22). Jacob había sido, al igual que Abel, del agrado de Dios; mientras que Esaú, al igual que Caín, fue desdeñado por Dios. (Rm. 9, 13).

Jacob compró a Esaú el derecho de primogenitura con pan y un plato de lentejas (Gn. 25, 33-34). Entonces Jacob fue a su padre Isaac y consiguió con engaño su bendición que estaba determinada para Esaú. Por eso, Esaú odió a su hermano Jacob, e hizo planes para matarle. La madre de ellos, Rebeca, aconsejó huir a Jacob y lo envió a Labán, hermano de Rebeca, en Harán (Gn. 27, 41-45). Jacob trabajó duramente en Harán 21 años, tomó mujeres, engendró hijos y adquirió muchos rebaños. Cuando su tiempo llegó a fin, regresó a Canaán. Camino de su patria tuvo sin embargo miedo de Esaú y mandó llevarle muchos regalos, para disponer la conciliación (Gn. 32, 13-20).

Jacob se quedó solo en el vado del Yabboq, y rezó toda la noche para que se conmoviera el corazón de Esaú. Jacob luchó con un ángel y, al sobreponerse a él, forzó la bendición del ángel y obtuvo el nombre de Israel. Durante la lucha, el ángel afectó la articulación de la cadera de Jacob y la dislocó. Esta fue la última prueba que Jacob debía superar para llegar a ser el Padre de la fe. Con esta victoria, pudo él continuar su viaje a Canaán, para recibir la bendición de Dios (Gn. 32, 24-32).

¿Por qué dislocó el ángel la articulación de la cadera de Jacob?

Abraham interpretó el papel de Adán. Pero como Abraham había fracasado, pasó este papel a Isaac y luego nuevamente a Jacob. De este modo, Jacob se encontraba ahora en el lugar de Adán. La cadera de Adán tenía que ver con el pecado original y por esto tuvo Jacob que pagar una indemnización. La dislocación de la cadera fue la compensación simbólica a través de Jacob, por el pecado original de Adán.

Esaú se alegró por los regalos enviados por Jacob y le brindó la bienvenida con gran cariño, a pesar de que le hubiera podido seguir odiando y querer matarlo encima. De este modo, Esaú alcanzó también el amor de Dios y vivió en Canaán con la bendición de Dios, mientras que Jacob tuvo que trabajar y padecer duramente durante 21 años para obtener la misma bendición de Dios.

Como Esaú y Jacob, en la Dispensa Divina, se encontraron en la misma posición que Caín y Abel, éstos tuvieron que reparar las faltas cometidas por aquellos. Al tomar Esaú una actitud que era opuesta a aquella de Caín, fue reparada la falta de Caín y además Esaú ayudó a Jacob a cumplir su misión.

¿Cuál fue la misión de Jacob?

La bendición de Dios para el derecho de primogenitura pasó a Abel, a pesar de haber sido el segundo hijo de Adán; pues Caín, el mayor, estaba unido a Satanás. Luego de haber dado muerte a su hermano, Caín tomó el derecho Divino de primogenitura de Abel. Jacob tuvo que quitar a Esaú el derecho de primogenitura y la bendición del primogénito, sometiéndose a Esaú. A través del restablecimiento del derecho de primogenitura Divino, Jacob trajo la bendición de Dios, no sólo para él, sino también para Esaú, restableciendo así, no sólo su propia posición, sino también la de su hermano. Esaú recibió la bendición de Dios en el mismo grado que Jacob, y es más, sin luchar. Jacob tuvo que ganarse su bendición luchando para ello 21 años en Harán con Satanás.

Jacob estaba en deuda con su madre, quién le había ayudado cuando le arrebató la bendición a Esaú y huyó a Harán. Sin la ayuda de su madre, Jacob no hubiera podido llevar a cabo la Dispensa Divina. Esto fue asimismo, un acto de indemnización. La caída de la familia de Adán empezó por Eva y fue completado por su hijo Caín. El mal llegó a este mundo a través de una madre y su hijo. Por eso, con la colaboración de otra madre con su hijo, tuvo que llevarse a cabo la voluntad de Dios y la conversión de los efectos de las fuerzas primitivas del mal.

Hasta la elección de Abraham, desde Noé, transcurrieron diez generaciones; pero debido a la falta de Abraham, la realización fue postergada dos generaciones más, es decir, hasta Isaac y su hijo Jacob. Se habían por lo tanto perdido doce generaciones, antes de que la voluntad de Dios fuese cumplida finalmente por Jacob. Como condición para la reparación e indemnización por las doce generaciones perdidas, Jacob recibió de Dios doce hijos.

José, el hijo predilecto de Jacob, fue vendido por sus hermanos a Egipto. Allí logró la protección del faraón. Al desencadenarse el hambre sobre Canaán, Jacob se dirigió con sus once hijos restantes a Egipto, uniéndose otra vez con José. Los doce hijos y las 70 personas de la casa de Jacob, se hallaban pues en Egipto. Después de esto, se iniciaron los 400 años de la permanencia de los israelitas en Egipto.

Jacob fue el primero en lograr someter a Satanás y restablecer el derecho Divino de primogenitura. Debido a Jacob, se creó por primera vez un fundamento de la fe, para el cual Dios había obrado más de 2000 años. Este fundamento debió haber sido edificado con Abraham. Debido a la falta de Abraham en el sacrificio simbólico, fue postergada la realización de la Dispensa hasta Isaac y luego hasta Jacob, siendo finalmente cumplida por este último. La Dispensa Divina para Abraham, fue de esta manera consumada en tres generaciones de su familia. Esta es la razón por la cual los israelitas al rezar, llamaban: "Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob" en lugar de simplemente "Dios de Abraham". Como la voluntad de Dios para Abraham fue ejecutada a través de Jacob, los israelitas llamaron a su nación, la casa de Jacob y no la casa de Abraham.

Por consiguiente, Jacob se convirtió en el Padre de la fe, por el cual fueron ahora rehabilitadas las posiciones de Adán y Abel, Noé, Cam y Abraham. La bendición de Dios para el Padre de la humanidad pasó por lo tanto a Jacob. Esta bendición había sido, en un comienzo, destinada a Adán. "Creced y multiplicaos, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella" (Gn. 1, 28). Como Adán había fracasado, la bendición fue transmitida a Noé: "Después bendijo Dios a Noé y a sus hijos. Y díjoles: Creced y multiplicaos, y poblad la tierra" (Gn. 9, 1). Noé fracasó y así pasó la bendición a Abraham: "Mira al cielo, y cuenta, si puedes, las estrellas. Pues así, le dijo, será tu descendencia" (Gn. 15, 5). Finalmente la bendición de Abraham fue transmitida a Jacob: "Yo soy el Dios todopoderoso. Crece y multiplícate: naciones y muchedumbre de pueblos nacerán de ti, y reyes saldrán de tu sangre. La tierra que di a Abraham y a Isaac, a ti te la daré, y después a tu posteridad' (Gn. 35, 11-12).

Debido a las faltas de los hombres, transcurrieron 2000 años en la realización de la Dispensa, antes que pudiera crearse un fundamento de la fe en la tierra, con el cual Dios hubiera llevado a cabo Su Providencia para el restablecimiento. A través de Jacob, llegó a cumplirse, en un grado individual, la Dispensa Divina para la realización de un fundamento. Y así llegó a ser Jacob el Padre de la fe. Con este fundamento, pudo Dios comenzar Su Providencia para la rehabilitación.

 

 

CAPITULO VIII

HISTORIA DE LA PROVIDENCIA DIVINA PARA LA REHABILITACION

(DESDE MOISES HASTA JESUS)

LA DISPENSA PARA MOISES

430 años después de la inmigración de la familia de Jacob a Egipto, sus doce hijos se habían convertido en doce tribus y las 70 personas de la casa de Jacob aumentaron a más de 600.000. El faraón egipcio les temió por su gran número, los oprimió con trabajos pesados y finalmente dio orden de matar a todos los niños hebreos.

Aunque Moisés se crió en el esplendor de la casa del faraón, conservó un gran patriotismo y una lealtad inalterada para con Dios y los hebreos, Su pueblo elegido. Moisés estaba en contra de la opresión de los hebreos por los egipcios. A la edad de 40 años abandonó el palacio del faraón y fue a Madián, de la misma manera que Abraham había abandonado Caldea, al ser llamado por Dios. 40 años más tarde, a la edad de 80 años, le fue ordenado volver de Madián.

La época de los padecimientos de los descendientes de Jacob se había cumplido y Dios escogió a Moisés para conducir a los hebreos de Egipto. Los 400 años desde Noé hasta Abraham, que se habían perdido a causa de la falta de Abraham, fueron reparados por sus descendientes y ahora podía comenzar una nueva Dispensa para el restablecimiento.

Cuando Dios ordenó a Moisés, conducir a su pueblo de Egipto, éste replicó: "No me creerán, ni oirán mi voz, sino que dirán: No se te ha aparecido el Señor" (Ex. 4, 1). Luego Moisés pidió señales para convencer tanto a los hebreos como a los egipcios, de que él había sido enviado por Dios.

Como prueba Dios dio a Moisés tres señales (Ex. 4, 1-9).

La primera señal fue el prodigio de la vara en la mano de Moisés. Para los hebreos, Moisés representaba a Dios y el faraón a Satanás. La vara en manos de Moisés simbolizaba a Jesús, quien se hallaba en las manos de Dios.

Una vara puede servir para diferentes propósitos. Una vara puede ser empleada como apoyo, como arma para defenderse en caso de peligro, como bastón para castigar delitos (2 Sam. 7, 14) y como indicador de caminos.

Cuando Moisés y Aarón se dirigieron al faraón, tiraron la vara de Moisés al suelo, convirtiéndose ésta en una serpiente. El faraón hizo llamar a magos egipcios y les ordenó producir el mismo prodigio por medio de sus fuerzas mágicas. Sus varas también se convirtieron en serpientes; mas la serpiente de Moisés se tragó a las serpientes de los magos, es decir, la serpiente Divina exterminó a las serpientes de Satanás. Con la señal de la vara de Moisés, fue indicado el futuro papel de Jesús. Además, se simbolizó así la rehabilitación de Adán.

Como había sido una serpiente la que había tentado a Adán y Eva a actuar contra la voluntad de Dios, haciéndoles perder así la gracia de Dios, los descendientes caídos debieron ser rehabilitados por una serpiente Divina. Jesús vino a la tierra como la vara de Dios, para actuar como la serpiente Divina. "Así como Moisés en el desierto levantó la serpiente de bronce, así es menester que el Hijo del hombre sea levantado" (Jn. 3, 14). Según este pasaje, Jesús se había comparado con una serpiente. "Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, habéis de ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas" (Mt. 10, 16). Así como la serpiente del mal fue lo suficientemente astuta para tentar a Adán y Eva, causando su caída, los cristianos tendrán que ser igualmente listos para llevar a la humanidad hasta Dios.

La segunda señal, fue el prodigio con la mano de Moisés. Por orden de Dios, Moisés introdujo la mano en su seno. Al sacarla, su mano estaba leprosa. Moisés introdujo la mano por segunda vez en su seno y, al volver a retirarla, estaba curada. Esto fue asimismo un acto simbólico. Lúcifer había tomado a Eva en su seno y provocó la pérdida de Eva de la gracia Divina. Sus descendientes podían librarse del pecado original heredado, sólo mediante el amor de Cristo, quien vendría en calidad de desposado, para elevar a la humanidad caída a la posición de una novia. "Pues que os tengo desposados con este único esposo, que es Cristo, para presentaros a él como una casta virgen" (2 Cor. 11, 2). La segunda señal de Moisés, simbolizó la rehabilitación de Eva.

La tercera señal fue el prodigio de la transformación del agua del Nilo en sangre. "Las aguas que viste donde está sentada la ramera, son pueblos, y naciones, y lenguas" (Ap. 17, 15). El agua representa aquí a los hombres inanimados de este mundo. Cristo vendrá para convertir a los hijos de la muerte en hijos de la vida. Esta señal simboliza, por lo tanto, la rehabilitación de los hijos de Dios.

Con estas tres señales Moisés restableció simbólicamente el fundamento de las cuatro posiciones: Moisés, como la representación Divina, Adán, Eva y sus hijos. La creación de este fundamento de las cuatro posiciones fue necesario para que Moisés pudiera sojuzgar a Satanás y conducir a su pueblo de vuelta a Canaán.

Moisés no era elocuente y por eso pidió que otro hablase por él. Como acompañante, Dios escogió a su hermano Aarón. "El hablará en tu lugar al pueblo y será tu portavoz, y tú le dirigirás como si fueses su Dios" (Ex. 4, 16). Dios permitió también a su hermana María, una profetisa, para que fuese con él. Moisés formó con Aarón y María un grupo de tres personas, así como se formaría con Dios, Jesús y el Espíritu Santo, la Santísima Trinidad. Moisés estaba armado para su lucha con Satanás, una vez que había establecido el fundamento de las cuatro posiciones y cumplido con la trinidad simbólica.

Mas encontrándose Moisés en camino, Dios lo probó tratando de matarle (Ex. 4, 24). La mujer de Moisés, Séfora, cogió una piedra y circuncidó el prepucio de su hijo, y tocando los pies de Moisés dijo: "Tú eres para mí un esposo de sangre". Séfora salvó a Moisés mediante la circuncisión de su hijo. Este fue el último examen que tuvo que aprobar Moisés para llegar a ser el libertador del pueblo escogido por Dios.

¿Cómo pudo salvar Séfora a Moisés mediante la circuncisión de su hijo? Eva manchó su sangre espiritualmente, al sostener relaciones con Lúcifer; Adán manchó a su vez su sangre, por sus relaciones con Eva. Las tinieblas cayeron sobre los hombres debido a las relaciones ilícitas de Adán y Eva. El ritual de la circuncisión comenzó por Abrahán como seña de la alianza entre Dios y él. Al octavo día del nacimiento, cada hijo israelita de sexo masculino tuvo que ser circuncidado. Esto fue así, como una seña para indicar que se había convertido en un hijo de Dios y, en segundo lugar, que se había quitado la sangre satánica. Finalmente, por medio de la circuncisión, se restableció la debida soberanía del hombre. De ahí que Moisés tuvo que pasar esta prueba mediante la circuncisión de su hijo.

Canaán fue la tierra bendecida por Dios y prometida a Abrahán. Canaán representó por eso al mundo Divino, mientras que otros países como Harán, Egipto, Babilonia, Asiria y el Imperio Romano representaron al mundo satánico. Canaán no representó al mundo Divino por sus riquezas materiales o por la belleza de sus paisajes, sino sólo porque había sido el país bendecido por Dios.

Jacob regresó a Canaán victorioso, después de sostener 21 años de lucha con el mundo satánico de Harán. El obtuvo con esta victoria sobre Satanás, la Dispensa para su propia rehabilitación.

Dios llamó a Moisés para conducir a su pueblo de Egipto y llevarlo a Canaán. La Dispensa Divina para Moisés fue el restablecimiento al nivel de la estirpe, lo que ahora fue posible gracias al fundamento que Jacob había establecido, al llevar a cabo la Dispensa al nivel individual. En el nivel de la estirpe, Moisés siguió su rumbo hacia Canaán por el mismo camino que había seguido Jacob en el nivel individual. Así por ejemplo, Jacob padeció en Harán, porque Labán lo había engañado diez veces (Gn. 31, 7). Asimismo, Moisés fue engañado diez veces por el faraón.

A pesar de que el faraón había presenciado exactamente las señales y los prodigios que Moisés mostró ante él, su corazón se endureció y siguió oprimiendo a Moisés y a su pueblo. Esto estuvo de acuerdo con la Dispensa Divina. Dios quiso que el faraón hiciese todo lo posible en oponérsele, para que se diera cuenta de su incapacidad de rebelarse contra Dios, debiendo por lo tanto someterse a Dios y permitir así a los israelitas abandonar Egipto. Dios tuvo además la intención de destruir completamente todas las cosas que pertenecían a Satanás. Con la intensificación de la resistencia del faraón, Dios deseó llevar a los israelitas a que éstos dependieran completamente de El y reconociesen que El estaría siempre con ellos.

Finalmente Dios mató a los hijos primogénitos y a los primerizos de los animales en Egipto. Los israelitas, sin embargo, no se vieron afectados por esta desgracia, pues ellos habían pintado las jambas de sus puertas con sangre de cordero. Moisés dijo entonces al faraón: "Andaremos camino de tres días al desierto, y allí ofreceremos sacrificios al Señor nuestro Dios como nos lo tiene ordenado" (Ex. 8, 27). De esta manera Moisés engañó al faraón y llevó a su pueblo lo más pronto posible fuera de Egipto. Este periodo de tres días significó la diferencia entre la vida y la muerte para los israelitas y se inició para ellos una vida nueva.

Al enterarse el faraón que los israelitas habían huido, los hizo perseguir con carros, jinetes y su ejército. Los israelitas tuvieron mucho miedo al ver a los egipcios detrás de sí y gritaron pidiendo la ayuda de Dios. Moisés extendió su vara sobre el mar, como Dios lo había ordenado. Las aguas se abrieron mostrando el suelo seco. De esta manera, los israelitas pudieron cruzar el mar sobre su fondo seco. Los egipcios que perseguían a los israelitas, murieron ahogados al cerrarse de nuevo el mar sobre ellos (Ex. 14, 21-29). De esto se deduce que el hombre será perseguido en adelante por Satanás, incluso después que el hombre haya vuelto a Dios y haya roto todas las relaciones con Satanás. El poder para destruir a Satanás le será dado al hombre por Cristo, la vara de Dios.

Después que los israelitas se habían sobrepuesto a Satanás, fueron abastecidos por Dios con codornices, pan y agua pura que salía de una roca (Ex. 16, 13; 17, 6). Mientras tanto, los amalecitas atacaron a los israelitas. Después de la victoria sobre los amalecitas, Dios condujo al pueblo de Israel a través del desierto, durante el día por medio de una nube y en la noche por medio de una columna de fuego, hasta que los israelitas alcanzaron el Monte de Sinaí (Ex. 19).

Moisés escogió doce hombres, uno de cada tribu, y los envió 40 días a explorar las tierras de Canaán. Diez de ellos trajeron una noticia desalentadora, relatando que el país estaba habitado por un pueblo muy fuerte y que las ciudades eran grandes y se encontraban fortificadas.

De ningún modo podemos conquistar a este pueblo, siendo como es más fuerte que nosotros... El pueblo que hemos visto es de una estatura gigantesca... en cuya comparación nosotros parecíamos langostas (Núm. 13, 28-34).

Al recibir esta información, los israelitas se asustaron, se quejaron de Dios y Moisés y lloraron toda la noche. La multitud entera habló a Moisés y a Aarón: "¿Por qué Dios nos ha introducido en esa tierra, para que muramos al filo de la espada y sean llevados cautivos nuestras mujeres y niños? ¿Pues no será mejor volvernos a Egipto?" (Núm. 14, 3). Pero los otros dos exploradores, Caleb y Josué, tuvieron valor y fe inquebrantable; ellos animaron al pueblo de Israel diciendo:

Ea, vamos allá y tomemos posesión de la tierra, pues la podremos conquistar (Núm. 13, 31). La tierra que recorrimos es en extremo buena; si el Señor nos fuere propicio, nos introducirá en ella y nos hará dueños de un país que mana leche y miel. No queráis ser rebeldes contra el Señor, ni temáis al pueblo de esa tierra, porque será pasto vuestro; se hallan destituidos de toda defensa; el Señor está con nosotros, no los temáis. Entonces gritó todo el pueblo que se les lapidase. (Núm. 14, 7-10).

Y el Señor habló a Moisés:

¿Hasta cuándo ha de blasfemar de mi ese pueblo? ¿Hasta cuándo no han de creerme, después de tantos portentos como he hecho a su vista? (Núm. 14, 11). ¿Hasta cuándo esta perversísima gente ha de murmurar contra mi? He oído las quejas de los hijos de Israel. Diles, pues: Juro por mi vida, dice el Señor, he de hacer con vosotros puntualmente lo que he oído que hablabais. En este desierto quedarán tendidos vuestros cadáveres. Cuantos fuisteis alistados de veinte años arriba, y habéis murmurado contra mi no os haré entrar en esa tierra, la cual juré, levantando la mano, que os había de dar por morada. A excepción de Caleb, hijo de Jefone, y a Josué, hijo de Nun. Así como a vuestros pequeñuelos, de quienes dijisteis que vendrían a ser la presa de los enemigos, a ésos sí los haré entrar en ella, y verán la tierra que vosotros desestimasteis. Vuestros cadáveres yacerán en el desierto. Andarán vuestros hijos vagando por el desierto por espacio de cuarenta años, pagando la pena de vuestra infidelidad, hasta que sean consumidos en el mismo desierto los cadáveres de sus padres; a proporción del número de los cuarenta días gastados en reconocer la tierra, contando año por día. Y así, por espacio de cuarenta años, pagaréis la pena de vuestras maldades y experimentaréis lo que es alejarse de mi (Núm. 14, 27-34).

Los cuarenta días de exploración en Canaán se habían perdido porque los israelitas, en lugar de aceptar la información de Caleb y Josué con fe incondicional, se quejaron a Dios de la situación crítica que se habían imaginado. Por eso Dios los castigó, dejando errar a los israelitas cuarenta años en el desierto.

Los israelitas hubieran podido cruzar el desierto en 21 días, para alcanzar Canaán, lo que hubiese correspondido a los 21 años de trabajo de Jacob en Harán. Sin embargo transcurrieron 40 años antes de que los israelitas pudiesen entrar a Canaán, pues los 40 días perdidos de exploración tuvieron que ser reparados.

Al alcanzar el pueblo el desierto de Sinaí, Dios llamó a Moisés y le dijo:

Esto dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel... Ahora bien, si escucháis mi voz y observáis mi pacto, seréis para mi entre todos los pueblos la porción escogida, ya que mía es toda la tierra. Y seréis vosotros para mi un reino sacerdotal y nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel (Ex. 19, 3; 5-6).

Moisés hizo llamar a los ancianos del pueblo y les expuso estas palabras. Y todo el pueblo respondió al mismo tiempo y dijo: "Haremos todo cuanto ha dicho el Señor" (Ex. 19, 8). Después de esto se santificó el pueblo de Israel, para lo cual los israelitas lavaron su ropa y se distanciaron de las mujeres. Moisés erigió una cerca alrededor del monte y lo santificó (Ex. 19, 10-15).

Luego ascendió Moisés al monte, que fue cubierto por la magnificencia del Señor durante seis días. Al séptimo día Dios llamó a Moisés y le habló desde el centro de una nube. Moisés permaneció 40 días y 40 noches en el monte. Al final de esta entrevista, Dios entregó a Moisés los diez mandamientos, escritos en dos tablas de piedra. Para recibir la palabra de esta nueva Dispensa, representada aquí por los diez mandamientos, Moisés tuvo que estar separado 40 días de Satanás.

Siempre que Dios lleva a cabo una Dispensa importante también Satanás está muy activo. La línea de frente de Dios es también la línea de frente de Satanás.

Al ver el pueblo, que Moisés se demoraba en regresar del monte, se reunió delante de Aarón y dijo:

Ea, haznos dioses que nos guíen, ya que no sabemos qué se ha hecho de Moisés, de ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto (Ex. 32, 1).

Los israelitas cogieron sus aretes de oro y fabricaron con ellos un becerro de oro y dijeron que éste sería su Dios. El pueblo rindió ofrendas a este becerro, sentóse a comer y beber, y se levantó para jugar. Así el pueblo se unió con Satanás y creó una condición para que Satanás los pudiese atacar.

Dios habló a Moisés en el monte:

Anda, baja: ha pecado tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto. Pronto se han desviado del camino que les enseñaste: se han formado un becerro de fundición y adoranlo; y sacrificándole víctimas, han dicho: estos son tus dioses, ¡oh Israel!, que te han sacado de la tierra de Egipto... Veo que ese pueblo es de dura cerviz. Déjame desahogar mi indignación contra ellos, y exterminarlos; que yo te haré a ti caudillo de una nación grande (Ex. 32, 7-10).

Al regresar del monte y acercarse Moisés al campamento, vio al becerro y al pueblo que bailaba alrededor. Lleno de ira, arrojó las tablas al suelo y las hizo pedazos a los pies de la montaña. Luego cogió el becerro de oro que había sido fabricado por el pueblo, lo derritió con fuego, lo hizo polvo y lo esparció sobre el agua, dando luego de beber de la misma a los hijos de Israel.

Al ver Moisés que el pueblo se había vuelto irreverente, dijo: "El que sea del Señor júntese conmigo". Reuniéronsele luego todos los hijos de Leví, a los cuales dijo: "Cíñase cada cual la espada a su costado. Pasad y volved a pasar por medio del campamento desde una a otra puerta, y cada uno mate al hermano, y al amigo, y al pariente". Los levitas ejecutaron la orden de Moisés, y aquel día perecieron unos tres mil hombres. Y Moisés les dijo: "Hoy os habéis consagrado al Señor matando cada uno al propio hijo y al hermano, por lo que El os da su bendición" (Ex. 32, 25-29).

Entonces habló Moisés al Señor:

Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo: se ha fabricado dioses de oro. Perdónales esta culpa. O, si no lo haces, bórrame del libro en que me tienes escrito (Ex. 32, 31-32).

Moisés levantó dos tablas de piedra, al igual que las primeras; luego subió de nuevo al Monte Sinaí, como le había ofrecido al Señor. Permaneció otros 40 días y noches al lado del Señor y no comió pan ni bebió agua. El Señor escribió una vez más en las tablas los diez mandamientos de la alianza (Ex. 34, 28).

Dios creó a través de Su palabra a los hombres y al mundo; mas la Palabra Divina no pudo realizarse debido al pecado original. Para la realización de la Providencia para la rehabilitación, Dios renovó la Palabra por medio de los diez mandamientos y, a través de ellos, Dios llevó a cabo Su Dispensa hasta la época de Jesús. Las dos tablas con los diez mandamientos representaron al Adán rehabilitado y a la Eva rehabilitada, así como a Jesús y al Espíritu Santo por llegar.

Debido a la incredulidad de los israelitas, Moisés rompió las dos primeras tablas con los diez mandamientos. En el caso de que los judíos no aceptasen con plena fe al Mesías que iba a llegar, sería éste exterminado al igual que las primeras tablas de piedra y su misión quedaría incompleta. Entonces tendría que venir otro sucesor para llevar a cabo la Dispensa Divina.

Al no tener agua la multitud, asediaron a Moisés y a Aarón con reproches:

¿Por qué habéis conducido la asamblea del Señor al desierto, para que muramos nosotros y también nuestros ganados? ¿Por qué nos hicisteis salir de Egipto y nos habéis traído a este miserable terreno, que no se puede sembrar, que ni da higos, ni vides, ni granadas, y ni aun agua tiene para beber? (Núm. 20, 4-5).

Entonces Moisés y Aarón rezaron por ayuda y la magnificencia del Señor se les apareció, y el Señor habló a Moisés:

Toma la vara, y congregad al pueblo tú y tu hermano Aarón, y hablaréis a la peña en presencia de toda la gente, y la peña brotará aguas. Y sacado que hubiereis agua de la peña, beberá todo el pueblo con sus ganados (Núm. 20, 8).

Moisés y Aarón reunieron a la multitud delante de la peña y Moisés les dijo:

Oid, rebeldes y descreídos: ¿Por ventura podremos nosotros sacaros agua de esta peña? Y habiendo alzado Moisés la mano y herido dos veces con la vara aquella peña, salieron aguas copiosísimas; por manera que pudieron beber el pueblo y los ganados (Núm. 20, 10-11).

Moisés debió haber golpeado una sola vez la peña. Pero debido a su estado de cólera, la golpeó dos veces, cometiendo así una falta muy grave.

Dijo entonces el Señor a Moisés y a Aarón: Ya que no me habéis creído en orden a hacer conocer mi gloria a los hijos de Israel, no introduciréis vosotros este pueblo en la tierra que yo le daré. Estas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel se querellaron con el Señor, y donde El manifestó por ellas su santidad (Núm. 20, 12-13).

Vaya Aarón a incorporarse con su pueblo, porque no ha de entrar en la tierra que tengo dada a los hijos de Israel, por haber sido incrédulo a mis palabras allá en las aguas de Meribá (Núm. 20, 24).

El Señor dijo a Moisés: Sube a ese Monte Abarim, y contempla desde allí la tierra que yo he de dar a los hijos de Israel. Y después de haberla visto, pasarás tú a reunirte con tu pueblo, del mismo modo que pasó tu hermano Aarón; porque me ofendisteis en el desierto de Sin, cuando la congregación me buscó querella, y no quisisteis glorificarme delante de Israel con motivo de las aguas; éstas son las aguas de Meribá de Cades, en el desierto de Sin (Núm. 27, 12-14).

De estos pasajes se deduce que, cuando la disputa por el agua, Moisés había actuado contra la orden de Dios, al golpear la peña no una vez, sino dos veces.

¿Por qué fue el acto de Moisés, al golpear la peña dos veces, una falta tan grave? Cada acción de Moisés tuvo un significado simbólico en relación con las condiciones para la indemnización y la rehabilitación.

En la primera epístola a los Corintios, capítulo 10, 4, está escrito: "Y todos bebieron la misma bebida espiritual (porque ellos bebían agua que salía de la roca espiritual que los iba siguiendo, y la cual roca era Cristo)". Como la peña simbolizó a Cristo, el segundo Adán o la Palabra de Dios, la peña fue asimismo el símbolo del primer Adán. El primer Adán fue derrotado por Satanás y había muerto. A través del único golpe en la peña, Moisés hubiera podido rehabilitar simbólicamente al primer Adán. Dios había ordenado a Moisés golpear la peña una sola vez (Ex. 17, 6). Con el segundo golpe en la peña, Moisés golpeó simbólicamente al Adán rehabilitado, es decir, a Jesús, la Palabra de Dios, entregándolo de nuevo a Satanás. Debido al fracaso de Moisés en la disputa por el agua y a causa de la incredulidad de su pueblo, se echaron a perder los 400 años de esclavitud en Egipto y los israelitas fueron condenados a morir en el desierto.

Aunque la desobediencia de Moisés fue originada por la incredulidad de su pueblo, su acto del doble golpe en la peña no pudo ser perdonado. Jesús fue una representación visible de Dios, mas no Dios mismo. Las tablas de piedra que habían sido extraídas de una roca representaban a Jesús y al Espíritu Santo. Cuando Moisés rompió las tablas, Dios pudo sustituir ambas tablas por otras. Asimismo pudo Dios enviar a otra persona, después de la crucifixión de Jesús, para llevar a cabo la Providencia Divina. La roca fue, sin embargo, el origen de las tablas de piedra. Por eso significó golpear la peña un ataque a Cristo, la imagen de Dios, del cual se derivaba la Palabra de Dios, Jesús. Cuando los judíos hablaron contra Su Espíritu, el cual obraba dentro de Jesús, éste dijo: "Asimismo a cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a quien hablare contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra" (Mt. 12, 32). El segundo golpe de Moisés en la peña creó una condición decisiva para que Satanás atacase a Moisés y a su pueblo.

A pesar de haber el pueblo observado el milagro cuando la disputa por el agua, murmuró nuevamente de Moisés y de Dios. Entonces el Señor envió serpientes de fuego y muchos israelitas fueron mordidos y murieron. Entonces el pueblo pidió a Moisés para que rogara al Señor, que apartase las serpientes de ellos. Moisés pidió ayuda a Dios e hizo una serpiente de bronce, la cual levantó de tal modo que todo aquel que había sido mordido por una serpiente, al mirar la serpiente de bronce, permanecía con vida.

Al acercarse a su fin la vida de Moisés, el Señor le dijo:

Toma a Josué, hijo de Nun, varón de espíritu, y pon tu mano sobre él. Y se presentará delante del sacerdote Eleazar y de todo el pueblo, y le darás tus órdenes públicamente, y una parte de tu autoridad, a fin de que le obedezca toda la congregación de los hijos de Israel (Núm. 27, 18-20).

Moisés tomó a Josué y lo presentó al sacerdote Eleazar y a toda la multitud; puso sus manos sobre él y le ordenó como le había mandado el Señor (Núm. 27, 22-23).

Moisés y todos aquellos que habían venido de Egipto fallecieron en el transcurso de los 40 años en el desierto, con excepción de Josué y Caleb, quienes durante la migración entera, habían sido fieles partidarios de Dios.

Josué, el sucesor de Moisés, condujo a Canaán a los jóvenes varones menores de 20 años que habían nacido en el desierto. Ellos vencieron al Pueblo de este país y recibieron Canaán como herencia.

El restablecimiento de Canaán al nivel como pueblo, que fue emprendido por Moisés, se hizo posible sobre el fundamento del restablecimiento de Canaán al nivel individual, que había sido alcanzado por Jacob. El desarrollo de la obra de Moisés siguió el modelo que Jacob ya había sentado. Hubo un número de sucesos en la misión de Moisés que ya habían sido señalados por Jacob. De manera semejante, el restablecimiento al nivel del pueblo, formó el modelo para Jesús, en la realización de su Dispensa para el restablecimiento nacional e internacional del reino de los cielos. Fue deber de Moisés, llevar a cabo la Dispensa Divina simbólicamente, mientras que Jesús la debía llevar a cabo realmente.

PARALELOS EN LAS VIDAS DE JACOB, MOISES Y JESUS

Nosotros encontramos claros paralelos en los sucesos que se realizaron en las vidas de estos tres representantes de Dios (Jacob, Moisés y Jesús).

1. Jacob llevó consigo mujeres, niños y rebaños, al salir de Harán. Moisés tomó a su mujer, a su pueblo y todos los bienes, al abandonar Egipto. Jesús llegó con la intención de tomar una novia y de conducir a los hijos de Dios y todas las cosas, del mundo satánico.

2. Jacob compró de su hermano los derechos de primogenitura con pan y un plato de lentejas. Moisés alimentó a su pueblo con codornices y maná. Jesús dio a sus discípulos pan y vino, como símbolos de su carne y de su sangre.

3. Jacob pudo llevar a cabo su misión con la ayuda de su madre Rebeca. Moisés, cuando era todavía niño, fue salvado y alimentado con ayuda de su madre. Jesús fue salvado por la ayuda de su madre María, cuando el rey Herodes intentó matarle.

4. Jacob fue probado por un ángel en el vado del Yabboq, donde Jacob luchó con un ángel y lo venció. Moisés fue probado en un aposento, cuando Dios intentó matarle. Moisés superó esta prueba. Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, venciendo Jesús.

5. Jacob tuvo doce hijos y se marchó con ellos a Egipto. Moisés tuvo doce tribus y se puso con ellos en camino a Canaán. Jesús tuvo doce discípulos e inició con ellos su oficio espiritual para el restablecimiento de la nación.

6. Jacob trajo 70 personas a Egipto y comenzó con ellos una nueva Dispensa. Moisés trabajó con 70 ancianos, al conducir a su pueblo a Canaán. Jesús envió 70 discípulos para proclamar el reino de Dios.

7. Jacob cruzó el vado del Yabboq con una vara. Moisés cruzó el mar Rojo con una vara. Jesús debía juzgar al mundo satánico con una vara de hierro.

8. Jacob apartó de su casa a todos los dioses extraños y los ocultó debajo de un roble. Moisés tomó el becerro de oro, lo derritió e hizo polvo y lo esparció sobre el agua, dando luego de beber a los hijos de Israel de la misma. Jesús vino al mundo para destruir el mal.

9. Al morir Jacob, su cuerpo fue embalsamado durante 40 días. El arcángel Miguel y el diablo se disputaron el cuerpo de Moisés; finalmente les fue ocultado a los israelitas el sepulcro de Moisés. El cuerpo de Jesús fue buscado por mucha gente; sin embargo nunca fue encontrado.

10. Jacob escapó de Harán, al engañar tres días seguidos a Labán y, en este lapso de tiempo, hizo posible su viaje a Canaán. Moisés condujo a su pueblo de Egipto, engañando tres días al faraón y, este lapso de tiempo, fue asimismo de suma importancia en la emigración de Egipto. El cuerpo de Jesús fue encerrado por tres días en una tumba, antes de su resurrección. Estos tres días de separación de Satanás fueron necesarios en cada uno de estos tres casos, para el comienzo de una nueva Dispensa Divina.

11. Jacob huyó de Esaú y se fue a Harán. Aún niño, Moisés fue ocultado de los ojos de los egipcios, encontrando luego un asilo en el palacio egipcio. Jesús tuvo que huir a Egipto, a causa de Herodes.

PARALELOS EN LAS VIDAS DE MOISES Y JESUS

Hubo además muchos sucesos análogos en las vidas de Moisés y Jesús:

1. La conducción de los israelitas por Moisés, de Egipto a Canaán, indicó que Jesús libertaría a la humanidad del mundo satánico y le señalaría el camino hacia el reino de Dios.

2. Al extender Moisés su mano hacia el cielo, una espesa tiniebla cubrió durante tres días toda la tierra de Egipto; mas en las viviendas de todos los hijos de Israel hubo luz (Ex. 10, 22-23). Jesús separó mediante su oficio espiritual a los hijos del día de los hijos de las tinieblas.

3. Moisés luchó con el faraón para libertar a los israelitas. Jesús luchó con Satanás para libertar a la humanidad.

4. Moisés y su pueblo llevaron consigo todos sus bienes, en su emigración de Egipto (Ex. 12, 35-36). Esto puede compararse con la misión de Jesús, de reconducir todos los hombres y cosas a Dios.

5. El faraón no quiso dejar salir de su reino a los hebreos y, al enterarse de su huida, envió a su ejército para perseguirlos. Satanás nunca quiso que alguien se dirigiese a Jesús y, quien así lo hizo, fue perseguido cruelmente.

6. Al extender Moisés su vara sobre el mar, se abrieron las aguas y se formó un camino para que los israelitas pudiesen escapar del faraón. Jesús, la vara en manos de Dios, abrió un camino para su pueblo y prestó su ayuda para la destrucción de Satanás.

7. Dios alimentó a los israelitas en el desierto con codornices y maná. Apoyando a sus adictos, Jesús les entregó su amor y sus fuerzas para sus luchas en este mundo satánico.

8. Moisés envió a Josué para derrotar a los amalecitas, mientras él permanecía de pie en la cima de una montaña y elevaba sus manos. Mientras Moisés permanecía con sus manos en alto, vencía Josué a los amalecitas. Cuando Moisés, extenuado, dejó caer sus manos, Josué se vio amenazado por derrotas. Entonces Aarón y Hur vinieron en ayuda de Moisés, manteniendo los brazos de éste en alto, hasta la puesta del sol (Ex. 17, 11-12). De este modo, Moisés hizo posible que Josué venciera definitivamente a los amalecitas. Josué representaba a un feligrés, quién era combatido por Satanás. Moisés representó a Dios; Aarón y Hur representaron a Jesús y al Espíritu Santo, quienes colaboran con Dios, ayudando a los feligreses en sus luchas contra Satanás.

9. Ambas tablas con los diez mandamientos representaron al futuro Mesías, encarnación de la Palabra Divina, así como al Espíritu Santo, mediante los cuales los diez mandamientos fueron sustituidos en un sentido más elevado.

10. Moisés trajo agua para su pueblo, al golpear la peña con su vara. Las palabras de Jesús fueron para sus adictos aguas llenas de vida.

11. Al golpear la peña dos veces, Moisés hirió simbólicamente la Palabra de Dios. De este modo se creó una condición para que Satanás pudiese vencer a Jesús, siempre que Jesús fuese la representación física de la Palabra, en el caso que Jesús encontrase la misma incredulidad entre los judíos, como en la época de Moisés. Sin embargo, si los judíos hubieran creído en Jesús, entonces podrían haber salvado esta condición creada por Moisés ya que ésta sólo fue de carácter simbólico.

12. Dios había prometido a Moisés y a su pueblo que recibirían el país de Canaán. Pero a Moisés sólo le fue permitido mirar el país desde lejos, debido a la falta de Moisés y a la incredulidad de su pueblo, no debiendo ni él, ni su pueblo pisar dicho país. Josué completó la misión de Moisés y condujo a la nueva generación, es decir, a aquellos que habían nacido en el desierto, a Canaán. Debido a la incredulidad de los judíos, Jesús sólo pudo llevar a cabo la salvación espiritual. El segundo Mesías completaría la misión de Jesús para establecer el reino de Dios.

13. Moisés elevó una serpiente de bronce cuando los israelitas se rebelaron contra Dios y fueron mordidos por serpientes de fuego. Asimismo Jesús, la serpiente Divina, fue elevado cuando los judíos se rebelaron contra Dios.

14. El rumbo de Jesús fue señalado por el rumbo de Moisés, sobre cuyo fundamento al nivel de la estirpe se hizo posible la función nacional espiritual de Jesús. Por eso Moisés dijo:

El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta, como yo; a él habéis de obedecer en todo cuanto os diga. De lo contrario, cualquiera que desobedeciere a aquel profeta será exterminado del pueblo (Hch. 3, 22-23).

"Profeta" se refiere aquí a la llegada de Jesús.

Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que no puede hacer el Hijo por sí cosa alguna, fuera de lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que éste hace lo hace igualmente el Hijo. Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace y le mostrará obras mayores que éstas, de suerte que quedéis asombrados (Jn. 5, 19-20).

En estos pasajes se dio a entender, que lo que Jesús debió hacer, ya lo había anunciado Dios a través de Moisés y que Jesús seguiría el camino trazado por Moisés.

 

 

CAPITULO IX

LA HISTORIA DE LA PROVIDENCIA DIVINA PARA LA REHABILITACION

(CONTINUACION)

LA EPOCA DE LOS JUECES (400 años)

Al conducir Josué, con el Arca de la Alianza, a su pueblo a la Tierra de Canaán, se abrieron las aguas del Jordán ante el Arca, así como las aguas del Mar Rojo se habían abierto ante Moisés.

Jericó se encontraba por dentro y por fuera muy bien fortificada. Bajo la orden de Dios, Josué condujo a sus hombres armados alrededor de la ciudad, junto con 7 sacerdotes, quienes hicieron resonar ante el Arca de la Alianza siete trombones con gran estruendo. Seis días duró esta marcha; al séptimo día cayeron las murallas de Jericó.

Luego de vencer a más de treinta monarcas, Josué dividió la tierra entre las doce tribus de Israel. Sin embargo, los israelitas permitieron a muchos hombres de Canaán vivir con ellos, no arrojándolos del país. Esto fue en contra de la orden de Dios. Por la convivencia con los hombres de Canaán, los israelitas se casaron con éstos, sirviendo frecuentemente a sus dioses Baal y Asherá. De este modo, los israelitas se aliaron con Satanás, sufriendo por eso los ataques de los paganos.

Ya que por la falta de Moisés, se habían perdido los 400 años de esclavitud de los israelitas en Egipto, fue necesario otro periodo de 400 años de luchas en Canaán, antes de poder iniciarse una nueva Dispensa. Durante este período, fue instaurado por Dios un gobierno de jueces para regir a los israelitas.

El período de los 400 años bajo el régimen de los jueces, fue la indemnización por los 400 años de esclavitud en Egipto.

EL REINO UNIDO (120 años)

El último juez, Samuel, gobernó a su pueblo de acuerdo con la voluntad de Dios. Mas el pueblo deseaba ser gobernado por un rey. Para cumplir con el deseo del pueblo, Samuel ungió a Saúl y lo coronó como el primer rey de Israel. Sin embargo, Saúl disgustó a Dios en el transcurso de los 40 años de su reinado, por haberle desobedecido repetidas veces.

Los 40 años del reinado del rey Saúl debían haber representado la indemnización por los 40 años en el desierto. Pero como Saúl había sido desobediente con Dios, no se pudo cumplir la Dispensa Divina y tuvo que ser encomendada al rey David.

Después de haber vencido a todos sus enemigos, el rey David deseó construir una casa para Dios (2 Sam. 7, 1). Pero, a pesar de haber obedecido al Señor enteramente, Dios no le permitió llevar a cabo este deseo, por haber derramado David mucha sangre humana.

Al cabo de los 40 años del reinado de David, ascendió su hijo Salomón al trono y erigió un templo para Dios y un palacio para sí mismo. Dios proporcionó a Salomón sabiduría, riqueza y paz para su nación. Su reinado fue recordado como la época dorada de la historia de Israel. El rey Salomón reinó asimismo 40 años.

Dios había encomendado a Moisés erigir un tabernáculo y le había dado las instrucciones correspondientes (Ex. 25-27). Dios habló a Moisés: "Hazme un santuario, para que yo pueda morar en medio de ellos. Te ajustarás totalmente, en la construcción de mi mansión y de su mobiliario, a los modelos que te mostraré" (Ex. 25, 8-9). Los israelitas acarrearon consigo este santuario transportable, en su éxodo a través del desierto. Este santuario era una choza sencilla, semejante a una tienda, que Moisés había hecho levantar frente al campamento y en la cual Josué prestó sus servicios. Siempre que Moisés penetraba en este santuario, descendía la nube en forma de columna, quedando fija en la puerta, y el Señor hablaba a Moisés cara a cara (Ex. 33, 7-11). Al llegar los israelitas a la tierra de Canaán, Josué erigió el tabernáculo en Silo, donde permaneció durante la época de los jueces.

Una nueva construcción del tabernáculo, cuidadosamente elaborada, debía surgir en forma de templo. El comienzo de la edificación de un templo para Dios, a continuación de la época del tabernáculo y la época de los jueces, hubiese sido el cometido del rey Saúl. Sin embargo, a causa de la desobediencia de Saúl, recayó esta misión en David y fue luego encomendada a Salomón, quien comenzó con la construcción de un templo para Dios en el cuarto año de su reinado. Desde el punto de vista de la Dispensa Divina, sólo se logró una sola cosa en los 120 años del reinado de los tres reyes, Saúl, David y Salomón: la construcción del templo.

La erección del templo indicaba que el Salvador cumpliría con el ideal del mismo y que él representaría al templo de Dios hecho realidad. El establecería el reino de Dios y reinaría en él como el Rey de los reyes.

El rey Saúl representaba al primer Adán, quien debió haber sido el primer rey; y el fracaso de Saúl puede compararse con la caída de Adán. El rey David representaba a Jesús. Isaías profetizó que Jesús ocuparía el trono de David, como el príncipe de la paz. El ángel Gabriel habló a María: "Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David" (Lc. 1, 32). David inició su reinado a los 30 años de edad; a la misma edad, Jesús comenzó con su oficio público como el Salvador. A David no le fue permitido construir el templo, aún cuando él así lo quiso; asimismo Jesús no pudo establecer el reino de Dios física y espiritualmente, aún cuando él así lo había deseado.

El segundo Salvador será el Rey de los reyes, con la gloria y la fuerza del rey Salomón. Si los judíos hubiesen aceptado a Jesús con fe absoluta, entonces él hubiera podido ocupar simultáneamente las posiciones de David y Salomón.

El templo de Salomón fue construido usando como muestra el tabernáculo de Moisés. El tabernáculo de Moisés fue el símbolo de Jesús y el templo de Salomón, su imagen, pues Jesús fue la realización del templo. Por eso comparó Jesús su cuerpo con el templo (Jn. 2, 19-21).

El templo estaba dividido en dos partes: la santísima y la santa. En la santísima se encontraba Dios y hablaba al sumo sacerdote. Esta parte simbolizaba la forma espiritual de Jesús, mientras que la santa representaba su cuerpo. Al mismo tiempo, la parte santísima simbolizaba al cielo y la parte santa la tierra. Es por esto por lo que el templo fue la imagen de Jesús, o sea, la imagen de un hombre perfecto, que era la armoniosa encarnación del cielo y de la tierra. El Arca del Testamento se encontraba en la parte santísima del templo y el propiciatorio, sobre el Arca. Dos querubines de oro, que se miraban el uno al otro, se balanceaban con las alas extendidas sobre el propiciatorio (Ex. 25, 20).

El Arca del Testamento fue el símbolo de la Dispensa para Jesús. En el Arca se encontraban las dos tablas de piedra que simbolizaban a Jesús y al Espíritu Santo. Cuando alguien acepta a Jesús (la encarnación del Verbo), entonces se forma en el interior de esa persona un propiciatorio sobre el cual Dios se halla presente. Por consiguiente, todo aquel que esté unido con Jesús, o sea, con la encarnación del templo, se convertirá él mismo en un templo, es decir, en una morada de Dios. Por eso Jesús había dicho que él sería la cabeza del templo y sus discípulos serían los templos. Jesús había llegado para convertir a los hombres en templos de Dios, atrayéndolos hacia él. El propósito de la erección del templo fue así un presagio para la Dispensa Divina que Jesús debería llevar a cabo.

Finalmente se abandonó la separación entre lo santísimo y lo santo, y el templo perdió su significado, mediante el oficio espiritual de Jesús. Jesús fue la realización del templo. El ideal del templo se vio consumado en él y, por eso, tanto el templo como los oficios divinos que se celebraban en el mismo, perdieron su significado y fueron superfluos.

LOS REINOS DIVIDIDOS (400 años)

Con la construcción del templo de Salomón, recibieron los israelitas una nueva Dispensa. Ellos debían apegarse al templo, para luego poder unirse a Jesús. A pesar de su gran sabiduría, Salomón tenía una debilidad por mujeres extranjeras. Este fue el motivo por el cual él ofreció su corazón a otros dioses, para quienes quemó incienso y consumó sacrificios. Así cometió una maldad ante los ojos de Dios. Dios se airó contra Salomón y habló: "Porque te has portado así, y no has guardado mi pacto y los preceptos que te di, inexorablemente dividiré tu reino, y se lo daré a un siervo tuyo. Mas no lo ejecutaré en tus días por amor de David tu padre; lo desmembraré cuando se halle en poder de tu hijo" (1 Re. 11, 11-12). El reino de Salomón fue así dividido en Israel (el reino del norte), y en Judá (el reino del sur). Jeroboam, un siervo de Salomón, reinó en Israel que estaba integrado por 10 tribus. Roboam , un hijo de Salomón, reinó en Judá, que estuvo compuesto por dos tribus.

El reino del norte existió durante más o menos 240 años. En el transcurso de este tiempo, fue regido por 19 reyes. Los reyes y el pueblo rezaban a ídolos, separándose así de Dios.

El reino del sur duró 394 años. En su transcurso, fue regido por 20 reyes, quienes en su mayoría fueron buenos ante los ojos de Dios.

Para la separación del bien y del mal en la familia de Adán, Dios contrapuso a Caín y Abel. Mediante Esaú y Jacob, Dios procedió a la separación de Satanás de la familia de Isaac. Como el rey Salomón se había unido a Satanás, Dios dividió su reino en dos partes. El reino del norte, Israel, adoptaba la posición de Caín, mientras que el reino del sur, Judá, adoptaba la posición de Abel. Por consiguiente, el reino del norte debió caer bajo la soberanía del reino del sur, para así lograr entre estos dos reinos una relación semejante a aquella que había existido entre Esaú y Jacob.

Dios envió a profetas del reino del sur, para inducir al pueblo del norte a arrepentirse. Elías, Oseas y Amos fueron al reino del norte y exhortaron al pueblo a hacer penitencia. En sus advertencias, hicieron resaltar el amor, así como también la justicia de Dios. Pero la nación entera, desde el soberano hasta el hombre más modesto, no se atuvo a los mandamientos de Dios. Los israelitas habían construido terneros de metal fundido, veneraban al ejército celestial y servían a Baal, un dios de los hombres de Canaán. "Hicieron pasar a sus hijos e hijas por el fuego, y se ocuparon en adivinaciones y agüeros; se vendieron para hacer el mal delante del Señor, provocando su ira" (2 Re. 17, 17-23). Dios se encolerizó contra el reino del norte (Israel), y lo arrojó de Su presencia. El reino del norte debió escuchar las advertencias de los profetas de Judá y tomar ante el reino del sur la misma posición que Esaú, quien se había unido en el amor con su hermano Jacob.

Encontrándose Jeroboam quemando incienso frente al altar, se le presentó un profeta, quien de parte del Señor, lanzó una sentencia contra el altar, anunciándole una desgracia. Al dar una señal, el altar se hizo pedazos y se derramó la ceniza que había en él (1 Re. 13, 1).

El profeta Elías demostró al pueblo la gran fuerza del Señor mediante el fuego del cielo que consumió el sacrificio y el altar. Encargó al pueblo de capturar los 450 falsos profetas de Baal y traerles al arroyo de Cisón, donde fueron muertos (1 Re. 18, 20). No obstante esta demostración de la fuerza poderosa del Señor, el rey Acab y su mujer Jezabel mandaron buscar a Elías para matarlo.

El reino del sur, Judá, tampoco había cumplido con los mandamientos de Dios, sino que por el contrario, había asimilado las costumbres del reino del norte. El reino del sur debía haber tomado la posición de Jacob, quien había sometido a Esaú, convirtiéndose éste en su súbdito. En lugar de eso, el reino del sur adoptó la posición de Abel, que fue muerto por Caín. Así se unieron ambos reinos a Satanás y fracasaron en la consumación del ideal del templo.

El reino del norte fue invadido por los asirios y destruido en el año 722 antes de Cristo. El reino del sur fue conquistado por los babilonios en el año 597 antes de Cristo. El rey Joaquín, sus generales y chambelanes, los guerreros, carpinteros y herreros, y 10.000 habitantes fueron hechos prisioneros y llevados a Babel, y el templo fue saqueado. En el año 586 antes de Cristo, el rey Sedecías fue obligado a presenciar el asesinato de sus hijos; luego le fueron quemados los ojos. Los babilonios habían saqueado sistemáticamente, prendiendo fuego y destruyendo todos los edificios de la ciudad, incluso el templo, de cuya Arca del Testamento nunca más se supo nada. Todos los habitantes de Jerusalén, a excepción de Jeremías y algunos pobres, fueron cautivados. Así fue como no pudo realizarse la Dispensa Divina mediante el templo de Salomón. Por consiguiente, los habitantes de Judá e Israel tuvieron que sufrir en Babilonia como prisioneros, así como habían sufrido los hebreos en Egipto a causa de la falta de Abrahán.

EL REGRESO DEL DESTIERRO (140 años)

El rey persa, Ciro el Grande, conquistó en el año 539 antes de Cristo la ciudad de Babel, convirtiéndola en la capital de su nuevo imperio. Ciro permitió a los judíos volver a Jerusalén, por lo que se cumplieron las profecías de Habacuc y Jeremías. Ciro publicó un decreto por el cual otorgaba a los judíos una posición social más elevada. No sólo les devolvió las vasijas del templo, que habían sido quitadas por Nabucodonosor en el año 587 antes de Cristo, sino que puso también a la disposición de los judíos los medios para el regreso a Jerusalén. Tres veces habían sido cautivados los judíos, para regresar luego poco a poco en tres grupos, en el transcurso de 140 años.

Lo primero que hicieron los judíos al llegar a Jerusalén, fue erigir un altar en el lugar del templo destruido y consumar con regularidad sacrificios, mañana y noche. Sin embargo, no se comenzó con la reedificación del templo mismo hasta después de 15 años. Urgidos por los profetas Ageo y Zacarias, comenzaron luego con la reconstrucción del templo. Más de 100 años permaneció la ciudad de Jerusalén en ruinas, hasta que finalmente regresaron Nehemias y Esra y aceleraron la reconstrucción de la misma.

Con la ayuda de Nehemias, el escriba Esra logró reunir a los judíos ante la puerta del agua. Ahí escucharon el libro de las leyes y juraron ceremoniosamente cumplir con sus reglamentos. Un nuevo estado teocrático fue fundado. La ofrenda de las primeras frutas, el diezmo, las ofrendas generosas y las fiestas decretadas fueron acentuados enérgicamente. El templo fue la base principal del judaísmo en el tiempo de Esra. Así los judíos restablecieron la situación que reinaba cuando Salomón y su pueblo habían erigido el templo.

Por la perversión del rey Salomón, se retardó 610 años la realización del ideal del templo; 400 años de los reinos divididos, 70 años de destierro en Babilonia y 140 años del regreso.

EL TIEMPO DE LOS PREPARATIVOS PARA LA LLEGADA DEL SALVADOR (400 años)

Los judíos habían llegado ahora a la última etapa de la prueba que precedía al gran día de la gloria, es decir, al de la llegada del Salvador. Para este gran día, debían pagar la indemnización por todo el pasado, para lo cual debían mantenerse alejados de Satanás en los 400 años siguientes. Estos 400 años de prueba tenían un significado parecido a los 400 años de esclavitud en Egipto, que habían precedido a la llegada de Moisés, el libertador de la tribu. Durante este periodo de prueba, el pueblo debió mantenerse alejado de Satanás.

En el transcurso de este tiempo, cayó la teocracia judía bajo la soberanía de los persas, griegos, egipcios y sirios. Bajo el mando de los macabeos, el pueblo judío se rebeló en el año 167 antes de Cristo contra los sirios. En el año 142 antes de Cristo, lograron la independencia, la cual finalizó en el año 63 antes de Cristo, al caer los judíos esta vez bajo la soberanía del Imperio Romano. En este periodo, los judíos tuvieron que sufrir bajo la soberanía extranjera.

Desde la llegada de los romanos, fue aumentando más y más, en miles de corazones judíos en sufrimiento, el deseo vehemente por la llegada del Salvador. En el fondo de sus corazones, sentían que Dios pronto habría de intervenir, si es que El aún se preocupaba por Su pueblo elegido. La gran esperanza de una salvación sobrenatural, que los libertaría de sus sufrimientos, creció con la corriente, siempre en aumento, de la literatura apocalíptica que en su mayoría seguía el modelo del libro de Daniel.

En general se creyó que la intervención Divina traería consigo un cambio radical del orden mundial. A través de un Salvador, Dios reuniría a "los suyos", tanto a los vivos como a los muertos, para vivir con ellos en una felicidad eterna. Esto requería primeramente, como suponían algunos, "el fin de la era" o, como creían otros, "el fin del mundo". El "fin" sería anunciado por una última llamarada del mal (guerras y la expansión de las mismas, miseria, miedo, hambre, plagas y el advenimiento sobre la tierra de soberanos más malvados aún). Los que estén alerta, reconocerían estos acontecimientos como la "señal del fin". En el último momento y al son del "último trombón", aparecería el Salvador de entre las nubes, acompañado por ángeles celestiales. El sería una personalidad celestial, uno "como un hombre", y sería llamado el Hijo del Hombre, poseyendo además otros títulos, tales como Cristo, el Electo del Señor, el Hijo de David, el Ungido del Señor, el Justiciero, el Príncipe de la Paz, etc. Cuando él apareciera, se elevarían en los aires los justos de la tierra hacia él y saldrían los muertos de sus sepulturas.

Según las concepciones más antiguas, sólo a los judíos justificados les sería posible unirse al Salvador; sin embargo, según nuevas expectativas, también se les concedía a los no judíos probos, la esperanza de la redención. Todas las almas humanas, tanto las buenas como las malas, serían llamadas a comparecer ante un juicio final. Luego, ante el sitial del Salvador, serían separados los redimidos de los perdidos. Los malos serían arrojados en el fuego eterno del infierno y los buenos vivirían en la gloria, junto al Rey y Señor.

Los hombres tuvieron diferentes conceptos o ideas sobre este estado de gloria. Algunos hombres lo suponían sobre la tierra, como un Jardín del Edén restablecido, es decir, como un paraíso terrestre. Otros lo suponían situado en uno de los cielos inferiores. Y había también otros que agrupaban los diferentes conceptos y se imaginaban este estado de gloria como un paraíso terrestre, con una nueva Jerusalén como su centro y en el cual vivirían el Mesías y sus elegidos durante 1000 años, antes del juicio final. A esto seguiría un paraíso celestial, al cual irían los redimidos después del juicio final.

Grande fue la penuria de los judíos devotos de aquella época; y tan fuerte fue su creencia, que a ellos les parecía realmente posible que sus esperanzas se vieran muy pronto hechas realidad. Y en efecto, de otro modo, el mundo les hubiera parecido sin sentido.

LA DISPENSA PARA JESUS, ELIAS Y JUAN BAUTISTA

El profeta Elías fue una personalidad espiritual muy poderosa y su misión consistía en someter a Satanás radicalmente, para que éste nunca más volviera a presentarse ante los judíos. Elías venció y dio muerte a todos los falsos profetas, luego de su gran batalla con Satanás en el Monte Carmelo. Pero después de la muerte de Elías, los judíos volvieron a rebelarse contra Dios, rezando a ídolos y uniéndose nuevamente a Satanás. Por este motivo, se tuvo que llevar a cabo una vez más la obra de Elías. Un segundo Elías fue necesario para preparar el día de la llegada del Salvador. Por eso, Dios dijo: "He aquí que yo os enviaré el profeta Elías antes que venga el día grande y tremendo del Señor" (Mal. 4, 5).

Esta fue la promesa Divina y el pueblo aguardó a Elías, quien llegaría como precursor del Salvador. Según el testimonio de Jesús, fue Juan Bautista el Elías anunciado. Esto quiere decir, que con Juan Bautista se cumplió la llegada de Elías. El había llegado para hacerse cargo de la misión de Elías, es decir, para sojuzgar a Satanás y encargarse de los preparativos para la llegada del Redentor.

Al llegar a los oídos de los fariseos que Jesús sería el Salvador, preguntaron éstos a los discípulos quién sería entonces el Elías anunciado, si su Maestro ya era el Redentor. Los discípulos se presentaron con esta pregunta ante Jesús, quién les respondió que Juan Bautista era el Elías (Mt. 17, 10-13).

Los sacerdotes y los levitas acudieron a Juan, para enterarse por él mismo, si él era o no el Elías (Jn. 1, 19-21). Juan lo negó.

Lo que había dicho Juan fue interpretado por el pueblo como un hecho muy importante, y sus palabras tuvieron una influencia muy grande. En aquel entonces, el pueblo atribuía a sus palabras más importancia que a las de Jesús, ya que Jesús era sólo un simple carpintero y desconocido aún por muchos. Nadie hubiese dudado en Jesús como el Salvador, si Juan se hubiese dado a conocer como el sucesor de Elías y dado fe de la autenticidad de Jesús. Sin embargo, al negar Juan su papel como el Elías, acusó indirectamente a Jesús de impostor. Al pueblo le fue por lo tanto difícil aceptar a Jesús como el Redentor.

La misión de Juan como testigo de Jesús, hubiera debido finalizar con el bautismo de Jesús en el Jordán. Luego debió Juan unirse a los discípulos, para seguir y servir a Jesús como el Señor. Pero él no pareció estar convencido y adoptó una posición contraria; pues Juan dijo: "Conviene que él crezca, y que yo mengüe" (Jn. 3, 30). Si Juan hubiese seguido a Jesús, hubiera podido estar junto a Jesús en su evolución y en su gloria. A Juan le entraron dudas al comparar su propia vida con la de Jesús. Parecía como si Jesús fuera a eliminar la Ley de Moisés. Los discípulos de Jesús eran simples pescadores, y sus amigos, publicanos y pecadores. Jesús y sus discípulos comían y bebían, mientras que Juan y sus discípulos eran ascetas.

En la prisión, se asombró Juan nuevamente de Jesús, al escuchar de los milagros que éste había realizado. Juan envió a dos de sus discípulos a Jesús y les mandó preguntar: "¿Eres tú aquel que ha de venir, o debemos esperar a otro?".

Jesús les respondió:

Id y contad a Juan las cosas que habéis oído y visto: como los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia el evangelio. Y bienaventurado aquel que no se escandalizare de mi proceder (Lc. 7, 22-23).

Juan pareció haber reconocido a Jesús por sus obras. Por la importancia de su misión, Juan fue el más grande de todos los profetas; pues él era aquel que debía dar testimonio directo del Salvador. Pero como Juan se había enfadado con Jesús y dudado de él, Jesús habló:

Por lo que os digo: Entre los nacidos de mujeres ningún profeta es mayor que Juan Bautista; si bien aquel que es el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él (Lc. 7, 28).

Por consiguiente, comparado con el servicio que Juan prestaba a Jesús, era él el más pequeño de todos, ya que ni seguía a Jesús, ni tampoco lo servía como Señor, a pesar de haber sido elegido precisamente para este fin. Si Juan hubiese dado fervientemente testimonio de Jesús y lo hubiera seguido después de su bautismo, posiblemente toda la nación de Israel hubiera sido partidaria de Jesús. Pero Juan, el precursor de Jesús, había fracasado en darle su testimonio.

LA TENTACION EN EL DESIERTO

Por la incredulidad de Juan y del pueblo, Jesús tuvo que sostener por 40 días, un conflicto con Satanás en el desierto, para así colocar él mismo un fundamento para la Dispensa Divina.

Satanás tentó a Jesús en los momentos más importantes e indispensables para su misión. Si Jesús no hubiese resistido estas tentaciones de Satanás, toda su misión hubiera fracasado. Satanás pudo enfrentarse a Jesús y tratar de seducirlo, porque tanto en Juan Bautista como en el pueblo, predominaban la incredulidad y la desobediencia.

Un gran hambre acometió a Jesús cuando ayunaba y Satanás lo tentó con estas palabras: "Si eres Hijo de Dios, di que esas piedras se conviertan en pan" (Mt. 4, 1).

Cuando los israelitas en aquél entonces, sufrieron hambre en el desierto, cayeron en la incredulidad por lo que Moisés hizo pedazos las tablas de piedras y golpeó la peña dos veces. Por este motivo, Satanás se apoderó simbólicamente de la peña. La peña fue un símbolo de Cristo y, por consiguiente, Cristo se hallaba simbólicamente en las manos de Satanás. Por lo tanto, si Jesús, impulsado por su gran hambre, hubiese caído en la incredulidad de los antepasados de Israel, Satanás hubiera tenido un derecho de reclamar a Jesús para sí.

Jesús derrotó a Satanás con estas palabras: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Lo más importante para Jesús era la Palabra Divina, y no el pan. Jesús debía convertirse en la encarnación de la Palabra Divina. Con su determinación, Jesús venció a Satanás, convirtiéndose en la encarnación de la Palabra Divina, la cual se había perdido simbólicamente con Moisés.

Jesús había llegado como la realización del templo; y su llegada tenía como finalidad transformar a todos los hombres en templos, es decir, en moradas de Dios. Satanás sabía esto, y por eso colocó a Jesús sobre el pináculo del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo". Si Jesús se hubiese dejado caer, hubiera renunciado a su posición como cabeza del templo, igualándose a los hombres caídos y Satanás podría por lo tanto haber ocupado la posición del Señor del templo. Jesús venció nuevamente a Satanás, replicándole: "No tentarás al Señor tu Dios".

Luego de resistir Jesús a la primera tentación, se convirtió en el único soberano del mundo de los Principios Divinos. Al vencer a Satanás por segunda vez, Jesús hizo posible para todos los hombres, convertirse en templos de Dios y adoptar la posición de novias de Jesús. Con esta victoria, Jesús colocó un fundamento para la rehabilitación del hombre hasta la posición de una novia.

A causa del pecado de Adán y Eva, Satanás se había convertido en el Señor de la Creación. Jesús había llegado para arrebatarle a Satanás esta soberanía. Como Satanás conocía las intenciones de Jesús, lo condujo hasta un monte muy encumbrado y, mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de los mismos, le dijo: "Todas estas cosas te daré, si postrándote delante de mi me adorares". Jesús lo venció por tercera vez, diciéndole: "Adorarás al Señor Dios tuyo, y a El sólo lo servirás". Esto demuestra la existencia de un solo Creador. Jesús fue Su único representante. Al vencer a Satanás en la tercera tentación, Jesús colocó un fundamento para el restablecimiento de la soberanía del hombre sobre toda la Creación.

Venciendo a Satanás, Jesús asentó el fundamento de los 40 días. De este modo, él estableció simbólicamente el fundamento de las cuatro posiciones: Dios, Jesús como la encarnación del Verbo, la humanidad en la posición de una novia, y la soberanía del hombre sobre toda la Creación.

EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ DE JESUS

Después de haber rechazado con éxito a Satanás, estableciendo un fundamento de 40 días, Jesús estaba preparado para tomar posesión de su oficio como el Salvador. Además, había elegido a 12 discípulos y 70 hombres para emprender con ellos la realización de la Dispensa Divina para el restablecimiento universal.

El resto de la obra dependía ahora enteramente del pueblo. Si los judíos hubiesen reconocido a Jesús como el Salvador y seguido de todo corazón, Satanás no hubiera podido ejercer ningún poder sobre ellos. Jesús hubiese entonces podido usar toda su fuerza y llevar a cabo su misión.

La parte modesta de la población escuchó a Jesús, maravillándose de sus obras y siguiéndolo en el comienzo de su oficio espiritual.

Pero los sacerdotes, escribas y fariseos, testarudos y presuntuosos, se unieron a Satanás y desacreditaron las enseñanzas y las obras de Jesús. De este modo, distanciaron a Jesús del pueblo y Satanás ensanchó su fundamento. Finalmente, Satanás se apoderó de Judas Iscariote, deslizándose así él mismo en el círculo de los discípulos.

En verdad, en verdad te digo que nosotros no hablamos sino lo que sabemos bien, y no atestiguamos sino lo que hemos visto, y vosotros con todo no admitís nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas de la tierra, y no me creéis, ¿cómo me creeréis si os hablo de cosas del cielo? Nadie subió al cielo, sino aquel que ha descendido del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, así es menester que el Hijo del hombre sea levantado (Jn. 3, 11-14).

Las cosas Divinas, sobre las cuales quiso hablar Jesús, se referían al reino de los cielos. Mas él no pudo contar nada sobre ellas, pues el pueblo no creía en él. Los judíos no hubieran creído en Jesús, hablase lo que hablase o hiciese lo que hiciese. Satanás ya había penetrado en el fundamento de los 40 días y la muerte de Jesús por las manos de sus enemigos, fue inevitable. Jesús reprendió al pueblo y a sus incitadores, diciéndoles: "Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre" (Jn. 8, 44). "Pero ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!..." (Mt. 23, 13). Jesús sólo los podía reprender; pues al rechazar a Jesús, hicieron imposible llevar a cabo toda la Providencia Divina en aquel tiempo.

Como Satanás conocía bien el significado de la llegada del Salvador, no había otra cosa que más deseara que la eliminación de esta persona, o sea, de Jesús. Con la eliminación de Jesús, Satanás podía destruir la completa Dispensa Divina de los últimos 4000 años. Satanás aprovechó las condiciones creadas por Juan Bautista, así como por los judíos incrédulos y por Judas Iscariote, para provocar la caída de Jesús. Si bien Dios había vacilado, permitió sin embargo a Satanás, por las condiciones reinantes, ejercer su poder; y Satanás consiguió que el pueblo crucificara a Jesús.

El objetivo final de la misión de Jesús fue devolver la humanidad a Dios; pues Dios quiso tener a los hombres como Su propiedad, aún cuando para este fin, El debió entregar a Jesús al poder de Satanás. Como Satanás había ejercido todo su poder para la crucifixión de Jesús, se había logrado ahora, según el principio de la indemnización, una base para Dios para poder ejercer Su fuerza contraria.

Haciendo uso de Su fuerza, Dios despertó a Jesús de su muerte. La resurrección de Jesús no estuvo por lo tanto sometida a la intromisión de Satanás y creó una zona completamente aislada de la influencia de Satanás. Si bien la crucifixión de Jesús había significado una victoria de Satanás, la resurrección, sin embargo, fue una victoria de Dios, mediante la cual destruyó toda pretensión anterior de Satanás sobre Jesús. Con la resurrección, Satanás no tuvo más ningún fundamento para atacar o acusar a Jesús.

Por la incredulidad de los judíos, Jesús no pudo llevar a cabo la Providencia Divina universal, tanto espiritual como físicamente. Sin embargo, tuvo éxito en lograr establecer una base para la rehabilitación espiritual. El que creía en Jesús y según esta fe servía a Jesús, podía alcanzar la redención espiritual y penetrar así en el paraíso, después de la muerte física del cuerpo. Mas antes, debía soportar y vencer las tentaciones de Satanás en el mundo físico, ya que el cuerpo físico de Jesús había sido entregado a Satanás. Por eso habló Jesús a sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y cargue con su cruz, y sígame" (Mt. 16, 24).

Satanás se había introducido en el fundamento de los 40 días, que Jesús había establecido en el desierto. Con la crucifixión de Jesús, este fundamento fue destruido. Por consiguiente, Jesús tuvo que colocar, para el comienzo de la nueva Dispensa para la rehabilitación espiritual, un nuevo fundamento en relación con el número 40. Por lo tanto, Jesús no ascendió inmediatamente al cielo luego de haber resucitado, sino que permaneció durante 40 días en la tierra junto a sus discípulos, aconsejándoles y fortaleciendo la fe de los mismos. Mediante este nuevo fundamento de 40 días, fue posible el descenso del Espíritu Santo y Dios pudo iniciar una nueva Dispensa, con el Jesús resucitado y el Espíritu Santo. Desde aquel entonces, cada hombre podía sustraerse espiritualmente a las acusaciones de Satanás, uniéndose al Jesús resucitado; pues esa persona se encontraba sobre el mismo fundamento que Jesús.

La muerte de Jesús en la cruz y su resurrección se convirtieron en los medios para la rehabilitación espiritual de la humanidad caída, y levantaron un fundamento para la indemnización para todos aquellos que creían en Jesús. La fe en el Jesús crucificado y luego resucitado significó por lo tanto para el hombre, la alternativa entre el camino del bien y el camino del mal.

Jesús sólo pudo alcanzar la salvación espiritual del hombre. Para llevar a cabo la misión incompleta de Jesús, es decir, el restablecimiento físico de un mundo perfecto mediante la erección del reino de Dios sobre la tierra, debió consumarse el regreso, unido con su oficio espiritual.

 

 

CAPITULO X

LA SEGUNDA LLEGADA DE CRISTO

DIOS REVELA EL MOMENTO OPORTUNO

Desde la profecía escrita en el capítulo 24 de Mateo, la segunda llegada de Jesús ha sido la esperanza más grande de los cristianos. Sin embargo, mucho se ha discutido con respecto al tiempo, lugar y forma de la misma, sin encontrar una respuesta convincente. Jesús dijo: "Mas en orden al día y a la hora, nadie lo sabe, ni aún los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre" (Mt. 24, 36). Algunos cristianos opinan que es inútil discutir sobre el momento de la llegada. El Padre, sin embargo, sabe cuándo y lo revelará cuando el tiempo haya llegado. Está escrito: "El Señor Dios no hace estas cosas sin revelar sus secretos a los profetas siervos suyos" (Am. 3, 7).

Dios, siempre ha revelado Su voluntad a sus siervos elegidos, antes de realizar Sus obras. Así por ejemplo, Dios reveló a Noé la llegada del diluvio y le mandó prepararse para este suceso. Dios comunicó a Abraham la destrucción de Sodoma y Gomorra. Hasta el momento del nacimiento de Jesús, nadie supo cuándo iba a llegar al mundo. Mas cuando el tiempo se hubo cumplido, Dios lo reveló a los magos del oriente, a los pastores y a Juan Bautista. Está escrito que Cristo vendría como un ladrón en la noche a aquellos que se hallaran en las tinieblas; pero asimismo está escrito que él no vendría como un ladrón en la noche a aquellos que no se hallaran en las tinieblas. Cuando el Señor llegue de nuevo, Dios comunicará otra vez a Su gente el tiempo y el lugar, como lo ha hecho cuando el nacimiento de Jesús.

DIVERGENCIA DE IDEAS SOBRE LA SEGUNDA LLEGADA

¿De qué modo vendrá el Señor? Actualmente existen varias opiniones o ideas sobre la segunda llegada de Cristo. Algunas personas creen que se trata de la intervención de Jesús en la vida de un hombre, en el momento de su conversión. Es verdad, que en este instante, Jesús penetrará en el corazón del creyente; pero ésa no es la llegada a la cual se refiere la profecía Divina en Mateo, capítulo 24. Las conversiones tienen lugar cada día; pero la segunda llegada del Señor es un acontecimiento que tiene lugar sólo una vez en la historia.

Mucha gente opina que Jesús penetra en la vida de los cristianos en el momento del bautismo con el Espíritu Santo. Este es un punto de vista semejante al de la penetración de Jesús en el corazón del creyente, en el momento de su conversión. En el día de Pascua, los discípulos experimentaron el bautismo del Espíritu Santo; no obstante, continuaron hablando de la próxima llegada del Señor, como tratándose de un acontecimiento futuro. Esto indica, que el bautismo no es la llegada señalada en el evangelio de Mateo.

Los primeros cristianos esperaban que Jesús regresara mientras ellos aún vivían y lo esperaron todos los días ansiosamente. Entretanto ha habido muchas predicciones sobre el momento de su segunda llegada, de las cuales ninguna fue cierta.

Según otra opinión sobre la segunda llegada de Cristo, Jesús vendrá con gritos de combate y la voz del arcángel del cielo, y el pueblo de Dios será elevado hasta las nubes, para encontrarse en la atmósfera con el Señor.

En la época de Jesús, creyeron algunas personas, quienes habían interpretado las palabras de Daniel verbalmente, que el Salvador llegaría de entre las nubes. "Yo estaba, pues, observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo uno que parecía el Hijo del hombre; quien se adelantó hacia el anciano de días, y le presentaron ante él" (Daniel 7, 13).

Ellos creyeron que su regreso tendría lugar de un modo análogo a su ascensión. Una nube le encubrió y en una nube regresaría (Hch. 1, 9-11). Jesús se había ido visible y físicamente, y regresaría visible y físicamente. El se había despedido de su pueblo y regresaría al mismo, saliéndole al encuentro en la atmósfera.

Si Jesús llegara de entre las nubes con la voz del arcángel, como aún hoy algunas personas siguen creyendo, y si los cristianos se hubieran de elevar a las nubes para encontrarse con Cristo en la atmósfera, ¿cómo podría cumplirse el siguiente pasaje en Lucas 17, 24-25?

Porque, como el relámpago brilla y se deja ver de un cabo del cielo al otro, iluminando la atmósfera, así se dejará ver el Hijo del hombre en el día suyo. Mas es menester que primero padezca muchos tormentos, y sea desechado de esta generación.

Si Jesús llegara del cielo en medio de una nube, ¿quién de esta generación podría negarlo y rechazarlo, y por qué habría de padecer primeramente? Las palabras de Jesús no podrían cumplirse, si el regreso llegara a realizarse de tal forma.

Algunos cristianos se apoyan en la segunda epístola de San Juan, versículo 7, para justificar su creencia, de que Jesús vendrá en el mismo cuerpo, pues está escrito:

Puesto que se han descubierto en el mundo muchos impostores que no confiesan que Jesús es el Cristo, venido en carne: negar esto es ser impostor y anticristo (2 Jn. 1, 7).

San Juan advirtió a los hombres cuidarse de los gnósticos, quienes creían en el dualismo de lo bueno y de lo malo y enseñaban que la carne era mala y que, por lo tanto Jesús, el Hijo de Dios, no podría tomar la misma carne que la humanidad caída. San Juan denominó a los gnósticos "impostores" y "el anticristo", porque negaron a Jesús como persona física e histórica. Este pasaje no se refiere a la segunda llegada del Señor.

Entre los cristianos de diferentes confesiones existe una divergencia de opiniones e ideas, sobre la segunda llegada de Cristo; y esto, a pesar de leer la misma Biblia y estar por lo tanto convencidos de que su creencia no puede ser falsa, ya que está basada en la Palabra Divina.

LA EXPLICACION REVELADA

La gran esperanza de Israelfue la llegada del Salvador; y el pueblo aguardó el regreso de Elias quien había sido anunciado como el precursor del Salvador. Jesús dijo que Juan Bautista era el Elías.

Sobre lo cual le preguntaron los discípulos: ¿Pues cómo dicen los escribas que debe venir primero Elías? A esto Jesús les respondió: En efecto, Elías ha de venir y entonces restablecerá todas las cosas. Pero yo os declaro que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo cuanto quisieron. Así también harán ellos padecer al Hijo del hombre. Entonces entendieron los discípulos que les había hablado de Juan Bautista (Mt. 17, 10-13).

Y si queréis admitirlo, él mismo es aquel Elías que debía venir. El que tenga oídos para entender, entiéndalo (Mt. 11, 14-15).

Con la aparición de Juan Bautista, se cumplió así el regreso de Elías.

En el estudio de la historia del Antiguo Testamento, se ve claramente que Dios nunca obra por un hombre que ya había fracasado una vez en el cumplimiento de Su Dispensa. En su lugar, Dios elige a otra persona para llevar a cabo Su Providencia. Cuando Dios había elegido a Moisés, prometió conducirlo con su pueblo a la tierra de Canaán. Pero por el fracaso de Moisés y la incredulidad de su pueblo, no se le permitió al primero entrar en el país prometido. Dios eligió a Josué como sucesor, quien completó la misión de Moisés. Por consiguiente, Dios no enviará nuevamente a Jesús, sino elegirá a otra persona como su sucesor para que complete la obra.

De acuerdo con la nueva Revelación Divina, la segunda llegada del Señor se llevará a cabo al igual que en el caso de Elías y Juan Bautista. Jesús consideró a Elías y a Juan como una sola persona, en lo que se refiere a su misión; puesto que Juan llegó como sucesor para completar la obra de Elías. De la misma forma, Dios enviará a otra persona para la realización de la obra incompleta de Jesús. Por eso Jesús y el segundo Redentor serán idénticos en la realización de la misma misión.

Según la ley de indemnización, una vida puede ser compensada sólo por otra vida (Ex. 21, 23-25). El fracaso del hombre (el pecado original de Adán) sólo puede ser indemnizado por un hombre. Por eso Dios prosiguió con Su Dispensa para la rehabilitación, por medio de hombres tales como Noé, Abrahán, Jacob, Moisés y Jesús. Dios tiene que completar la obra de la rehabilitación mediante hombres. Esa fue la razón por la cual Jesús nació como hombre, vivió como tal y, como hombre, luchó con Satanás y murió en la cruz. Jesús logró cumplir sólo la mitad de su misión. En el momento de su crucifixión, la rehabilitación física del hombre había quedado incompleta.

Para la realización de esta obra, deberá nacer otro hombre que viva como hombre, venza completamente a Satanás y, como hombre, restablezca el universo entero. Esto significa triunfo y gloria para Dios. Cuando Job, por ejemplo, resistió todas las pruebas y triunfó sobre ellas como hombre, Satanás lo abandonó y Dios bendijo a Job dos veces más que antes.

¿HALLARA FE?

En el momento de la segunda llegada, serán aquellos que miran hacia el cielo, esperando su llegada de entre las nubes, los que negarán, rechazarán y aun perseguirán al Señor. Como él vendrá de una forma completamente imprevista, muchos cristianos que se aferran a la fe tradicional, lo condenarán como hereje y anticristo. En este caso se verificará lo que Jesús había predicho:

Cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra? (Lc. 18, 8).

No todo aquel que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre Celestial. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos nosotros profetizado en tu nombre, y lanzado en tu nombre los demonios, y hecho muchos milagros en tu nombre? Mas entonces yo les contestaré: Jamás os he conocido; apartaos de mi, operarios de iniquidad (Mt. 7, 21-23).

Jesús rechazó a los judíos que lo habían negado, y eso, sin considerar los años que habían servido a Dios y los grandes milagros que habían realizado. Del mismo modo, el Señor rechazará, cuando la segunda llegada, a todos aquellos que lo nieguen, sin considerar las grandes obras que realizaron en nombre de Jesús. El aparecerá con la justicia y la gloria del Padre, y administrará justicia.

El reino de Dios no ha de venir con muestras de aparato; ni se dirá: Vele aquí o vele allí. Antes tened por cierto que el reino de Dios está dentro de vosotros (Lc. 17, 20-21).

El reino de Dios no vendrá del cielo físicamente, con señas visibles para todo el mundo. El segundo Salvador y sus adictos establecerán el reino de los cielos. Por eso el reino de Dios no sólo estará físicamente entre los hombres, sino también en los corazones humanos.

LA LLEGADA SOBRE LAS NUBES

Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y entonces todos los pueblos de la tierra se golpearán el pecho, y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. El cual enviará sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde un extremo a otro del cielo (Mt. 24, 30-31).

Estas palabras se cumplirán simbólica y no físicamente. ¿Cuál es el significado simbólico de la "llegada sobre las nubes"? Las nubes están compuestas por agua evaporada. Según el Apocalipsis, "agua" significa las naciones del mundo. "Las aguas que viste donde está sentada la ramera, son pueblos, y naciones, y lenguas" (Ap. 17, 15). Las nubes simbolizan fieles resucitados. Según la epístola a los Hebreos, las "nubes" simbolizan la multitud. "Ya que estamos, pues, rodeados de tan grande nube de testigos, descargándonos de todo peso y del pecado" (Heb. 12, 1). En el Antiguo Testamento, las nubes simbolizan frecuentemente la presencia de Dios; por consiguiente, Su gloria. La ''llegada sobre las nubes" significa, por lo tanto, que el Señor aparecerá gloriosamente entre la multitud de fieles resucitados.

A la pregunta, en qué sitio tendría lugar su llegada, Jesús contestó a sus discípulos: "Dondequiera que esté el cuerpo, allá volarán las águilas" (Lc. 17, 37). Así como las águilas se reúnen donde encuentran alimento, así también la gente acudirá y se reunirá donde aparezca la luz de la sabiduría Divina y el poder de la vida espiritual. Con otras palabras, en el momento del nacimiento del gran movimiento espiritual, se sabrá de la segunda llegada en aquel lugar donde se reúnen los fieles resucitados. Cuando haya llegado el momento, Dios lo hará saber a su gente por medio de señas y revelaciones. Pero sólo lo percibirán y reconocerán quienes tienen oídos para entender y ojos para ver.

TUVO QUE HABLAR CON SIMBOLOS

¿Por qué Jesús usó símbolos y dijo que vendría sobre las nubes? Jesús tuvo que conferenciar sobre muchas cosas con sus discípulos; pero no pudo decirles todo, pues sabía que aún no le entendían completamente (Jn. 16, 12). Jesús prometió enviar al espíritu de la verdad, quien revelaría todas las cosas a su debido tiempo. Jesús habló a sus discípulos casi siempre en parábolas. Es cierto, que nuestro Señor vendrá de entre las nubes del cielo; pero esto debe entenderse simbólicamente y no verbalmente. Jesús no pudo explicar claramente cosas tan importantes hace 2000 años, pues en aquel entonces, el tiempo propicio aún no había llegado.

Si se hubiese revelado verbalmente que la segunda llegada se realizaría a través de otro hombre, entonces poco les hubiera importado a los cristianos la vida valiosa y la crucifixión de Jesús. Los hombres sólo hubieran aguardado la segunda llegada sin reparar en Jesús y sin adorarlo como el Redentor y Señor. De este modo, se hubiese frustrado completamente la Dispensa Divina para Jesús, en los 2000 años de la época del Nuevo Testamento. Además, si Jesús hubiese revelado claramente que la segunda llegada se realizaría a través de otra persona, hubiesen aparecido muchos cristos falsos, provocando gran confusión en la iglesia cristiana. Es la Providencia Divina, que los cristianos han de sentir hambre y sed de justicia Divina y ansiar el reino de los cielos, sin que persona o cosa alguna los confunda o los distraiga; ellos debían esperar hasta que llegase el momento oportuno. La Biblia predice, que en los últimos días muchas personas dirán: "Yo soy el Cristo", y que seducirán a muchos (Mt. 24, 5). Desde que Satanás había tomado la iniciativa en el comienzo de la historia, el bien siempre fue precedido por el mal. Antes de surgir la verdad, predomina la falsedad. Los cristos falsos deben presentarse antes de llegar el Cristo verdadero.

No deberíamos burlarnos de quienes se hacen pasar por el Señor de la segunda llegada. En lugar de eso, debemos prestar con cuidado atención a las señas del momento de la aparición del Señor, para ver cómo se desarrolla la Providencia Divina.

En el momento de la segunda llegada, se cumplirá la siguiente profecía y Dios derramará Su Espíritu sobre todos los hombres y revelará el sentido oculto de Sus palabras, en el mundo entero.

Y después de esto derramaré yo mi espíritu sobre toda clase de hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos tendrán sueños, y tendrán visiones vuestros jóvenes. Y aun también sobre los siervos y siervas derramaré en aquellos días mi espíritu. Y haré prodigios en el cielo y sobre la tierra: sangre, y fuego, y torbellinos de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de la llegada de aquel grande y espantoso día del Señor (Joel 3, 1-4).

¿SE CONDUCIRAN LOS CRISTIANOS COMO LOS JUDIOS?

Jesús fue negado y mandado crucificar por la nación elegida de Dios, la que había ayunado, orado, dado el diezmo, profetizado y servido a Dios fielmente, mientras aguardaba al Salvador durante los largos años de sufrimientos. No podemos reprochar a los judíos de aquellos tiempos. Si hubiésemos vivido en aquel entonces y visto a Jesús con nuestros propios ojos, probablemente él hubiera sido negado también por nosotros.

Jesús pareció abolir la ley de Moisés y los profetas. ¿Quién podía, en aquel entonces, admitir gustoso que hubiera nacido de una virgen? Si María hubiese hablado de su concepción por el Espíritu Santo, la gente hubiera considerado a Jesús como hijo ilegítimo. Ninguno de sus hermanos lo reconoció como el Salvador. Algunos de sus amigos fueron publicanos y pecadores, y sus discípulos fueron pescadores sin cultura. El mismo había sido un simple carpintero en Nazaret. Ante la multitud, no pareció ser tan importante como Juan Bautista. A todos los que interpretaban el Antiguo Testamento verbalmente, les hubiera sido muy difícil reconocer en una persona semejante al Salvador. No es de extrañar, que la nación entera lo haya rechazado. Sus mismos discípulos lo abandonaron en el momento de su crucifixión, a excepción de Juan, quien había estado presente junto con algunas mujeres.

Los judíos fueron muy leales y obedecieron las palabras del Antiguo Testamento. Pero justamente por eso, los judíos fueron cegados e inducidos a negar al Salvador. ¿Quién dice que las palabras del Nuevo Testamento no han de cegar a los cristianos de hoy día de la misma forma, y que ellos no han de negar al segundo Salvador, basándose en las palabras del Nuevo Testamento? Jesús predijo que no hallará fe cuando venga el Hijo del hombre.

 

 

CAPITULO XI

LA PROLONGACION DE LA PROVIDENCIA PARA LA REHABILITACION

(2000 AÑOS DESPUES DE JESUCRISTO)

Hasta el tiempo de Jesús, el Judaísmo había sido el instrumento directo de la Providencia Divina. Dios eligió a Abrahán, Isaac y Jacob para el establecimiento de un fundamento de la fe y, por medio de sus descendientes, ensanchó este fundamento de una parentela hasta una tribu, y de una tribu hasta una nación. Dios envió al Salvador a esta nación para realizar Su Providencia y para extenderla de una Dispensa nacional a una Dispensa universal. Pero la crucifixión de Jesucristo anuló los 2000 años de la Dispensa Divina, desde Jacob hasta Jesús. Por consiguiente, estos 2000 años debían ser restituidos para poder consumar la Providencia Divina.

La consumación total de la Providencia fue así retardada 2000 años más. Por lo tanto, los dos milenios que siguieron a la resurrección de Jesús, pueden ser considerados como una prolongación de la Providencia para la rehabilitación.

Pero esto no fue sólo un retraso, sino que además tuvo lugar un desenvolvimiento ulterior en la realización de la Providencia Divina. Los 2000 años desde Jacob hasta Jesús formaron la etapa de la formación o la era del Antiguo Testamento; los 2000 años después de Jesús formaron la etapa del crecimiento o la era del Nuevo Testamento.

Para la Dispensa de la era del Nuevo Testamento, Dios eligió a los cristianos. A causa de la crucifixión de Jesús, la nación Judía no era ya apta para hacerse cargo de la nueva Dispensa Divina.

Como fuente para el estudio de la Dispensa Divina en la era del Nuevo Testamento, debería utilizarse la historia de la iglesia cristiana en relación con el Nuevo Testamento.

La Dispensa Divina en la era del Nuevo Testamento siguió el modelo de la era del Antiguo Testamento. En las eras del antiguo y del Nuevo Testamento ha habido siete secciones o periodos comparables de los desarrollos religiosos más importantes, los cuales exponemos a continuación para su comparación.

1) 400 AÑOS DE SERVIDUMBRE DE LOS ISRAELITAS EN EGIPTO / 400 AÑOS DE PERSECUCION DE LOS CRISTIANOS BAJO EL IMPERIO ROMANO

A causa del error de Abraham en su sacrificio, sus descendientes tuvieron que sufrir en Egipto 400 años. Como el Judaísmo y el pueblo Judío habían fracasado en cumplir la Dispensa Divina con el Salvador, tuvieron sus sucesores, los cristianos, que ofrecer una reparación en una forma semejante, para la cual debieron sufrir casi cuatro siglos en un mundo satánico.

Cuando el tiempo del sufrimiento de los israelitas llegó a su fin, Dios envió a Moisés para conducir a su pueblo fuera de Egipto. Los israelitas llegaron a la tierra bendita, Canaán, donde tuvieron la libertad de servir a su Dios. Los diez mandamientos fueron dados a los israelitas por Moisés y un tabernáculo fue establecido como su santuario.

De un modo semejante, cuando el tiempo de la persecución bajo el Imperio Romano llegó para los cristianos a su fin, el emperador Constantino emitió un edicto que les garantizó la libertad de sus oficios Divinos. En el año 380 D. C. el cristianismo fue declarado religión del Estado. Aproximadamente al mismo tiempo aparecieron Agustín y otros hombres eminentes. Por concilios de la iglesia, el credo de los apóstoles fue formulado y el Nuevo Testamento canonizado. En el siglo IV, la iglesia cristiana se convirtió en una institución con un sólido fundamento en el Imperio Romano.

2) 400 AÑOS BAJO JUECES / 400 AÑOS BAJO LOS PATRIARCAS DE IA IGLESIA

Después de la entrada en Canaán, los israelitas fueron gobernados por Jueces durante 400 años. De manera semejante, dirigieron los patriarcas de la iglesia, o los obispos, las iglesias del Imperio Romano, Asia Menor y Africa del Norte durante casi 400 años.

Los patriarcas unificaron las iglesias poco a poco y, en la iglesia occidental, el patriarca u obispo de Roma fue llamado "Papa". Este aumentó rápidamente su poder. Impulsado por ideales devotos, la institución monástica se extendió en aquel tiempo paralelo a la escuela de los profetas, que existió en la época del juez Samuel.

3) EL PERIODO DEL REINO UNIDO / EL PERIODO DEL IMPERIO CRISTIANO UNIDO

El profeta Samuel ungió a Saúl y lo nombró el primer rey de Israel. De manera semejante, el Papa Leo III coronó a Carlomagno en el año 800 y llamó a su reino "Santo Imperio Romano". Esta fue la primera vez que un papa coronaba a un rey. Carlomagno estableció un imperio cristiano unido, siguiendo el ideal del "Estado de Dios" de Agustín. En este Santo Imperio Romano, el feudalismo fue desarrollado totalmente. El reino unido de Salomón fue dividido en los reinos del norte y del sur. Asimismo, el Santo Imperio Romano fue dividido después de 118 años.

4) 400 AÑOS DE REINOS DIVIDIDOS: NORTE Y SUR / 400 AÑOS DE IMPERIOS DIVIDIDOS: ESTE Y OESTE

Cuando el rey Salomón se apartó de Dios introduciendo otros dioses y faltando a su deber en la realización del ideal del templo, su reino fue dividido en los reinos del norte (Israel) y del sur (Judá). De manera semejante, el Santo Imperio Romano fue dividido en los reinos de Franconia del este y Franconia del oeste.

Con la coronación de Carlomagno por Leo III, la iglesia fue dividida en la iglesia ortodoxa y la iglesia católica romana. A continuaión, la iglesia católica se convirtió en el instrumento principal de la Dispensa Divina.

Entretanto, alcanzó el sumo pontificado en la iglesia católica un gran poderío y mejoró su posición política y económica, igualando la de algunos soberanos poderosos. El sumo pontificado alcanzó durante el oficio del Papa Gregorio VII (1073 - 1085), un enorme poderío espiritual y humano. Para el Papa Gregorio VII, el sumo pontificado significaba un dominio universal creado por Dios, bajo el cual todos los soberanos del mundo deberían ser sus súbditos. Más poderoso que Gregorio VII fue Inocencio III (1198 - 1216), quien comparó la relación que existía entre el papa y el emperador, con la del sol y la luna. Los papas excomulgaron a algunos emperadores, lo cual desató muchas luchas entre papas y emperadores.

Cuando Judá e Israel se apartaron de Dios y profanaron el templo, Dios envió profetas, quienes previnieron al pueblo y lo exhortaron a hacer penitencia. Mas a pesar de todo, no se atemorizaron de Dios. Finalmente Dios los castigó, permitiendo a los asirios y babilonios invadir su país y llevárselos como prisioneros. De manera semejante, también los papas causaron el enojo de Dios, ya que no dirigieron la iglesia según Su voluntad.

En aquel periodo tuvieron lugar reformas monasticas, y aparecieron monjes de gran importancia, tales como Francisco de Asis y Domingo. La vida sencilla que llevaron y los servicios que prestaron estos monjes, con un sincero amor hacia Cristo, debieron haber abierto los ojos a las autoridades eclesiásticas de la edad media. Las órdenes de los franciscanos y de los dominicos produjeron una gran influencia en los ánimos de los legos, mostrando que una fe humilde en Cristo sobrepasa el valor de todas las organizaciones existentes.

Por otro lado, la escolástica iluminó las almas de los cristianos medievales con la lógica de la fe, bajo la dirección de hombres como Tomás de Aquino. Los escolásticos utilizaron el método dialéctico para la solución del gran problema teológico: hacer compatibles el entendimiento intelectual y la Revelación entre sí.

En aquel entonces, extendían Hugo von St. Victor, Eckart, Juan Tauler y Tomás de Kempis, el misticismo.

Dios había revelado así su camino y dado muchos estímulos para despertar a los cristianos de la edad media, por intermedio de la convicción intelectual de los escolásticos, los servicios prácticos de los monjes, y la búsqueda espiritual de los místicos. Sin embargo, los papas y clérigos descuidaron sus tareas como padres sagrados del mundo cristiano, siguieron el camino del decaimiento moral y profanaron la iglesia recaudando injustificadas ofrendas e impuestos pontificales.

Finalmente Dios los castigó con una nación pagana. Esta fue la Providencia referente a las cruzadas. Desde el año 1071, Jerusalén se encontraba en poder de los turcos, quienes obstaculizaron considerablemente las peregrinaciones de los cristianos y profanaron el sitio sagrado. Los papas organizaron las cruzadas para reconquistar la Tierra Santa. Durante un periodo de 200 años, fueron realizadas siete grandes cruzadas, las cuales empero, finalizaron con una derrota, no pudiendo recuperar la Tierra Santa.

El fracaso de las cruzadas trajo como consecuencia, la pérdida del prestigio papal. La confianza, el fervor y la devoción de la población hacia la iglesia, fueron intensamente afectados. Muchos nobles y caballeros cayeron en las luchas o perdieron sus bienes, lo cual condujo al desmoronamiento del feudalismo.

5) 70 AÑOS DE DESTIERRO DE LOS ISRAELITAS EN BABILONIA / 70 AÑOS DE DESTIERRO DEL PONTIFICADO

Los israelitas fueron llevados a Babilonia como prisioneros, donde tuvieron que sufrir durante 70 años, regresando por grupos a Palestina, dentro de un periodo de 140 años. Ya que el pontificado tampoco rectificó, a pesar de las muchas advertencias y los muchos castigos, las faltas cometidas, el pontificado fue enviado a Avignon en destierro, donde permaneció 70 años bajo el control del rey francés. Este fue un periodo de humillación para el Vaticano y la iglesia.

6) 140 AÑOS DEL REGRESO DE LOS ISRAELITAS DEL DESTIERRO / 140 AÑOS DE LA REINSTALACION DEL PAPA Y EL COMIENZO DEL RENACINIENTO

Los israelitas permanecieron 70 años en Babilonia; entonces Ciro de Persia conquistó Babilonia y permitió a los israelitas regresar a Palestina. Este regreso se llevó a cabo en tres etapas, durante 140 años. Cuando finalizaron los 70 años del destierro papal, el papado fue dividido entre Roma y Francia del Sur de un modo similar. Esta división fue seguida más tarde por otra división más. Finalmente estas partes fueron reunidas y el papado en Roma renovado.

Durante las cruzadas y, especialmente después de la conquista de Constantinopla en el siglo XV (un acontecimiento que hizo huir a Italia a muchos eruditos, con obras maestras literarias de los antiguos griegos, en idioma original), comenzó el Renacimiento, reanimando los estudios clásicos. Poetas y novelistas, como Petrarca y Bocacio, fueron los maestros de la literatura, quienes se unieron a los grandes pintores y escultores del Renacimiento, extendiendo las perspectivas humanísticas con su alegría permanente y fresca, hacia el hombre y la naturaleza. Los descubrimientos de Marco Polo y Colón ampliaron el horizonte de los europeos. Además, la vida de las personas sencillas sufrió un gran cambio por la grandeza de los centros comerciales, los cuales habían logrado mientras tanto su independencia de la nobleza. En este periodo se registra el máximo esfuerzo teológico de la edad media (la escolástica), y el nacimiento de las universidades. También la gente sencilla sentía la necesidad de ampliar su saber y el deseo de estudios libres aumentó rápidamente. Una nueva conciencia nacional nació bajo los diversos pueblos europeos. Estos factores contribuyeron al desarrollo del Renacimiento.

Las ideas más importantes del Renacimiento fueron: el humanismo, el individualismo, el realismo, juzgar por su propia inteligencia en lugar del ciego reconocimiento de la autoridad papal, el valor de la presente vida terrestre y la hermosura de la naturaleza. La gente rechazó el judaísmo y estudió fervientemente la literatura clásica griega. Las investigaciones científicas se vieron favorecidas por el Renacimiento, y así se inventaron la brújula, la pólvora y la prensa tipográfica. Entre otras cosas, fue formulada la teoría de Copérnico. El Renacimiento fue un movimiento contrario a aquellos conceptos de la vida y del universo que se apoyaban en el ascetismo, el desconocimiento del mundo y el colectivismo cristiano de la edad media. La tendencia hacia el realismo y la sensualidad logró apartar fácilmente a la gente de la iglesia. En realidad, el Renacimiento fue un movimiento pagano.

Mas el Renacimiento ayudó a los cristianos a descubrir nuevamente los puntos siguientes: el uso importante del entendimiento y de la intuición para la comprensión de Dios y Su voluntad, el reconocimiento del valor del individuo, la importancia de la presente vida terrestre, el ideal de la libertad y la hermosura de la naturaleza. Todo esto había desaparecido de vista en el cristianismo colectivo, de poco mundo y ascético de la edad media. El objetivo de la Divina Providencia es la rehabilitación del hombre y del mundo en su totalidad, y no sólo en su parte espiritual. El Renacimiento ayudó al hombre de la edad media a cerciorarse del valor de la vida humana terrestre. Además, mediante el estudio de la lengua griega, los cristianos se vieron posibilitados de leer el Nuevo Testamento en su idioma original. Este hecho implicó un entendimiento mejor de las enseñanzas de Jesús.

Esta expansión en la lectura del Nuevo Testamento proporcionó al simple ciudadano la posibilidad de echar una mirada en la iglesia católica, la cual se había alejado mucho de los principios cristianos.

7) 400 AÑOS DE PREPARACION PARA LA LLEGADA DEL SALVADOR / 400 AÑOS DE PREPARACION PARA LA SEGUNDA LLEGADA DE CRISTO

Los 400 años desde la Reforma protestante hasta la primera guerra mundial fueron el periodo de preparación para la segunda llegada del Señor.

Junto a la gran influencia del Renacimiento sobre el cristiano medieval, existió el hecho de que al lego le parecía la iglesia extremadamente corrompida. En su opinión, la iglesia se había transformado en un enorme sistema de extorsiones pecuniarias, mediante el cual era transportado el oro desde todos los rincones de Europa hacia Roma, donde parecía predominar entre los clérigos el lujo, el materialismo, la irreverencia e incluso la impudicia sin trabas. Además, en una época de progreso general, parecía la iglesia quedar a la zaga. En un mundo transformado, la iglesia equivalía a decretos de opresión, conservatismo y persistencia en una ley de forma rígida de los oficios Divinos y las costumbres para todos. Y peor aún, un gran abismo se abrió entre la religión y la vida, alejándose la iglesia más y más de las necesidades espirituales de los hombres. Finalmente el lego devoto, asustado por las repercusiones mundiales del capitalismo y del nacionalismo, empezó a reclamar modificaciones en la iglesia.

El 31 de Octubre de 1517, fijó Martin Lutero, en la iglesia del castillo de Wittenberg en Alemania, las famosas 95 tesis, que se dirigían contra la venta de indulgencias papales. La población alemana se colocó ampliamente del lado de Lútero y provincias enteras se convirtieron de repente al credo protestante. Cuando Lútero falleció en el año 1546, su reforma se había extendido por todas partes en Alemania y más allá en Dinamarca, Noruega, Suecia, Letonia y en Estonia.

Una reforma más profunda tuvo lugar en Suiza, expuesta por Ulrico Zwingli. El recomendó volver al Nuevo Testamento como fuente de la verdad cristiana y persuadió a los habitantes de Zurich a alejar todas las imágenes y crucifijos y a terminar con el ritual de la iglesia católica.

En el sudeste de Suiza, Farel y Jean Calvin ganaron las simpatías de la ciudad de Ginebra para la Reforma. Calvin convirtió a los ciudadanos de Ginebra a una rectitud puritana. Además estableció un sistema de administración de la iglesia siguiendo el modelo de la primera iglesia cristiana y formó una junta directiva protestante mediante un sistema de enseñanzas.

John Knox, quien se encontraba en Ginebra, fue ampliamente influenciado por Calvin. Knox regresó a Escocia y presenció el gran triunfo de ver ratificado el "Credo, Declarado y Creído por los Protestantes" por el parlamento escocés.

Entretanto, la Reforma había alcanzado una fuerte posición similar en Inglaterra. El deseo personal de Enrique VIII, respecto de un cambio en su matrimonio, abrió el camino para la revolución religiosa tan ansiadamente esperada por la nación. El rey logró rápidamente el apoyo de la nobleza. Inglaterra permaneció desde entonces protestante.

Además de los movimientos nacionales de la Reforma, investigadores de la Sagrada Escritura en todas partes de Europa encontraron sus propios medios para lograr una rotura radical con la autoridad de la iglesia existente. Entre ellos se hallaban anabaptistas, unitarios y otros.

En el siglo XIV, John Wyclif tradujo la Biblia del latín al inglés. Durante la Reforma, Lutero tradujo la Sagrada Escritura al alemán. Por eso llegó la Biblia, que antes casi había sido accesible sólo a los sacerdotes de la iglesia católica, a las manos de la población sencilla en su misma lengua.

La Reforma protestante cambió la completa imagen religiosa de Europa y renovó la iglesia. La Palabra Divina le fue devuelta al pueblo. La Providencia referente a la Reforma fue el restablecimiento de la iglesia y el despertar de los hombres como preparación para la nueva Dispensa Divina, la segunda llegada del Señor.

El siglo XVIII se encontraba bajo el signo de la Ilustración, que representaba los ideales lógicos, liberales, humanísticos y científicos. Este movimiento penetró en todas las esferas de la vida: la religión, la literatura, el arte, la filosofía, la ciencia y organizaciones políticas, poniéndose de manifiesto en una multitud de formas en diferentes partes de Europa.

Durante la época de la Ilustración, tomó formas en Inglaterra una religión, el deísmo, que rechazaba una religión formal y revelaciones sobrenaturales. A causa de las leyes de hierro de un universo mecanizado, los deístas negaron todos los milagros y una Divina Providencia especial.

Entretanto, la teoría de la evolución de Darwin (el darwinismo) fue desplazando la teoría de la Creación. Ludwig Buchner y Ernst Haeckel abogaron por un materialismo mecanicista, en donde no había lugar para Dios. Además, el materialismo histórico de Marx y Engels ejerció una gran influencia en los espíritus de los hombres.

El pietismo en Alemania, bajo la dirección de Philipp Spener y Hermann Francke, y la comunidad bohemia, reanimaron el estudio de la Biblia y acentuaron la vida práctica de acuerdo con la Palabra Divina. Grandes movimientos renovadores se extendieron sobre Inglaterra y América, impulsados por Wesley, Whitefield y Jonathan Edwards. Las experiencias místicas de George Fox en Inglaterra y las grandes investigaciones espirituales de Emanuel Swedenborg, produjeron una creciente convicción de la presencia inmediata de Dios entre los hombres.

En el campo de la filosofía, abogaron Kant, Fichte, Hegel, Schelling y Schleiermacher, en el desarrollo de sus pensamientos filosóficos, por la superioridad de la religión cristiana.

Mientras Satanás movilizaba todos sus súbditos para la destrucción de la Dispensa Divina, Dios despertó los espíritus de los hombres mediante sus siervos y levantó la vida espiritual de esta época.

Entretanto sobrevino la revolución industrial en Inglaterra, la cual dio lugar a enormes cambios en la estructura económica, al pasar del sistema relativamente estable de la agricultura y del comercio, al del industrialismo moderno. Hasta aquel entonces, las máquinas habían sido construidas de madera y accionadas por fuerzas hidráulicas y el viento. En el siglo XVIII sobrevino la mecanización, usando la fuerza del vapor introducida por James Watt. La máquina de hilar y el telar mecánico fueron inventados e Inglaterra se convirtió en el centro mundial de la industria textil. Las minas de carbón y el uso del acero obtuvieron gran importancia. La repercusión de la industrialización fue mundial. Naciones enteras fueron reorganizadas por esta revolución industrial.

Por la Revolución Francesa que estalló en el año 1789, la monarquía fue desplazada y se fundó la primera república. La Revolución Francesa destruyó la antigua estructura política de Europa y preparó el camino para el liberalismo en el siglo XIX. La moderna democracia se desarrolló, fomentada ampliamente por los americanos puritanos.

El imperialismo se desarrolló en el oeste con el nacimiento de los modernos estados nacionales y la época de las exploraciones y descubrimientos. La soberanía europea, con su supuesta superioridad sobre la población indígena, fue introducida con violencia en las colonias. En sus esfuerzos por desarrollar sus comercios, los españoles, portugueses, ingleses y franceses establecieron reinos inmensos.

El siglo XIX fue una gran época protestante. Junto a otros movimientos, los dos desarrollos religiosos más importantes fueron la organización de misiones protestantes internacionales y la rápida expansión de las escuelas dominicales. La orden católica de los jesuitas ya había marcado hace largo tiempo el camino en las actividades misioneras. Al fundar los holandeses en el siglo XVII factorías en las Indias Orientales, animaron a los misioneros a seguirlos. La iglesia de Inglaterra se sintió responsable de los indios americanos y organizó una sociedad para la propagación del evangelio en Nueva Inglaterra. Los reinos europeos enviaron a las colonias misioneros de la iglesia cristiana. De este modo, el mismo imperialismo sirvió para promover la proclamación del evangelio en las partes más remotas del mundo. Los cuáqueros enviaron misioneros a las Indias Occidentales, Palestina y a varios países europeos. En el siglo XVIII, la comunidad bohemia dirigió misiones con gran energía.

La sociedad de los baptistas envió a William Carey a la India para la propagación del evangelio entre los paganos. En el año 1795 fue fundado el grupo interconfesional de la sociedad de misiones de Londres. Luego siguió el establecimiento de otras sociedades misioneras religiosas.

Para adaptarse a los esfuerzos británicos del aumento del mundo cristiano, fue fundado el "Consejo Americano de Comisiones" para misiones extranjeras, a lo cual siguió la creación de organizaciones semejantes en varias iglesias americanas. También en el continente europeo, fueron fundadas organizaciones similares en Dinamarca, Alemania, Francia y en Suiza.

Desde el establecimiento de la primera escuela dominical en Inglaterra, fundada en el año 1780 por Robert Raikes, este movimiento obtuvo gran importancia en la vida religiosa del siglo XIX. Este movimiento se extendió rápidamente sobre las Islas Británicas, Europa y Norte América. La asociación internacional de escuelas dominicales fue organizada en el año 1907.

Este movimiento misionero tuvo una viva influencia en las iglesias del mundo entero y la vida cristiana fue llevada a un nivel más alto. En los comienzos del siglo XX se puso de manifiesto, que el desarrollo de las relaciones internacionales cristianas entre todas civilizaciones y razas, había resultado muy ventajoso para la totalidad del mundo cristiano.

En este desarrollo de la situación mundial vemos, que los esfuerzos Divinos siempre fueron mantenidos en pie, con el fin de preparar los corazones y el ambiente de la humanidad para el acontecimiento cósmico: la segunda llegada del Señor.

 

 

CAPITULO XII

LA CONSUMACION DE LA PROVIDENCIA PARA LA REHABILITACION

CUARENTA AÑOS DE LA INDEMNIZACION UNIVERSAL

Los 40 años más o menos desde la primera guerra mundial, fueron caóticos como nunca antes en la historia; y eso, por una razón muy especial. Este periodo, de más o menos 40 años de grandes brutalidades y agitaciones mundiales, representa un resumen de los 400 años después de la Reforma protestante y Le sirve al mismo tiempo a Dios como indemnización de 6000 años de historia de la Providencia Divina respecto de la rehabilitación.

A causa de esta indemnización que los hombres ofrecieron a Dios y que alcanzó su punto culminante en el año 1960 mediante un importante acontecimiento, por el cual ahora el bien se encuentra para siempre en aumento, el hombre tiene, en esta nueva época de la Consumación del Testamento y por primera vez en la historia, la posibilidad de alcanzar la perfección física y espiritual.

Desde la Creación hasta hace algunos años, se produjeron dos acontecimientos cósmicos: la creación de Adán y el nacimiento de Jesús. Como estos dos hombres elegidos por Dios no pudieron cumplir sus misiones, otro acontecimiento cósmico fue necesario, a saber, la segunda llegada de Cristo. El segundo Salvador tiene como deber la realización de aquella misión en la cual Adán había fracasado y cumplir lo que Jesús dejó incompleto, o sea, la realización total de la Divina Providencia para la rehabilitación.

Ya que los 40 años desde la primera guerra mundial fueron una indemnización para toda la historia humana, los acontecimientos mundiales de esta época se encontraron en inmediata conexión con la Dispensa de la segunda llegada. Todas las conquistas de las potencias justas en este periodo son por eso consideradas como parte de la consumación de esta Dispensa.

EL SIGNIFICADO DE LAS GUERRAS MUNDIALES EN RELACION CON LA PROVIDENCIA

Las últimas cuatro décadas fueron señaladas por tres grandes acontecimientos mundiales: dos guerras mundiales y el aumento amenazador del régimen comunista de la Unión Soviética. Contemplemos ahora el significado de estos tres acontecimientos en relación con la segunda llegada del Señor.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: El verdadero motivo de este conflicto fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y Hungría por un nacionalista serbio. Como consecuencia inmediata, se vieron los aliados envueltos en un conflicto general con las Potencias Centrales. Los Aliados representaban las potencias que luchaban contra el mal; las Potencias Centrales, las que luchaban del lado de Satanás.

La ambición de Guillermo II de Alemania, después de haber subido al trono, fue la expansión de su dominio desde Alemania hasta Europa y el mundo entero. Esto provocó el comienzo de la primera guerra mundial. Con la derrota de las Potencias Centrales, los Aliados hicieron fracasar los planes de Guillermo II.

La ilusión de Guillermo II de reinar sobre el mundo entero fue todo lo contrario del mundo del Edén, que Adán debía haber erigido según el proyecto Divino. Con la derrota de Guillermo II por las potencias contrarias a Satanás (los Aliados), Dios fue indemnizado y el fracaso de Adán fue vengado en Satanás. Otros proyectos similares para dominar el mundo ya los ha habido antes; pero los esfuerzos de Guillermo II recibieron un significado simbólico especial, por la época en la cual tuvieron lugar.

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: La política agresiva de las Potencias Centrales provocó los acontecimientos políticos que siguieron a la segunda guerra mundial. Hitler, con su nacional-socialismo, creyó haber establecido el "Reino de los Mil Años" y que por eso debía de gobernar sobre las otras razas, que él consideraba inferiores. Sin embargo, Alemania no logró conquistar el mundo. El afán de Hitler de dominar el mundo bajo principios satánicos, representaba simbólicamente el mundo contrario al de Dios, que Jesús debía haber erigido. Con la derrota de Hitler se logró una indemnización y la misión incompleta de Jesús fue vengada en Satanás.

Así como Jesús tuvo que confrontar en el desierto tres tentaciones, la humanidad tendrá que pasar en la última etapa de la Providencia Divina por tres pruebas mundiales trascendentales. Los israelitas erraron 40 años por el desierto antes de entrar en Canaán. Los 40 años después de la primera guerra mundial equivalen a la estancia en el desierto de la humanidad entera, que se encuentra ante la entrada inmediata en el Canaán universal. Naciones enteras sufren hoy de hambre, temor, inseguridad física y espiritual, así como tuvieron que sufrir los israelitas bajo estas cosas en el desierto. Y por todas partes se ve confusión y caos.

A pesar de todo, el Canaán universal ya se encuentra cerca y las plagas del desierto universal llegarán pronto a su fin. Los corderos de Dios oirán Su voz incluso en el caos y las vírgenes prudentes sabrán de la llegada de Su prometido incluso a medianoche (Mateo 25, 1-13).

Nosotros vivimos, hoy en día, en la época de la Consumación del Testamento, en una era grandiosa, aunque muchas personas crean lo contrario, en vista del tumulto mundial, las crisis internacionales y el caos. Aquellos que estén alerta, podrán ver el comienzo del nuevo día.

¿QUE NACION SERA ELEGIDA PARA LA CONSUMACION DE LA VOLUNTAD DIVINA? EL VERDADERO ISRAEL

En este libro ya hemos señalado que la nueva época ha comenzado y que la segunda llegada será hecha realidad en nuestros tiempos, no por Jesús, sino por otra persona. ¿De qué parte del mundo y de qué nación ha llegado el segundo Salvador?

Dios no nombra jamás por segunda vez para ninguna misión a la misma persona o personas que se hayan rebelado en vez anterior contra El, uniéndose a Satanás. Cuando los judíos rechazaron a Jesús, Dios les retiró para siempre el privilegio de ser su pueblo elegido para la Dispensa de la segunda llegada. Jesús lo indicó claramente, con la parábola de los malos labradores:

Por eso os digo que os será quitado a vosotros el reino de Dios, y dado a gentes que rindan frutos (Mt. 21, 43).

Cuando Jacob venció al ángel en la lucha, recibió un nuevo nombre: Israel. Desde entonces, el nombre "Israel" señalaba a la nación que había triunfado con la fe. El nombre "Israel" no se refiere precisamente a los descendientes carnales de Abraham y Jacob. Juan Bautista dijo asimismo: "Y dejaos de decir interiormente: tenemos por padre a Abraham; porque yo os digo que poderoso es Dios para hacer que nazcan de estas mismas piedras hijos a Abraham" (Mt. 3,9).

Aun San Pablo, siendo él mismo judío, testificó que los judíos dejaron de ser el verdadero Israel:

No todos los descendientes de Israel son israelitas; ni todos los que son linaje de Abraham son por eso hijos, sino que: Por Isaac se contará tu descendencia (Rom. 9, 6-7).

Eso significa que los hijos carnales no son necesariamente hijos de Dios, sino que los hijos de la Promisión serán considerados como descendientes.

Su caída ha venido a ser salud para los gentiles, a fin de que los excite la emulación (Rom. 11, 11).

Entonces Pablo y Bernabé con gran entereza, les dijeron: A vosotros debía ser primeramente anunciada la palabra de Dios; mas ya que la rechazáis y os juzgáis vosotros mismos indignos de la vida eterna, de hoy en adelante nos vamos a los gentiles (Hch. 13, 46).

Esta claro ahora, que la preferencia y la bendición de ser el pueblo elegido por Dios para la realización de la Providencia, fueron transferidas a los gentiles. Por eso se convirtieron los cristianos, que aceptaron a Jesús como el Salvador y sirvieron fielmente a Dios, en el segundo Israel o en el Israel espiritual, y así, en el instrumento directo de la Dispensa en la era del Nuevo Testamento.

La era del Nuevo Testamento tocó a su fin y la Dispensa de la era de la Consumación del Testamento ha comenzado. Para la realización de la Dispensa del Testamento Consumado, Dios ha de elegir un tercer Israel entre las naciones cristianas del mundo. Investigaremos ahora, qué nación será elegida para el cumplimiento de la segunda llegada del Señor.

VIENE DEL ORIENTE

Está escrito en la Apocalipsis:

Luego vi subir del oriente a otro ángel, que tenía la marca del Dios viviente, y gritó con voz sonora a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis mal a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta tanto que pongamos la señal en la frente a los siervos de nuestro Dios. Oí también el número de los señalados, que eran ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israel (Ap. 7, 2-4).

Según este pasaje, vendrá aquel que tiene la marca del Dios viviente, del oriente, aun cuando algunas personas opinen que este pasaje debería ser interpretado simbólicamente y no verbalmente.

Jesús y los demás grandes fundadores de religiones llegaron del oriente. Si comparamos las conquistas culturales y cientificas, las inclinaciones filosóficas y los conceptos religiosos de los orientales y de los habitantes del occidente, comprobamos lo siguiente: los habitantes del occidente averiguan verdades científicas por medio de explicaciones lógicas, mientras que los orientales están preparados para reconocer la verdad mediante contemplaciones interiores, y es más, sin depender absolutamente de explicaciones lógicas. Los habitantes del occidente progresaron, por lo tanto, en el campo del razonamiento lógico, mientras que los orientales registraron adelantos en el de la metafísica intuitiva. Por esta razón principalmente, todas las grandes religiones han tenido su origen en el oriente.

El Señor de la nueva era, el segundo Salvador, aparecerá también en el oriente. Aquel que tiene la marca del Dios viviente vendrá por lo tanto del oriente. Esto fue asegurado repetidas veces mediante revelaciones, desde hace ya muchos años.

LAS CONDICIONES PREVIAS PARA LA NACION ELEGIDA

¿Qué nación en el oriente será pues la elegida?

Desde la caída del hombre, Dios no ha visto realizado el ideal Divino de la Creación. Por eso, El aún no ha sido liberado del pesar Divino y no ha podido descansar en el trabajo incesante relacionado con la rehabilitación. Mientras Dios vea a la humanidad rebelarse y el cumplimiento de Su voluntad retardado, seguirá sintiendo un gran pesar en Su corazón.

A causa de la gran rebeldía de la humanidad, han tenido que soportar los patriarcas, jueces y profetas de la era del Antiguo Testamento, así como Jesús y sus fieles sucesores, penas, persecuciones y calumnias. Mientras Dios no descanse, sus siervos tampoco podrán descansar. Hasta que El triunfe, su pueblo no podrá ser feliz.

Esto indica, que el pueblo elegido por Dios para la consumación de la última Dispensa, deberá ser una nación que, mediante penas y persecuciones inmerecidas, haya sido puesta a prueba durante un largo tiempo en su historia. En los últimos días, las penas de los habitantes de esta nación serán más intensas y mucha sangre será vertida. Como estos hombres tienen una misión tan importante que cumplir, a ellos pertenecerá el interés especial de Dios y Su amor sublime. Por eso, ellos serán los más odiados por Satanás, quien los atormentará con todos los medios que tenga a su disposición.

Esta nación elegida, deberá estar, en su historia, libre del pecado de la agresión, como lo estaban los Judíos, quienes nunca provocaron una guerra por agresión, sino que fueron atacados varias veces por otras naciones.

Todas las grandes culturas se desarrollaron sobre el fundamento de una filosofía religiosa. El historiador inglés Arnold J. Toynbee, presentó la tesis según la cual, la cultura occidental se basó en el cristianismo occidental, lo que mirado de cerca, no era otra cosa que una fusión del cristianismo antiguo y de la filosofía griega. A causa de la marcada decadencia del cristianismo en el mundo occidental, el progreso de la cultura occidental ha llegado, por buenas o por malas, a su final. Una nueva cultura será por lo tanto necesaria, antes de que podamos seguir progresando. Una nueva religión, que puede servir como base para la construcción de una nueva cultura, sería justamente, una fusión del cristianismo y de las grandes filosofías orientales. Con esta nueva religión se lograría una nueva esperanza para la humanidad y quedaría establecida una base para el desarrollo de una nueva cultura.

Las grandes religiones no cristianas han preparado el camino para la última Dispensa Divina, para lo cual han estado favoreciendo el crecimiento espiritual de los hombree en varias partes del mundo. Esto ha sido mencionado más ampliamente en el capitulo VI. La misión del Señor de la nueva era es unificar las ideologías y religiones, lo que llevará a la unificación del mundo entero. Por consiguiente, el segundo Salvador tendrá que cumplir no sólo el objetivo del cristianismo, sino también el de las otras grandes religiones, incluyendo las grandes filosofías orientales. La predicción del profesor Toynbee es correcta y su realización se cumplirá. Por lo tanto es evidente, que en la nación elegida para la última Dispensa debe estar representado vigorosamente, no sólo el cristianismo, sino también las demás grandes religiones orientales.

Esta nación debe ser un estado independiente, del mismo modo que Israel que, en todos sus apuros, nunca perdió del todo su independencia. De otro modo, este estado no sería apto para ser la nación elegida y no podría servir de base para la consumación de la Dispensa Divina.

Para ser elegido como el altar del mundo, este país deberá ser una representación simbólica del mundo entero, que hoy se halla dividido entre Caín y Abel. Esta nación elegida deberá por lo tanto estar dividida en dos zonas, simbolizando a Caín y Abel. Para ser aceptada por Dios como la nación elegida, en este país Caín deberá ser primeramente sometido por Abel.

El establecimiento del reino de Dios y la destrucción del dominio satánico acontecerá primero en ese país, para luego extenderse sobre todo el mundo. Los habitantes de este país serán los primeros en experimentar la gran alegría del reino de los cielos sobre la tierra; mas antes deberán sufrir grandes pobrezas, miserias y caos, a causa de la inmensa fuerza del conflicto entre el bien y el mal en este umbral de la nueva era.

Aquí ocupará Satanás su última posición, donde librará su última lucha. La completa sumisión de Satanás es inminente y su derrota segura. Por eso Satanás moviliza todas las fuerzas a su disposición, para una última lucha desesperada por la conservación del dominio sobre este mundo. Por este motivo, la atención de todo el mundo está concentrada inconscientemente en esta región, en la línea de combate de la lucha decisiva entre las fuerzas del mal y del bien sobre esta tierra.

LA CAPACIDAD DEL NUEVO SALVADOR

¿Cómo reconocemos nosotros al nuevo Salvador como el verdadero Cristo y cómo podemos distinguirlo de precursores u otras personas con pretensiones a este título?

El Señor de la segunda llegada será aquel que haya sometido completamente a Satanás. Para esta sumisión, él tendrá que descubrir el crimen oculto de Satanás. Mediante la acusación de Satanás ante Dios, el segundo Salvador podrá restituir el dominio de este mundo a Dios. Esta es la capacidad más importante del Señor de la nueva era. A aquel que cumpla esta misión, Dios entregará el dominio sobre el cielo y la tierra.

Este segundo Cristo llevará a cabo la consumación del Antiguo y del Nuevo Testamento, no sólo simbólicamente, sino también realmente. Es decir, todas las promesas y profecías deberán ser hechas realidad, no solo espiritualmente, sino también físicamente. De esta manera, el mundo podrá vivir la consumación del cristianismo y de otras religiones predominantes mediante el oficio espiritual del segundo Salvador.

El segundo Redentor, que consumará la Divina Providencia de la rehabilitación, anunciará y ejecutará el plan para el establecimiento del nuevo mundo. La era dorada, con la cual los hombres del pasado sólo han podido soñar, irrumpirá en nuestros tiempos sobre la tierra.

Por ser él, el elegido de Dios, y por estar cumpliendo en estos momentos la misión Divina, Dios lo dará a conocer a su pueblo mediante revelaciones. Además, Jesús y, en forma creciente también el mundo espiritual, darán testimonio para el nuevo soberano.

Cuando haya cumplido su misión y cuando Dios declare que él será el Señor de la nueva era, entonces los hombres deberán seguirle.

El es aquel que causó el importante acontecimiento del año 1960 mediante la acusación y la sumisión de Satanás y quien dirige el eje espiritual del mundo firmemente, en la dirección del bien eterno. Dios siempre ha estado buscando al hombre que cumpliría esto.

El nuevo Salvador trae al mundo el Testamento Consumado, que es el cetro de hierro anunciado, con el cual será juzgado hoy el mundo entero. El Testamento Consumado es la llave para el reino de Dios.

No es suficiente haber sido elegido para esta misión especial. Esta persona debe también realizar efectivamente su misión. Jesús, por ejemplo, no pudo cumplir su misión a pesar de haber sido elegido para la misma. Realizando su oficio espiritual, el nuevo soberano será reconocido más y más por los hombres del mundo entero.

Es evidente que el soberano del nuevo mundo no será elegido por los hombres, sino que él será nombrado por Dios, luego de haber cumplido todas las condiciones impuestas por El.

La nueva era ya ha comenzado. El soberano del nuevo mundo reinará sobre el cielo y la tierra con amor paternal y con la sabiduría y el poder Divino. Su reino durará eternamente.